mayo de 2026

James Mason, un actor inolvidable

Nació el 15 de mayo de 1909 y murió en 1984, víctima de un infarto. Fue un magnífico actor inglés, que demostró su talento en muchas películas inolvidables.

Hijo de un comerciante de lana en la ciudad industrial de Huddersfield, obtuvo el título de Arquitectura en Cambridge.

Luego comenzó a actuar, que era su verdadera pasión, en el Old Vic de Londres, y con la Gales Company de Dublín. De 1935 a 1949 protagonizó muchas películas británicas, pero el verdadero éxito le llega al interpretar Ha nacido una estrella, junto a Judy Garland, en la segunda versión fílmica de la historia. El personaje de Mason que conoce a Judy, cada vez más reconocida y con mayor éxito, es el fracasado alcohólico que sufre por no tener el éxito de su pareja. Su interpretación fue magnífica.

Estuvo genial en la película de Joseph L. Mankiewicz Julio César (1953) como Bruto, siendo Brando Marco Antonio, célebre es el discurso de Marlon ante el pueblo a la muerte de César. La película demuestra la belleza y la magnífica dirección del prodigioso Mankiewicz.

Pero Mason llegará más lejos en su gran carrera, el capitán Nemo en Veinte mil leguas de viaje submarino, junto a Peter Lorre, Kirk Douglas y Paul Lukas, y además interpretará uno de los mejores papeles de su carrera, el profesor enamorado de la joven Lolita, en la película del mismo título, dirigida por Kubrick, con una maravillosa Sue Lyon, como la joven tentadora. Rodada en 1962, Mason estuvo prodigioso en el papel de hombre celoso, enfermizo, que no puede evitar sentirse enamorado de la caprichosa joven, todo un alarde de interpretación.

Magnífico en La caída del imperio romano (rodada en España), junto a Sophia Loren, pero estupendo en Pandora y el holandés errante, junto a Ava Gardner, rodada una gran pare en la Costa Brava. El personaje de Mason rezuma soledad, tristeza, melancolía, una de las características de su estilo de actuación.

Sobrio y brillante, sin llegar a la gestualidad de otros actores británicos como O´Toole, Mason era el perfecto villano, el hombre obsesionado por una jovencita, el alcohólico celoso de Judy en la célebre película antes citada.

Era capaz de todo, con su voz portentosa, su mirada, su buen hacer y su calidad de actor inglés que partía de la escena. Ya más mayor estuvo muy bien en Los niños del Brasil, junto a Gregory Peck y Laurence Olivier.

Pero no hay que olvidar el papel de villano en Con la muerte en los talones, de Hitchcock, donde estaba soberbio. Cuando mira a la ahora centenaria Eva Marie Saint, que ya está perdida enamorada del personaje de Cary Grant.

Mason fue un actor muy completo, a veces secundario, pero siempre protagonista, porque su sola presencia en las películas, ya deslumbraba.

Un ataque al corazón acabó con su vida a los setenta y cinco años en su hogar de Suiza. Un grande que se fue no demasiado mayor, un actor inolvidable.

 

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