febrero de 2026

‘Didaskalikós (enseñanzas de las doctrinas de Platón)’, de Alcínoo

Didaskalikós (enseñanzas de las doctrinas de Platón) (Edición bilingüe)
Alcínoo
Edición de Tomás Rodríguez Hevia
UAM Ediciones, 2026
Páginas: 163

LIBROS: NUEVA EDICIÓN DEL DIDASKALIKÓS DE ALCÍNOO

La aparición de una reedición de un texto clásico es siempre motivo de satisfacción. Los clásicos nunca se agotan. En esta ocasión de trata del Didaskalikós (enseñanza de las doctrinas de Platón), de Alcínoo, en una muy cuidada edición de la Universidad Autónoma de Madrid, preparada por el Profesor Tomás Rodríguez Hevia, que acompaña al texto clásico con un magnífico estudio introductorio. Fue Alcínoo (siglo II D. de C.), también conocido por Alcino, un autor típico del denominado platonismo medio, que lo redactó con el propósito de que sirviese de manual para educadores que impartiesen el platonismo a sus alumnos.

Pero la importancia de este texto no está sólo en ese carácter eminentemente pedagógico de la obra, que es de gran interés por su sistematización del platonismo, sino en su trascendencia para la configuración del neoplatonismo que dominaría la filosofía en los años finales del Imperio Romano, entre los siglos III y VI, cuyo autor más relevante fue Plotino (205-270) y, por esta vía, también orientó del primer pensamiento cristiano. Proclo (412-485), seguidor de las doctrinas de Plotino, ejercería influencia directa sobre San Agustín (354-430). Pero la incorporación de la filosofía greco-latina al cristianismo no se inició entonces, pues ya contaba con importantes precedentes en la patrística cristiana de los primeros siglos de nuestra era.

El proceso de acercamiento, primero, y de asimilación del pensamiento greco-latino por el cristianismo fue lento, pero gradual y progresivamente mayor. Se tardaron más de trescientos años hasta alcanzar las primeras cimas del pensamiento cristiano con San Agustín. En ese proceso la patrística cristiana inició la asimilación con figuras como Orígenes de Alejandría (184-c. 253), o Eusebio de Cesarea (263-339), que comenzaron esa aproximación siguiendo los textos y las tesis de Filón de Alejandría (20 a.C.-50 d.C.), judío helenizado que intentó interpretar las ideas contenidas en las escrituras sagradas hebraicas a la luz de la filosofía greco-latina.

La recepción de la filosofía clásica por el cristianismo

Se realizó, como se ha dicho. a través de la obra de judíos helenizados, como Filón, el pensador que hizo posible que el judaísmo hablase el lenguaje de la filosofía griega. Judío devoto, su obra fue también la vía de acceso de los primeros cristianos a un pensamiento que permitía explicar intelectualmente su fe al mundo. Sin Filón, el cristianismo primitivo habría tenido un desarrollo teológico muy distinto. Y no solo por su “concepto de logos” (el verbo, la palabra) que Filón tomó del concepto griego de “Logos” (razón universal), y al que instituyó en el mediador entre un Dios trascendente y el mundo material. Para Filón, el Logos es la expresión de Dios, pero no es Dios mismo ni un ser humano. Mas San Juan, en su Evangelio, tomó ese mismo término dándole un giro radical: «Y el Logos se hizo carne» (Juan 1:14). El cristianismo utilizó la estructura intelectual de Filón para explicar la divinidad de Jesús.

Filón creía que la Biblia (el Pentateuco) tenía dos niveles: el literal y el espiritual o profundo. Si un pasaje de la ley parecía absurdo o contradictorio, Filón aplicaba la alegoría para encontrarle el sentido de una verdad filosófica. Los Padres de la Iglesia (como Orígenes y San Agustín) adoptaron este método para interpretar también el Antiguo Testamento. Esto permitió a los cristianos mantener las escrituras judías, pero «re-interpretadas», para que se refirieran proféticamente a Cristo. Filón mantenía que Dios es tan puro y elevado que la mente humana no puede comprenderlo directamente. Esta idea de la trascendencia divina influyó profundamente en la mística cristiana y en la teología negativa (definir a Dios por lo que no es).

La tradición judía olvidó a Filón durante siglos, pero el cristianismo lo preservó. Para la Iglesia, Filón legaría a ser casi un «cristiano honorario» porque sus herramientas intelectuales ayudaron a definir dogmas centrales como la Trinidad y la naturaleza de Cristo. En la biblioteca de Cesarea, los eruditos cristianos cuidaron los textos de Filón y se conoce su obra gracias a ellos y no, desde luego, a las fuentes judías de su época. Aunque constituyó el puente para el acceso del cristianismo a la filosofía, hay divisorias claras con éste. Una está en la idea de la Encarnación, pues, para Filón, la idea de que el Logos se convirtiera en un hombre de carne y hueso (Jesús) habría sido filosóficamente inadmisible. Y otra fue la observancia estricta de la Ley mosaica, algo que el cristianismo comenzó a flexibilizar por la presión al efecto de San Pablo.

Alcínoo y su obra

Alcínoo escribió un auténtico manual de platonismo, el libro Didaskalikós, objeto de esta reseña. Su obra no fue para nada innovadora, sino de ordenación y sistematización. Si Platón fue el poeta de las ideas, Alcínoo fue el bibliotecario que puso todo el contenido del platonismo en estanterías debidamente etiquetadas y fichadas. Alcínoo moldeó el legado de Platón, en todas materias, Por ejemplo, transformó las Ideas abstractas del “mundo de las ideas” de Platón en «Pensamientos de Dios».

Esta es seguramente la variación más importante entre el Platón original y el de Alcínoo. Para el viejo Platón, las Ideas (formas) eran entidades abstractas e independientes que existían en el «mundo de las ideas», pero Alcínoo las reinterpretó como los contenidos mentales de Dios. Las Ideas son el plan que Dios tiene en su cabeza antes de crear el mundo. Esta visión pasaría directamente al pensamiento cristiano a través de San Agustín.

La importancia de Alcínoo y su obra para la posteridad, e incluso actualmente, está en que fue él quien, en su Didaskalikós, convirtió la filosofía griega en una estructura que podía ser asimilada y asumida por una religión monoteísta. En realidad, su obra representa el eslabón que permite enlazar la filosofía antigua con la filosofía medieval y, después, con la filosofía moderna. Sin la sistematización sobre el platonismo efectuada por Alcínoo es muy probable que el cristianismo y la filosofía medieval no hubiesen podido entender a Platón, ni a Aristóteles y a toda la tradición del pensamiento y filosofía greco-latinos. Y la teología cristiana hubiese tomado otros derroteros muy diferentes también. Esa es realmente su importancia.

Como al comienzo se mencionó, acompaña a la publicación un magnífico y esclarecedor estudio introductorio, a cargo del responsable de la edición, el Profesor Tomás Rodríguez Hevia, que facilita el acceso al texto del Didaskalikós y a su cabal comprensión. No solo encuadra a la obra y al autor en su época, sino que realiza una excelente explicación de la obra de Alcínoo y de su alta importancia en la Historia de la Filosofía, pese al olvido en que ha caído su nombre actualmente.

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