La risa y la navaja, segundo largometraje del director lisboeta Pedro Pinho, ha tenido su estreno en salas de cine españolas este viernes 24 de abril de la mano de Vitrine Filmes, después de su première mundial en la 78ª edición del Festival de Cannes (Un Certain Regard, donde Cléo Diára obtuvo el galardón a Mejor actriz), y también a su estreno nacional en la 70ª edición de la Seminci de Valladolid, donde consiguió el Premio Punto de Encuentro.
La duración, algo excesiva para las prisas de hoy en día, qué bien se compensa con la intensidad.
Son 3 horas largas que van ganando en intensidad a medida que la cinta avanza, y si en las 2 iniciales nos deja recrearnos con deleite en los paisajes y los personajes de aquel paraíso en la tierra que es África, el calor que, con el descubrimiento de los problemas se va apoderando de todos ellos a medida que el culmen se acerca, habla bien a las claras de un malestar sin resolver (nadie dice la verdad) y que puede acabar en tragedia.
Valen la pena, pues, esa 3 horas y pico porque están muy justificadas.
La risa y la navaja se adentra y se desarrolla en una gran metrópolis de África Occidental de habla portuguesa para profundizar en las dinámicas neocoloniales, el deseo y las relaciones de poder.
Rodada en 35mm, está protagonizada por Sérgio Coragem, Cleo Diára (European Shooting Star de 2026) y Jonathan Guilherme. La cinta está producida por las portuguesas Uma Pedra no Sapato y Terratreme Filmes, en coproducción con Still Moving (Francia), Bubbles Project (Brasil) y deFilm (Rumanía).
En palabras de su director, Pedro Pinho: «con La risa y la navaja busco radicalizar aún más la misma exploración de la discursividad dentro de la narrativa de La fábrica de nada: invitar a los personajes a expresarse en el centro de la herida más expuesta de nuestro tiempo, la frontera neocolonial, un problema central que sigue lejos de resolverse».
SINOPSIS
Sergio viaja a una metrópolis de África Occidental para trabajar como ingeniero medioambiental en una ONG en un proyecto de construcción de carreteras entre el desierto y la selva. Allí se ve envuelto en una relación íntima pero desequilibrada con dos habitantes de la ciudad, Diara y Gui. Entre la comunidad de expatriados hay una gran violencia, todo le empuja a elegir entre la soledad y la barbarie.
Este es el segundo largometraje de Pedro Pinho, quien ya triunfó con La fábrica de nada en Cannes (premio FIPRESCI), explorando estas mismas dinámicas neocoloniales aún no resueltas.












