La persona singular: una brújula para tiempos turbulentos
Gustavo Morales Alonso y José Francisco Morales Domínguez
Publicaciones del Orden Espontáneo, 2025
176 pp.
En enero de ese año se ha presentado el libro La persona singular: una brújula para tiempos turbulentos, de Gustavo Morales Alonso y José Francisco Morales Domínguez. Se trata de una contribución, y muy notable, a las polémicas y debates actuales sobre el individualismo y sobre la responsabilidad personal y la cooperación social en el mundo contemporáneo, tan lleno de incertidumbres para todos.
Los autores, padre e hijo, son profesores universitarios, catedrático emérito de Psicología Social de la UNED, en el caso de José Francisco, y titular en la Escuela de Ingenieros Industriales, de la Universidad Politécnica de Madrid, aunque él es ingeniero de caminos de formación, en caso de Gustavo. El libro se sitúa, pues, en la intersección de la psicología, la filosofía práctica y el análisis social y, en él, se propone un retorno a la individualidad consciente como el mejor antídoto posible frente al caos y la desorientación que imperan en el mundo contemporáneo.
El concepto de «La Persona Singular»
La obra gira en torno a algunos conceptos básicos, como el de “Persona Singular”, que es el sujeto agente y el núcleo principal de la misma. Un sujeto muy alejado del foucaultiano “ser sujeto es estar sujeto”, sino en su acepción tradicional, como sinónimo de individuo y de persona. La preferencia por la voz “persona” se debe, quizá, en que, a diferencia del término «individuo», que no es muy bien acogido entre muchos y puede sonar a atómico o aislado, la idea de persona singular hace referencia a un sujeto que se reconoce único, pues no se deja disolver en la masa ni en las etiquetas colectivas, y asume su responsabilidad: Entiende que, aunque no puede controlar la marcha de los asuntos del mundo, sí que puede controlar su respuesta ante ellos.
Los autores utilizan la metáfora de la brújula para explicar cómo puede conseguirse mantener el rumbo cuando las instituciones tradicionales más seguras, como la familia, la religión, o la política, ya no ofrecen las certezas absolutas que ancestralmente solían. Para ellos, los valores éticos personales son los únicos puntos cardinales fiables. Sobre todo, en un contexto como el actual en el que la sociedad digital empuja más que impulsa al sujeto a ser y comportarse como un reflejo de las tendencias dominantes, en una «copia» de los comportamientos generales, al coste de perder la singularidad inherente a la persona.
Dimensión social y relacional
Aunque el título se centra en lo singular, el libro no aboga por el egoísmo. Al contrario, sostiene que solo quien es dueño de sí mismo puede establecer vínculos sanos y profundos con los demás. Para los autores, la salud de una sociedad depende de la robustez psicológica de sus integrantes. Si las personas están separadas en lo social y fragmentadas en su individualidad, la sociedad tiende a padecer lo que se denomina en el texto “turbulencias”, como las que padece el mundo de hoy, trasfondo del análisis, lo que permite señalar también lo oportuno de su publicación en el momento presente.
Las sociedades en las que vivimos hoy soportan fuertes tensiones entre los impulsos “comunitarios” y la libertad individual. Tensiones que desdibujan el papel de los individuos, las personas singulares, que lleva a los autores a realizar una brillante y exhaustiva reivindicación de la singularidad de cada uno y de la importancia de esa personalidad singular para poder desarrollar comportamientos éticos y colaborativos en el mundo actual.
Un libro que se debe leer hoy, para lo que los autores dan incluso alguna orientación sobre cómo leerlo. En el contexto actual de sobreinformación, de crisis de identidad y de cambios tecnológicos acelerados, la obra se constituye en un auténtico manual de resistencia existencial. En efecto, el texto ayuda al lector a diferenciar entre lo que es esencial y lo que es accesorio, a desarrollar un pensamiento crítico frente a las narrativas de miedo dominantes, y porque reclama y reivindica el actualmente perdido o difuminado espacio de la privacidad y el silencio. como fuentes de la verdadera fortaleza personal.
Una de las ideas principales
Una de las ideas que recorren casi todo el texto, además del apartado específico en el que se tratan concretamente, es la del “orden espontáneo”. Un orden que parte siempre de la libertad de todos los que lo conforman, aunque se someta a normas y usos igualmente formulados, aceptados y establecidos entre todos. Es el modelo del mercado, como espacio de intercambio que obedece a un orden espontáneo establecido autónomamente por oferentes y demandantes. Pero un orden, no menos espontáneo, que también está en la base de otras herramientas sociales, como el mimo lenguaje, creación colectiva y espontánea de los hablantes.
Una idea muy bien traída y tratada, de resonancias hayekianas y de la Escuela Austríaca de economía. Porque la espontaneidad de esos ordenes creados, mejorados y mantenidos por la humanidad presupone una visión de la sociedad como espacio de colaboración e intercambio entre los hombres de conocimientos, de habilidades, de experiencias, así también como de bienes y servicios. Y presupone también la libertad, la autonomía y la responsabilidad de las personas singulares que viven en esas sociedades.
¿Tiempos turbulentos?
En el comienzo de su maravillosa novela Historia de dos ciudades Charles Dickens utiliza estas palabras: Fue el mejor de los tiempos, fue el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Lo poseíamos todo, pero no teníamos nada; caminábamos hacia el cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. Y, como concluye Dickens, fue un tiempo como todos los demás tiempos de la historia han sido.
Valga esta referencia literaria para subrayar que no es el tiempo actual un tiempo más aquejado de incertidumbres que otros pasados o futuros. Es simplemente el tiempo presente en que vivimos y sus problemas. Unos problemas que, bien mirado, no son tan disimiles de cualquier otro tiempo pasado, especialmente en lo que se refiere a estas materias y, en particular, en lo que se refiere a la libertad. Porque, desde el mismo instante de su aparición en el mundo, la reivindicación de la libertad se ha planteado como tal, como reivindicación. Siempre se la ha tenido que reclamar y defender, ante la constatación de que el poder invade y transgrede diariamente la libertad con un éxito demasiado evidente siempre.
Porque la libertad no es una especie de condición natural del hombre, por lo que sería la tiranía la que necesitaría explicación. Es este un error de análisis de graves consecuencias, pues nada es peor para la libertad que darla despreocupadamente por supuesta: la tiranía es la tendencia usual y es la libertad la que precisa de explicación. Precisamente eso ha sido, en eso consiste, la Historia del Pensamiento Político, en el debate entre partidarios y adversarios de la libertad dentro de nuestra tradición cultural. Porque la libertad es el gran tema de nuestro tiempo de todos los tiempos.
Un debate en el que los Morales han efectuado esta interesante contribución, coincidiendo con el ochenta aniversario de la conferencia de Hayek Individualismo: el verdadero y el falso, y se enmarca en esa tradición de pensar los desafíos actuales de la autonomía personal frente a la presión de los discursos colectivistas.












