mayo de 2026

En homenaje a Helmut Berger, tres años después de su muerte

Helmut Steinberger (Bad Ischl, Austria, 29 de mayo de 1944-Salzburgo, ibíd., 18 de mayo de 2023).

LUDWIG, EL REY LOCO

En 1972, Visconti, tras el gran esfuerzo que supuso llevar a cabo Muerte en Venecia, se embarcó en Ludwig, la historia de Luis II de Baviera, interpretado por su actor fetiche en aquel momento, Helmut Berger. En el instante en que comienza la película, vemos cómo es coronado, pero se aprecia la ausencia de su prima Elizabeth de Austria, interpretada por la inolvidable Romy Schneider. La relación que se establece en la cinta entre su prima y el compositor Richard Wagner, interpretado por Trevor Howard, confiere a la película toda su fuerza, ese ambiente opresivo que ya caracterizó La caída de los dioses.

Lo más interesante de la película, aparte de las guerras y los magníficos diálogos del rey con su prima, con Wagner y con otros personajes, es el carácter del rey, sensible y atormentado. Si en Muerte en Venecia, la belleza era decadente, por el maquillaje de Aschenbach, que se derrite al final de la película, aquí la dentadura del rey, redunda en los decadente. Si el compositor se enamora de Tadzio, aquí todos los sirvientes son bellos efebos, donde se puede mostrar la obsesión de Visconti por la belleza homosexual.

El arte, sobre todo la música, está presente, porque Ludwig, ama la música de Wagner, sus óperas, lo que coincide con el director italiano, enamorado siempre de la ópera. La insatisfacción por el mundo real está presente en unos escenarios fastuosos, los de palacio y en unos entornos fantasmagóricos, donde predomina la noche y la niebla.

Fruto de su anhelante búsqueda de la belleza, son sus paseos en trineo, cubierto con un manto de armiño y con caballos blancos empenachados. Hay un delirio romántico en el personaje, que interpreta magistralmente Helmut Berger, con ese aire refinado y homosexual que siempre le rodeó al actor austriaco fallecido a los setenta y ocho años en mayo de este año. Asistió al nacimiento del festival de Bayreuth, que coronó a Wagner, como el gran compositor de la época. Sus gastos desmedidos, hacen del músico, una figura impresionante, que en la película ya demuestra su ambición y su egolatría.

La importancia de la noche en la película es esencial, donde el rey demuestra su delirio, su deseo de ser el héroe romántico. Hay algo fatídico en el personaje, que Visconti mira con admiración y fatalismo, porque su destino será morir joven. Es en la noche donde vemos al rey enajenado buscando a Lohengrin, el Caballero del Cisne.

La película duraba cuatro horas y fue producida por Mega Films, Cinétel, Cieter Giessler Filmproduktion y Divina Films. La primera italiana, la seguna francesa y las otras dos alemanas. La cinta se redujo a tres horas y fue el propio Visconti el que eliminó escenas de la misma. No fue hasta 1980, cuando Suso Cecchi d. Amico y Enrico Medioli, en colaboración con el equipo técnico de la película, localizaron los negativos desechados e hicieron una reconstrucción lo más fiel posible a la que había planeado Visconti. La nueva versión, recuperadas las cuatro horas originales y dobladas al italiano, fue presentada en la Mostra de Venecia de ese año y distribuida en cine y televisión. Esta versión, completa, explica mejor todo lo que ocurrió en la vida de Luis II de Baviera.

Durante el transcurso del rodaje, en un paisaje invernal, Visconti sufrió una trombosis cerebral, el 27 de julio de 1972, mientras este estaba esperando la llegada de unos productores en la terraza de un hotel en Roma. El brazo y la pierna izquierda quedan paralizados. Pese a ello, decide terminar Ludwig e instala una moviola y empieza a trabajar en el montaje. Acabado el montaje, la primera proyección de la película tiene lugar el 18 de enero de 1973 en Bonn. Dejan a un lado su ansiado proyecto de adaptar La montaña mágica, novela de Mann, que hubiera interpretado su actor fetiche, Helmut Berger, recientemente fallecido, junto a Charlotte Rampling.

CONFIDENCIAS:  EL INTELECTUAL EN UN ENTORNO OPRESIVO

Un año después, decide llevar a cabo otra película, Confidencias, cuyo título en italiano es Gruppo di familia in un interno. La historia cuenta el universo de un profesor sexagenario, interpretado por otro gran actor de su cine, el gran Burt Lancaster, que vive encerrado en un mundo artificial y que un día recibe la visita de una familia que rompen su vida ordenada. Bianca, Lietta, Stefano y Konrad, suponen el caos en la vida del intelectual. Konrad es el vividor, drogadicto y gigolo, papel interpretado por Helmut Berger. De nuevo, surge un tema muy viscontiniano, la atracción por el hombre bello y joven, desde esa madurez de un ser ya decadente.

La madre la interpreta Silvana Mangano, con su gran personalidad y belleza, lo que representa el gusto del director italiano por la mujer clásica, que ya apareció en Muerte en Venecia. Todo el rodaje se lleva a cabo en interiores, lo que produce cierta claustrofobia, un ambiente opresivo, donde el profesor va viendo la evolución terrible de los acontecimientos.

Hay muchos temas que conectan esta película con Muerte en Venecia, el dilema entre la vida y el arte, entre el orden y el caos. El personaje del profesor tiene que ver con el Aschenbach de la película citada, un hombre intelectual que ha construido su mundo desde el arte y que no ha dejado entrar nunca el deseo físico, algo que empieza a torturarlo, cuando ve que se va enamorando de Konrad, cada vez más metido en temas de delincuencia por el asunto de las drogas. La convivencia se vuelve insoportable, porque el profesor ha roto su serenidad, su mundo placentero y ha dejado entrar a la violencia y al caos.

Hay algo arquetípico en los personajes de la familia, no muy bien perfilados, siendo el profesor quien suscita todo interés, aparte de la gran interpretación de un Burt Lancaster que nos recuerda a su gran personaje de El gatopardo.

La familia tiene tres personajes que nos atraen, la joven Lietta (interpretada por Claudia Marsani) el joven Stefano (Stefano Patrizi) y Konrad (Berger). Los tres son sorprendidos desnudos fumando hierba por el profesor, representan la belleza prohibida y la juventud, al borde siempre del precipicio. Konrad denuncia al marido de Bianca (Silvana Mangano) a la policía, miembro de un complot fascista. Stefano y Konrad se enfrentan y son separados por el profesor que interviene en el universo violento de los jóvenes. Por una explosión de gas en el piso de los Bramonti, que viven al lado del gran piso del profesor, muere Konrad, sin que sepamos si ha sido intencionado con el deseo de suicidarse. El profesor lo recoge en brazos y sabe que la muerte de su ser amado es un presagio de la suya, que ocurrirá pronto, porque está condenado por el destino, como el personaje de Muerte en Venecia.

Mario Carbuglia, el decorador de la película, comentó que fue un trabajo muy laborioso la construcción de dos pisos con sus amplias terrazas sobre un panorama de la ciudad de Roma al fondo. En realidad, se realizó la reconstrucción de los pisos en dos estudios independientes, uno para la vivienda del profesor y otro de los inquilinos.

La escena final es sobrecogedora, vemos el silencio, la ciudad de Roma en una panorámica completa y al profesor en la terraza, convaleciente de un ataque cardiaco. Este intuye alguien arriba, como si aún vivieran los inquilinos, especialmente Konrad que ha quedado en su memoria para siempre. Como colofón, sentimos que Visconti ha logrado unir la vida y la muerte, la soledad y el mundo social, para volver al inicio, el profesor debe morir solo, como Aschenbach en la playa, olvidado, sin que nadie le preste ayuda, el destino y las cartas ya están echadas.

 

 

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