mayo de 2026

‘Romeo y Julieta’: enloquecida y espectacular puesta en escena de la ópera de Gounod

Exponente de la ópera francesa del XIX y a su vez de una época de ‘grandeur’ nacional bajo el imperio de Luis Napoleón (y de Eugenia de Montijo), la última obra de Charles-François Gounod (1818-1893) tenía todo para impactar en el público de su momento histórico: un tiempo dramático-musical ‘in crescendo’ en el que en lugar de describir las razones que enfrentan a Capuletos y Montescos se apuesta por las relaciones íntimas entre los personajes, bajo un envoltorio romántico de un acentuado énfasis musical. La partitura tiene una endiablada habilidad para mezclar momentos de un lirismo exacerbado con una dramática potencia del coro marcando unas transiciones que apenas se perciben entre el intimismo y la grandilocuencia.

En su larga trayectoria escénica esta ‘Romeo y Julieta’ que no es más que un lejano reflejo de la obra de Shakespeare, se ha hecho a través de primeras voces de la lírica que han encontrado en esta partitura un motivo de lucimiento. Sin embargo, más allá de la solidez musical de esta coproducción entre el Real y la Ópera Nacional de París y vista allí en 2023, lo que arrolla literalmente es una puesta en escena apabullante, por momentos enloquecida y siempre desbordante, del ‘enfant terrible’ de la dirección escénica en Francia, el todavía joven Tomas Jolly. Un actor que es capaz de alternar la dirección de la ceremonia de los Juegos Olímpicos de París con el televisivo Drag Race France, lo solemne con lo profano.

Con un enorme y aparatoso decorado giratorio, que imita la escalinata del Palais Garnier y la inestimable colaboración de una iluminación de primer nivel capaz de sugerir constantes efectos y un vestuario escénico ausente en tonos pastel, se aporta una pátina de carácter plenamente gótico a una Verona sometida a la peste, en lo que podría servir para un set de ‘El fantasma de la ópera’. Ese tono grandilocuente se pone en evidencia en el uso del ballet, mucho más cercano al acrobático y al contemporáneo que al clásico, bajo coreografías de imaginación aunque tendentes a la notoriedad.

Todo es arrollador en esta producción que se va a ver hasta el 13 de junio a lo largo de otras trece representaciones, y la del último día se podrá contemplar de forma gratuita a través del streaming en diversos ayuntamientos y locales públicos españoles. Aunque es muy difícil que la imagen electrónica capte en todo su cromatismo esta ‘oscuridad’ brillante que predomina en el espacio escénico donde se recurre a todos los elementos posibles, incluido el uso de un enorme telón negro que domina la estancia y permite atravesar del delirio de un escenario grandilocuente a la íntima alcoba nupcial donde Romeo y Julieta consuman su relación.

La contundencia de esta producción se pone en evidencia en una puesta en escena llena de detalles hasta casi lo frenético. Donde no solo hay oportunidades para que se luzcan los dos protagonistas sino el conjunto de un amplísimo reparto. Esta producción musicalmente dirigida por Carlo Rizzi de quien hay que decir que cumple sin bajar el nivel pero sin tampoco rozar el cielo al frente de la Orquesta Sinfónica del Real tiene un ‘cast’ realmente estelar, en su doble/triple reparto. Romeo (Javier Camarena e Ismael Jordi) y Julieta (Nadine Sierra, Vanninna Santoni y Julia Musuchenko-Greenhalgh), por lo que hay que invitar al potencial espectador a que combine las voces que elige.

Asistimos a la representación donde Nadie Sierra hizo una Julieta brillante, pletórica de recursos vocales, e Ismael Jordi a un Romeo muy potente en un personaje que ya ha hecho en otras producciones anteriores (como la que dirigió teatralmente Oliver Py). La ‘química’ de la pareja funciona porque estos Romeo y Julieta no son adolescentes sino casi maduros y las situaciones son verosímiles; y especialmente porque esta producción cuenta con un gran reparto de los no protagonistas, uno de los puntos más notables de la función: Hermano Laurent (Roberto Tagliavini y Jean Teitgen), Mercutio (Benjamin Appl y Carlos Pachan), Stephan (Eloise Mas y Carmen Artaza), Tyblat (Maciej Kwasnikowski y David Alegret), Capuleto (Laurent Naoui),Gertude (Sonia Garassi)… Además del formidable papel que tiene el coro del Real dirigido por José Luis Basso, y de la presencia de unos bailarines acrobáticos de nivel.

Con todo el frenesí de una producción como este ‘Romeo y Julieta’ apabullante desde el punto de vista de su ritmo escénico y nada convencional en el sentido teatral. Hecha con primeras voces y un tratamiento escénico de ‘show’ teatral-televisivo; una creciente tendencia en primeros escenarios mundiales que solo unos pocos teatros se pueden permitir por su elevado coste (y se puede mencionar como referente el ‘Benvenuto Cellini’ de Berlioz visto este pasado febrero en La Monnaie de Bruselas). Pero a la vez un ejemplo de las puertas abiertas hacia nuevos perfiles de público sin distorsionar el género ni vulgarizarlo.

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Archivo Entreletras

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