marzo de 2026

El libro y sus títulos

Viñeta de Eugenio Rivera

Hay libros, grandes obras de la literatura universal, que no son conocidos por sus títulos originales sino por una palabra, a lo sumo dos, sacada de ese título; esto se debe a que la longitud de dicho título es tan extensa que en su exitosa difusión y en los debates que en torno a ellos se han producido a lo largo de los años se ha preferido siempre, por una mera cuestión de agilidad discursiva, acortar el título a lo máximo posible. Esta costumbre de poner títulos largos fue muy utilizada, y apreciada, en todo el mundo hasta principios del siglo XIX, quizá porque en esos tiempos todo se hacía con una tranquilidad que ahora no se estila, y porque la lectura era un ejercicio de paciencia a la par que de disfrute. Veamos unos cuantos ejemplos que, seguro, están en la mente de todos: UNA MODESTA PROPOSICIÓN, de Jonathan Swift (1667-1745), es sarcástica obra, cargada de mala leche, que se publicó originalmente con el título de UNA MODESTA PROPOSICIÓN PARA EVITAR QUE LOS HIJOS DE IRLANDA SEAN UNA CARGA PARA SUS PADRES O SU PAIS Y PARA HACERLOS UTILES AL PUEBLO, título que es una auténtica sinopsis de la obra y que nos induce rápidamente a introducirnos en su lectura para desvelar el misterio de que “modesta proposición” se trata; desde luego, una vez enfrascados en su lectura, no nos sentiremos defraudados. El famoso y genial libro de Daniel Defoe (1660-1731), ROBINSÓN CRUSOE, tenía como título original cuando se publicó en Inglaterra, LA VIDA Y LAS EXTRAÑAS Y SORPRENDENTES AVENTURAS DE ROBINSÓN CRUSOE DE YORK, MARINO; todos sabemos de sobra cuáles son esas extrañas y sorprendentes aventuras, pues a este singular personaje lo conocen hasta aquellos que no le han leído. Otros ejemplos de libro clásico que dejó su título completo fuera de las portadas de sus ediciones más recientes son: TRISTRAM SHANDY, de Laurence Sterne (1713-1768), novela extravagante, como la descalificó el doctor Samuel Johnson, aunque para Schopenhauer era una de las mejores de la historia de la literatura, tenía por título original LA VIDA Y LAS OPINIONES DEL CABALLERO TRISTRAM SHANDY; en nuestro país ésta obra podría emparentarse perfectamente con la novela picaresca. Voltaire (1694-1778) publicó ese maravilloso libro que siempre hemos denominado CANDIDO, bajo el título original de CANDIDO, O EL OPTIMISMO, título más bien escueto, pero que a pesar de ello siempre, a la hora de nombrarlo, se ha omitido EL OPTIMISMO y eso que es fundamental para definir el espíritu crítico de la obra; una obra donde Voltaire arremete de forma despiadada contra todos aquellos optimistas que creen vivir, a pesar de las guerras, las injusticias sociales y los desastres naturales, en el mejor mundo posible según la teoría formulada por Leibniz. Y por último, muchos lo estarán pensando, es obligatorio citar nuestra gran obra universal, EL QUIJOTE; así, con solo estas dos palabras, ha pasado a la historia de la literatura universal esta novela de la que ya poco queda por decir. Es de sobra conocido que el título original que le dio Miguel de Cervantes (1547-1616) fue EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIXOTE DE LA MANCHA, pero las ediciones posteriores lo fueron dejando en DON QUIJOTE DE LA MANCHA, para terminar siendo nombrado por todo el mundo, como he dicho antes, como EL QUIJOTE.

Pero en el proceloso mundo de los títulos existen dos casos en los que el deseo del autor ha fracasado, quiero decir que los títulos de esos libros han pasado a la historia no como los pensó su autor sino como los editores o los albaceas han considerado que debían titularse. Esta ladina maniobra, a pesar de ser sobradamente “denunciada” en ensayos posteriores, ha triunfado de tal manera que parece que ya no hay vuelta atrás que posibilite hacer justicia al libro y a su autor. Me estoy refiriendo a LA DIVINA COMEDIA de Dante Alighieri; y a LA METAMORFOSIS de Franz Kafka.

La última edición de LA DIVINA COMEDIA aparecida en España es la realizada por el poeta y ensayista José María Micó y publicada en 2018 por la editorial Acantilado. Bajo mi modesta opinión creo que es la mejor traducción que se ha realizado al español de esta obra universal; nunca antes había disfrutado tanto de esta obra. Pues bien, por primera vez la obra se ha publicado bajo el título de COMEDIA, sin Divina, o La Divina, y la razón nos la da José María Micó en el prólogo: “…lo importante ahora es precisar que el único título fidedigno para el conjunto de la obra es el configurado por una sola palabra: “Comedia”. El epíteto “Divina” es ajeno al autor. Giovanni Boccaccio, replicando el entusiasmo de Estacio ante la “Eneida” de Virgilio, no dudó en definir la creación dantesca como “divina”, y el calificativo acabó incorporándolo al título, con todos los honores, a partir de la edición veneciana cuidada por Ludovico Dolce e impresa por Gabriele Giolito en 1555, convirtiéndose después en habitual”. ¿Qué hubiera pensado Dante al saber que a su “Comedia” le habían antepuesto en el título la palabra “Divina”? ¿Le hubiera parecido pretencioso? ¿Quizá ponerle a la altura de Dios lo hubiera considerado sacrílego? Lo que está claro es que alguien que escribe una obra maestra de la literatura universal no está libre, con el paso del tiempo, de que los numerosos, y merecidos elogios que recibe, y los caprichosos gustos de los editores intentando realzar más de la cuenta la obra con el fin de aumentar las ventas, puedan llegar a modificar algo que, es seguro, el autor dejó como intocable cuando lo escribió.

Otra caso curioso, en este sentido, es la conocida novela de Franz Kafka, LA METAMORFOSIS. Las peripecias de Gregor Samsa al convertirse en un monstruoso insecto son hoy en día editadas de forma general bajo el título de “La Metamorfosis”, pero después de la muerte del autor (1924) fueron muchos los estudiosos de la obra kafkiana que decidieron que el título correcto era LA TRANSFORMACIÓN. Así lo cuenta Jordi Llovet, responsable de la impresionante edición española de las obras completas de Kafka para la editorial Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg: “Metamorfosis” y “Transformación” son exactamente lo mismo: la primera es voz de raíces griegas, y la segunda, de raíces latinas. Kafka pudo llamar a su narración “Die Metamorphose”, pero prefirió llamar a su cuento “Die Verwandlung”, que es una palabra del más corriente alemán, como ya advirtió Jorge Luis Borges.

La razón por la que se impuso el título por el que hoy es conocida la obra se debe, según Llovet, al éxito que tuvo una mala traducción francesa de la primera mitad del pasado siglo: … por la pésima traducción de Vialatte al francés (La Métamorphose), pasaron a llamarla Metamorphosis, a veces con artículo, a veces sin él. Sin embargo, las aguas volvieron al cauce de la razón a partir de que, continua Jordi Llovet: Malcolm Pasley, que fue ni más ni menos que miembro del comité de redacción de la más solvente edición crítica de las obras de Kafka en lengua original, promocionó una nueva traducción al inglés del relato, con el título The Transformation, como ya señalé en el aparato crítico de mi edición citada.

Pues bien, aclarado cual es el título que dio Kafka a su mítica novela, siguiendo las directrices de los expertos en su obra, solo queda preguntarnos: ¿Alguien se atreve a ir a una librería y decir con toda naturalidad: Deseo la obra La Transformación, de Franz Kafka?  Puede que con la misma naturalidad, aunque con gesto de extrañeza, el dependiente le conteste: No conozco esa obra de Kafka… o quizá no. Prueben.

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