diciembre 2020 - IV Año

LETRAS

Valente, sin aditivos

Con motivo de diversos homenajes previstos a la figura y obra de José Ángel Valente en Madrid, Alcalá de Henares, Rivas Vaciamadrid y San Lorenzo de El Escorial la revista Entreletras ha publicado los artículos de Félix Recio, Antonio Chazarra y Manuel Espín elaborados a partir de las intervenciones de estos autores en los homenajes mencionados.

valente12Su nombre no figura en muchas calles, su presencia en el imaginario público no alcanza el nivel de otros poetas del siglo, su reconocimiento social es inferior –no así dentro de la ‘República de las Letras’- pero la figura de José Ángel Valente es importantísima, por encima de los premios que recibió a lo largo de su carrera: Adonais (1954), de la Crítica (1961), Príncipe de Asturias (1986), Nacional de Poesía (1993 y 2001)… Valente pertenece a una generación de poetas españoles cosmopolitas – y en un principio no por causas forzadas como lo fuera Juan Ramón Jiménez a causa de la guerra civil, o del oscurantismo de la sociedad franquista como Blas de Otero-, que también se vio forzado a un sorprendente exilio. Residió en Galicia, Oxford, Madrid, Ginebra, París y Almería, entre otras cuestiones por su trabajo en Suiza como funcionario de Naciones Unidas, y su dominio de los idiomas. Este era también el sino de su grupo cultural de referencia: los niños o pre-adolescentes cuando la guerra incivil, el llamado ‘grupo poético de los 50’. Un tramo vinculado a personajes de la joven inteligencia cultural de la época, de aspiración cosmopolita, de Gil de Biedma a Goytisolo, de Carmen Martín Gaite a Aldecoa pasando por Martin Santos y muchos más. Valente escribe una poesía de honda expresión y sentimiento, de una sucinta construcción impecable, muy cercana a formas poéticas que se estaban haciendo en la posguerra europea. En ese momento gana premios tan importantes como el Adonais, adquiere prestigio entre un grupo de ‘gourmets’ de la poesía y de la literatura. Aparece como un ‘poeta puro’, casi sin ‘apellidos’, como lo fuera Juan Ramón. Obsesionado por el lenguaje no instrumental.

valente 14Mediados los 60, Valente da un giro a su vida y a su obra poética. El discurso público de esa época, el ‘desarrollismo’, es material: los datos de producción y de consumo sustituyen en los índices de bienestar social a las relaciones interpersonales, los sentimientos…Los dictadores tanto como los políticos elegidos a través de las urnas, hablan solo de datos económicos. Hasta Franco aparece en los mensajes televisados de Navidad ofreciendo cifras y estadísticas sobre producción y consumo de automóviles, lavadoras o televisores; como lo haría un jefe de ventas en una convención de distribuidores. Valente rechaza esas formas de nuevo materialismo acrítico y se refugia en una lírica basada en la persona: ¿de dónde venimos?, ¿somos un eslabón vacío entre la nada y la nada? Pone sus ojos en otras culturas de mundos antiguos: el judaísmo de la cábala, el sufismo, el budismo… Contemplados desde una perspectiva original: a) aparecen despojados del elemento ‘folklórico’ y del ‘exotismo superficial’. Y b) se desvinculan de los elementos religiosos. No hay dogmas, no hay adoración a figuras personalizadas o a profetas, no hay creencia en clave ciega… Tampoco aparecen los nombres de los dioses, o las divinidades. Solo hay una expresión de mística pura donde se entrecruzan los sentimientos que alcanzan de manera transversal a orígenes anclados en formas lejanas y compartidas por civilizaciones muy distintas. Valente llega a ellas sin caer en la impostación o el ‘kitchs’, sin necesidad de viajar a la India como los Beatles para conocer a ‘maharishi’ alguno…

valenrte 16Es la mística que ha arrinconado la sociedad industrial de la época. En una línea muy débil pero constante que pasa por la antigüedad, transita por líricos de la Edad Media y el Renacimiento, estalla en Teresa de Jesús o en Juan de la Cruz, en los grandes de la mística, y se refleja en una larga trayectoria pictórica de fascinación hacia ese mundo interior que en ocasiones logra trascender hacia el exterior. Ese es Valente del ‘esencialismo lírico’, el del acercamiento a una trascendencia que no está ligada a las creencias ni a la fe, y va más allá en la percepción de aquello que no siempre puede explicarse ni ser comunicado. Un mundo de sentimientos y de percepciones sin dogmas, sin mandamientos… Que gira de forma fascinante en una obra poética generada desde la profundidad del ‘yo’ más íntimo.

Valente tiene una cercanía a la plástica. Adora a El Bosco y a otros maestros, y se vincula a creadores de su tiempo. Entre ellos Antonio Saura o Tapies, sobre los que escribe textos, como hace con otros artistas de la imagen.

Sin embargo, nadie se libra de vivir con los pies en la tierra. Y en 1972 el poeta ha de aterrizar en el más desagradable de los terrenos. Nada menos que un consejo de guerra militar por un relato, ‘El uniforme del general’, publicado un año atrás en Las Palmas de Gran Canaria, donde los censores han querido ver un ‘ofensivo atentado contra el Ejército’, una ‘crítica a los valores militares’, ‘un menosprecio a la clase más alta de las Fuerzas Armadas’, en un tiempo en el que la dictadura sigue poniendo a las instituciones a su servicio y no al de todos los españoles. ´Lo escribió tras su primer viaje (premonitorio) a Almería, donde escuchó hablar del general Saliquet en la guerra civil. Le atribuyen esa ofensa por escribir entre otras cosas que el militar ‘parecía un domador de circo’.

valente20Valente que reside en Ginebra por su trabajo en la ONU se expone a la rudeza de un banquillo y a la cárcel. Es un exilado legal, sin pasaporte, con amenazas de detención y avisos públicos que escandalizan a su familia natal en Galicia, a sus amigos, a sus lectores… Durante un tiempo no podrá volver a España, siempre bajo la amenaza de ser detenido y deportado, hasta que la Transición empieza a generar un orden menos represivo… El cuento no vuelve a publicarse en España hasta la década de los 90.

El poeta que se hacía preguntas sobre el misterio de la existencia, un Valente sin mixtificación, con un texto de perfección técnica esperó a la década siguiente para volver a ser reconocido como una de las voces poéticas fundamentales del siglo.

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