Nació el 6 de abril de 1940. Se inició como actor cómico en las compañías de Antonio Machín, Manolo Escobar y Tony Leblanc.
Comenzó en el cine en películas como La vida sigue igual, acompañando a Julio Iglesias, en su avatar en el mundo de la música. Siempre con vis cómica y desenfadada.
Pero el éxito le llegó al hacer pareja con Fernando Esteso en películas de finales de los años setenta, dirigidas por Mariano Ozores, como Los bingueros y Yo hice a Roque III.
Pajares siempre fue un estupendo cómico y el tándem con Esteso funcionó de maravilla, siendo un éxito de público sus películas, acusadas ahora de rancias y machistas. Los dos personajes perseguían a mujeres que siempre tenían que enseñar el cuerpo. Este modelo de cine, que empezó con el landismo, hacía gracia al espectador, aunque, con la nueva corrección política, se haya visto como un cine grosero y manipulador del sexo femenino. Hay que ponerse en la época y pensar que, al inicio de la Transición, el destape fue una moda, y era habitual hacer este tipo de películas. Todo esto, no exime la vis cómica de Pajares y Esteso.
Lo más importante de este actor español es su cambio de registro en ¡Ay, Carmela! junto a Carmen Maura, donde consiguió un Goya como actor principal y el Premio al mejor actor del festival de Montreal.
En teatro, volvió con Esteso, recientemente fallecido, en La extraña pareja, basada en la obra de Neil Simon, que llevó triunfalmente al cine Lemmon y Matthau, dirigidos por Gene Saks.
Andrés Pajares también ha sido noticia por la prensa rosa, por su separación de su mujer y demás enredos.
En 2008, coincidiendo con sus cincuenta años de carrera artística, estrenó la obra A mi manera de hacer, donde ofreció números cómicos muy divertidos, parte de su extensa carrera.
Papeles en El oro de Moscú, en Todos a la cárcel, etc., demuestran que es un actor de raza, que no ha sido valorado suficientemente. Probablemente, el peso de la vis cómica y la época con Esteso haciendo cine, que duró hasta 1983, con La Lola nos lleva al huerto.
Y en televisión le recordamos con ¡Ay, Señor, Señor!, en la temporada de 1994-1995.
Como conclusión, un buen cómico de nuestro cine que ha sabido afrontar con su registro más allá de la comedia, papeles más dramáticos. Pero que siempre será encasillado por una época de su cine. Cómo nos reímos con ello y que nos llamen lo que quieran el nuevo pensamiento correctamente político. Se puede ser intelectual y disfrutar del cine de comedia sin rasgarse las vestiduras. Felices 86, Andrés.











