enero 2021 - V Año

ENSAYO

En torno a la dialéctica del Amo y el Esclavo en Hegel

A diferencia de Platón, la dialéctica no es en Hegel un método filosófico para llegar a la verdad. En Platón a través del diálogo, de las opiniones contrastadas, se trata de llegar al juicio verdadero de aquello que es el motivo del Diálogo. En Hegel el método filosófico no es dialéctico, lo dialéctico es la realidad misma pues remite a la guerra y al trabajo en su devenir, es la propia experiencia quien recoge fenomenalmente lo experimentado, tal como es vivida por la conciencia y la autoconciencia.

“La Fenomenología del Espíritu”, es una filosofía de la subjetividad, de la autoconciencia inserta en lo social, en la relación con los otros. Filosofía de la experiencia subjetiva afectada por la dialéctica de lo real por las contradicciones y la negatividad de lo real mismo, pero es también una filosofía de la superación, del paso de la subjetividad por diferentes estadios o figuras dado que el sujeto hegeliano es un sujeto en devenir animado por la libertad, libertad que nunca será alcanzada si es la libertad solo de uno, pues solo habrá libertad si esta es a su vez la de todos. Dicho de otra manera, el yo hay que pensarlo en relación  con el nosotros.

Filosofía de la autoconciencia que experimenta las contradicciones de lo real y que en su devenir pasa por diferentes figuras ya que la propia subjetividad está incluida en la propia dialéctica de lo real que la afecta. La filosofía de la conciencia anterior a Hegel aborda al sujeto de conocimiento frente al objeto, estando separado el sujeto del objeto a conocer, el conocimiento implica un dominio sobre el objeto. La filosofía de Hegel no es una filosofía de la conciencia, sino de la autoconciencia, eso quiere decir, que el sujeto que conoce está incluido en el objeto conocido, la dialéctica de lo real, sus contradicciones, son las propias de la subjetividad. Con Hegel, el sujeto de conocimiento deja de ser externo al objeto, se ha convertido en algo interno a lo real.

Para Hegel, el cogito cartesiano es insuficiente pues al “pienso luego soy” cabe preguntar “¿yo que soy?”, más allá de ser un ser pensante. Pues el sujeto hegeliano, es identidad, es negatividad, es totalidad o síntesis que se conserva o se modifica en el devenir de su existencia dado que su ser es histórico y que la autoconciencia como un mensaje que viene siempre del otro puede actuar como palanca de las transformaciones del sujeto.

Por todo lo anterior, la filosofía de Hegel es de forma simultánea, una ontología del ser como una antropología filosófica.

Hechas estas precisiones voy a tratar de la dialéctica del Amo y el Esclavo y su continuación en la conciencia desventurada, que son dos de las figuras que aparecen en la sección IV, “Autoconciencia” de la “Fenomenología de Espíritu”.

La relación Amo y Esclavo, aparece en la “Política” de Aristóteles. Para Aristóteles, que vive en una sociedad esclavista, la posición de Amo se dá de una forma innata, siendo el Amo el ciudadano libre, frente al Esclavo. Para Hegel, que vive el impacto de la revolución francesa y el entusiasmo generado en torno a la libertad, la relación Amo/Esclavo, no se da de una forma natural, será consecuencia de una lucha estando por otro lado, la posibilidad de alcanzar la libertad del lado del Esclavo, mientras el Amo permanecerá en un en sí.

La dialéctica del Amo y el Esclavo, no es una dialéctica referida, únicamente, a un momento histórico o prehistórico de la humanidad dado que se va a continuar de una forma modificada en la Conciencia Desdichada. Es una forma de pensar la libertad y la servidumbre en las relaciones humanas, de ahí la simultaneidad entre la ontología del ser y la antropología filosófica antes señalada.

Jean Hyppolite en su libro “Génesis y estructura de la Fenomenología del Espirito de Hegel”, dice: “La conciencia desgraciada es el tema fundamental de la Fenomenología. Conciencia, que en sentido estricto del término, es el resultado del desarrollo de la autoconsciencia. La autoconsciencia es la subjetividad erigida en verdad, pero esta subjetividad debe descubrir su propia insuficiencia, experimentar el dolor de sí mismo que no llega a la unidad consigo mismo”. Es interesante esta cita de Hyppolite dado que el resultado de la lucha entre el Amo y el Esclavo tendrá como consecuencia que por medio del trabajo el Esclavo experimentará la escisión entre la servidumbre y la libertad que su trabajo prefigura.

Para seguir la dialéctica del Amo y el Esclavo es necesario entender el papel que tiene el deseo en Hegel.  Para Hegel el querer no es lo mismo que el desear. Un sujeto puede querer un objeto, apropiárselo, consumirlo, incorporarlo. El sujeto podrá o no podrá acceder a él, en cualquier caso, es siempre la relación de un sujeto frente al objeto. El deseo, en cambio,  es de una naturaleza diferente pues Hegel lo entiende como lo que da lugar a la relación intersubjetiva. El sujeto de deseo no tiene en frente una cosa, un objeto mudo, lo que tiene enfrente es otro sujeto que desea al igual que él. El deseo de uno remite al deseo del otro. De esta manera el deseo es deseo de deseo, Lo que se desea es el deseo del otro. Lo que está en juego es que el deseo de uno pueda ser reconocido por el otro. El deseo es deseo de reconocimiento.

El Amo y el Esclavo, son dos polos de la servidumbre, de una relación asimétrica donde no hay reciprocidad desde el punto de vista del reconocimiento. En su lucha por el puro prestigio, el Amo será el que puede exponer su vida y no retroceder ante la muerte, mientras que el esclavo es el que retrocede por temor a perder la vida. Es el miedo del Esclavo lo que le da la victoria al Amo. Es importante este punto, por el papel que tiene la muerte y el miedo a perder la vida en el desarrollo de la lucha. El Esclavo es humano no solo atiende a la lucha sino también al cuidado de la vida. El Amo en cambio aparece como más inhumano, ya que la vida vale menos que el sentido que se le puede dar. Para Hegel, la muerte está en relación con la vida, pues la vida es también su sentido, lo que uno arriesga para que la vida se levante sobre si misma y obtenga un sentido. La muerte no solo es el final de la vida está enraizada a ésta, forma parte de la vida pues es lo que el Amo ha puesto en juego a la hora de darle un sentido. Este enraizamiento, esta presencia de la muerte en la vida que aparece en la lucha del Amo y el Esclavo, es lo que Hegel llama “la noche del mundo”, en la “Filosofía de lo Real”, dirá “El ser humano es esta noche, esta nada vacía, que lo contiene todo en su simplicidad, una naturaleza inagotable de muchas representaciones, múltiples, ninguna de las cuales le pertenece. Esta noche, puro yo en representaciones fantasmagóricas es noche en su totalidad… se vislumbra esta noche cuando uno mira a los seres humanos a los ojos, a una noche que se vuelve horrible”. Presencia, por lo tanto, de la negatividad en lo Real.

El Amo no busca matar al Esclavo, lo que quiere es someterle. No quiere matar al Esclavo pues este tiene que trabajar para él, además, el Esclavo es la verdad del Amo, el Amo o el Soberano  no lo es por si mismo. Se es Amo porque se tienen Esclavos o se es Soberano porque se tienen súbditos. El resultado de la lucha del Amo y el Esclavo implica una asimetría desde el punto de vista del deseo de reconocimiento. El Esclavo reconoce al Amo mientras este no le reconoce. La lucha crea un drama de reconocimiento, dado que se reconoce a quien no  reconoce. Por otro lado, el reconocimiento que el Amo obtiene, es un reconocimiento insuficiente, no esta reconocido por un igual, sino por aquel que él no reconoce.

El trabajo, en el Esclavo tiene un doble papel, por un lado le cosifica en su sometimiento, mientras que por otro lado, se obtiene una positividad a partir de la negatividad. El trabajo al igual que el deseo trata de hacer  una modificación, son negativos en la medida que buscan alterar un estado de cosas inicial, convertir una materia prima en un producto o conseguir que una indiferencia pase a ser un deseo reconocido por el otro. Esa negatividad, como alteración inicial, pueden acabar en algo positivo .En el caso  del trabajo, el trabajador produce algo que antes no existía, un poco de libertad se realiza en la producción más allá de que el producto no le pertenezca. Lo que señala Hegel es la positividad de un saber hacer propio de quien trabaja, libertad abstracta dado que el Esclavo no es libre, solo lo es por su pensamiento y por el carácter negativo y transformador de su trabajo. El Esclavo no será libre mientras no haya un reconocimiento mutuo, mientras no se suprima a través de una negación de si .y que el acto conlleve un para sí.

La temática del Amo y el Esclavo, se prolonga en otras figuras, “la conciencia desventurada”, “la ley del corazón”, “el alma bella”…. Sobre la conciencia desventurada o desdichada dice Hegel en la Fenomenología” “ Por eso, el desdoblamiento que en un principio atribuía los papeles respectivos a dos entes singulares, el amo y el esclavo, vuelve a situarse en uno solo, desdoblamiento de la autoconsciencia en sí misma, desdoblamiento que es esencial al concepto de espíritu, se hace presente de este modo, pero no es todavía la unidad de esta dualidad y la conciencia desventurada, es la autoconsciencia como esencia duplicada y solamente enzarzada en la contradicción”.

La conciencia desventurada es una subjetividad escindida o dividida, amo y esclavo de forma simultánea sin que esos términos logren la unidad o síntesis, conciencia desgarrada que aspira al descanso en una unidad que no encuentra, identidad que no es posible entre pensamiento y ser. Autoconciencia que experimenta su insuficiencia, el dolor de sí mismo, sin unidad de sí. Conciencia que sabe que la verdadera vida está ausente. Como la novela de Milan Kundera cuyo título es “La vida está en otra parte”.

Fausto, de José Uría y Uría (Museo del Prado)

Hegel dice en la cita anterior, la dualidad es esencial al concepto de espíritu pero todavía no hay la unidad de esta dualidad, la conciencia desventurada es estadio anterior a la realización del espíritu. Se entenderá mejor con la siguiente cita de Alexandre Kojeve, en su libro “Introducción a la lectura de Hegel”, Kojeve dice “En la lucha final, en la cual el esclavo trabajador actúa como combatiente se crea el ciudadano libre del Estado universal y homogéneo que al ser a la vez amo y esclavo ya no es ni uno ni otro, sino el hombre único sintético o total , en el cual la tesis del dominio y la antítesis de la esclavitud se suprimen dialécticamente, vale decir se anulan”.

Amo y esclavo se anulan como entidades separadas, pueden, no obstante, dejar de oponerse de forma sintética en cada uno, porque la libertad para Hegel debe ser para todos, eso implica que la libertad de uno está sujeta a la ley que rige para todos, los opuestos no se oponen sino que convergen en la realización del espíritu.

Kojeve es participe del entusiasmo de Hegel, una posición más matizada sería la de Ramón Valls Plana, en su libro “Del yo al nosotros”, dice: “al sujeto no le queda más remedio que esforzarse para conseguir la armonía, pero queda así condenado al trabajo de Sísifo, un trabajo que en este mundo no puede cumplirse, si alcanzara la armonía desaparecería la moralidad humana consistente en superar lo negativo, solo queda por hacer progresos indefinidos”.

Hegel perteneció a una generación excepcional, La Revolución Francesa despertó una ola de entusiasmo, también de decepción, generación que experimentó la conciencia desventurada con su anhelo de unidad y no de escisión. La “Fenomenología del Espíritu”, se publica en 1808, en ese año Goethe, publica el primer Fausto y allí encontramos la autoconciencia de una dualidad que no hace unidad:

Fausto, en las puertas de la ciudad

“Dos almas, ay, anidan en mi pecho,
Y cada una por separarse de la otra pugna.
La una, en sus ansias groseras de amor
Al mundo se aferra con órganos prensiles
La otra se eleva con vehemencia del polvo
Hacia las comarcas de antepasados excelsos”

Por un lado, lo grosero del amor y por otro, la elevación hacia lo excelso. Fausto, accede a su condición de amo por medio de todo lo que le proporciona Mefistófeles. Y a su vez se convierte en el “Esclavo del demonio”, titulo de ese Fausto español del siglo de oro que escribió Mira de Amescua.

El sujeto trágico es un sujeto dividido, lejos queda el vislumbre del sujeto ético que Hegel vio en la tragedia griega, para Hegel, tanto Antígona como Creonte, son sujetos éticos. Sujetos que no vacilan, no dudan, hacen lo que quieren hacer, y lo que hacen coincide con la ley. Tragedia por la colisión de dos leyes enfrentadas, la de la polis que representa Creonte y la ley subterránea  de los muertos que representa Antígona. Se enfrentan dos leyes, pero los sujetos trágicos, para Hegel éticos, mantienen una unidad sin división entre su acto y la ley que rige más allá de ellos.

Hegel, como otros miembros de su generación buscaron superar la escisión de la conciencia, escisión que se produjo en el declinar del mundo griego.

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN ENSAYO

Ensayo

Diógenes de Sinope: un filósofo desarraigado, provocador y subversivo

Ensayo

Hechos y razones contra obsesiones delirantes

Ensayo

Análisis de los resultados de las elecciones en EE.UU

Ensayo

En torno a la dialéctica del Amo y el Esclavo en Hegel

Ensayo

¿Qué clase de mundo nos dejará el Covid 19?

Ensayo

José Ballester Gozalvo, una biografía entre la pedagogía y la política

Ensayo

Naturalismo y religión en el debate entre Habermas y Ratzinger

Ensayo

Acerca del amor

Ensayo

La política de Balmes

Ensayo

Thomas Jefferson reivindicado

Ensayo

España, en la atención y en los escritos de Engels

Ensayo

Engels y Marx

Ensayo

Friedrich Engels: su actualidad y virtualidad

Ensayo

Recordando a Friedrich Engels, un ágil y demoledor polemista

Ensayo

Donoso Cortés y el romanticismo político

Ensayo

Un ensayo de María de Maeztu sobre Emilia Pardo Bazán, aparecido en el diario bonaerense ‘La prensa’ en 1939

Ensayo

Evocación política y social sobre el primer Unamuno

Ensayo

Reflexiones sobre la actualidad del pensamiento de Hegel según Paul Ricoeur

Ensayo

Jeremy Bentham, reconsiderado

Ensayo

La Constitución de 1812 (y II)

Ensayo

La Constitución de 1812 (I)

Ensayo

La Ilustración en España

Ensayo

Kafka: una meditación

Ensayo

Hegel: un contradictorio pensador imprescindible

Ensayo

Baltasar Gracián, el Barroco y el final de la Escuela Española

Ensayo

‘Ser es pensar’. El idealismo filosófico es esencialmente, Hegel

Ensayo

Hegel cumple 250 años

Ensayo

Sagasta, el gran prestidigitador

Ensayo

Andrés Saborit líder socialista

Ensayo

La archiduquesa austriaca… ‘roja’

Ensayo

¡Votes for women!: siete luchadoras que contribuyeron al milagro del voto en los EE.UU

Ensayo

El Futurismo de Marinetti condujo directamente al fascismo

Ensayo

Francisco Suárez: Doctor Eximio, filósofo y jurísta

Ensayo

Síntomas psicopatológicos en tres de los principales líderes mundiales,…

Ensayo

Sócrates ¿soldado?

Ensayo

La desamortización general de Mendizábal

Ensayo

Ruido de sables en Washington

Ensayo

Referendum constitucional

Ensayo

La influencia del sufragio femenino en la cultura política

Ensayo

A propósito de Rawls

Ensayo

Duelo sin realidad

Ensayo

Responsabilidad social del periodista ante las crisis

Ensayo

Post-pandemia, una ocasión única para reinventar nuestro mundo

Ensayo

Robert Nozick, un anarquista de derechas

Ensayo

España y la antiEspaña

Ensayo

Alexander Fleming, descubridor de la Penicilina

Ensayo

La gran esperanza frustrada

Ensayo

Aporías, paradojas y dialéctica

Ensayo

El triunfo del Librepensamiento

Ensayo

Conflicto y negociación ¿A quién le puede interesar?

Ensayo

El nacimiento del liberalismo: Spinoza y Locke

Ensayo

John Locke: forjador del liberalismo político

Ensayo

Pensar en grande

Ensayo

La convivencia entre culturas y civilizaciones

Ensayo

Breves notas sobre Benito Pérez Galdós y el socialismo, en las elecciones de 1910

Ensayo

Inteligencia y liderazgo

Ensayo

Alcance militar y geopolitico del Brexit

Ensayo

Aprender a vivir con lo que nos ha tocado

Ensayo

Como seguir siendo cristiano en un tiempo postsecular. Una respuesta a Bonhoeffer.

Ensayo

Progreso y sentido

Ensayo

Rita Levi-Montalcini

Ensayo

Redes infames

Ensayo

Juegos de poder del nacionalismo

Ensayo

Héroe mutilado

Ensayo

Juegos de poder de la información

Ensayo

Sexto Empírico: Una aproximación al escepticismo grecolatino

Ensayo

Habermas-Rawls-Tönnies (y II)

Ensayo

Habermas-Rawls-Tönnies (I)

Ensayo

Repensar la protección de las personas vulnerables en la investigación científica

Ensayo

Decir y representación

Ensayo

La verdad, relativistas, los liberará

Ensayo

¿Cómo feminizar la vida social?

Ensayo

Nietzsche y la breve verdad

Ensayo

Juan López de Hoyos: el nexo entre Erasmo de Rotterdam y Cervantes

Ensayo

Hay mucho de lo que enorgullecerse

Ensayo

Europa un hermoso y original edificio… a medio construir

Ensayo

La estética en Eugenio Trías

Ensayo

Diez años releyendo a Dahrendorf

Ensayo

Consecuencias sociales y políticas de las nuevas tecnologías en el marco del transhumanismo h+ (y II)

Ensayo

Consecuencias sociales y políticas de las nuevas tecnologías en el marco del transhumanismo h+ (I)

Ensayo

Solón puso los cimientos de la democracia ateniense

Ensayo

Lógica, comprensión, traducción. Crítica de la traducción pura

Ensayo

Europa: Sísifo y la piedra

Ensayo

Ángel Fernández de los Ríos, un lugar destacado en la historia de Madrid

Ensayo

Hacia la unidad europea

Ensayo

Magdala o la historia de la trampa

Ensayo

Guillermo de Ockham… es mucho más que su célebre navaja

Ensayo

Política, comienzo incausado del arte de historiar

Ensayo

En el espejo se reflejan… los forajidos

Ensayo

Contra la misoginia, inteligencia y combatividad

Ensayo

El compromiso democrático de John Dewey

Ensayo

Unos meses decisivos para Europa

Ensayo

Infieran, no vaticinen, aborrecedores del lopezobradorismo

Ensayo

Maquiavelo, más allá de los lugares comunes

Ensayo

Sobre la Constitución y su Preámbulo

Ensayo

De tal palo tal astilla

Ensayo

La pérdida del impulso liberal (y II)

Ensayo

La pérdida del Impulso Liberal (I)

Ensayo

Séneca: invitación al diálogo sereno y a la reflexión

Ensayo

Ferdinand Buisson en el laicismo francés

Ensayo

Trasímaco vuelve… o quizás, no se haya ido nunca

Ensayo

Filosofía, enemiga de la economía digital

Ensayo

La reseña crítica de Manuel Cordero de la Restauración de Romanones

Ensayo

El liberalismo en el siglo XXI (I)

Ensayo

El liberalismo en el siglo XXI (y II)

Ensayo

John Rawls: un nuevo paradigma contractualista basado en la justicia redistributiva

Ensayo

Ferdinand Tönnies

Ensayo

La ‘Mélange’ ideológica y el ‘soufflé’ estratégico catalán

Ensayo

Guillermo de Torre, heterodoxia frente a conformismo

Ensayo

Un prefacio de Tierno Galván al Contrato Social de Rousseau

Ensayo

El movimiento del espíritu social. De la religión al arte

Ensayo

Fancesco Guicciardini, un diplomático toscano por tierras extremeñas

Ensayo

Norberto Bobbio, más marxiano que marxista

Ensayo

Freud nuestro contemporáneo

Ensayo

La experiencia de Suecia para Andrés Saborit en 1930

Ensayo

Las contradicciones de Gertrude Stein

Ensayo

Jean Jaurès, un pacifista y un europeista convencido

Ensayo

Encomienda de moderación

Ensayo

Aproximación a las bases teóricas del Mayo 68

Ensayo

Polibio de megalópolis y los valores republicanos

Ensayo

Una ética ecológica contra el totalitarismo tecnológico

Ensayo

Gioberti o el nacionalismo conservador

Ensayo

Al hilo de unas reflexiones políticas

Ensayo

Karl Korsch: ha vuelto para quedarse

Ensayo

David Harvey: La acumulación por desposesión

Ensayo

Guy Debord: la lucidez anticipatoria

Ensayo

Lo más humano, la idea, es la materia de la historia

Ensayo

Cesare Beccaria, un ilustrado frente a la barbarie

Ensayo

Política y pensamiento científico

Ensayo

El infinito viajar

Ensayo

El político y el científico

Ensayo

Albert Camus, un extranjero rebelde entre seres alienados

Ensayo

Los miedos de Baruch Spinoza

Ensayo

Virtualidad y cultura (La realidad fingida)

Ensayo

Cataluña y la ‘navaja de Occam’

Ensayo

Epicuro: el filósofo de los placeres moderados

Ensayo

Isaiah Berlin, un excelente y polémico ensayista

Ensayo

Rafael Méndez (1906 – 1991)

Ensayo

La serena inteligencia de Kolakowski

Ensayo

La posibilidad de la utopía

Ensayo

1 de octubre, 2018: días antes de un día después

Ensayo

Año 2018: ¿tiempo de la gran revisión constitucional?

Ensayo

Introducción estival al concepto de ‘liderazgo político’

Ensayo

Todo cambia…algo permanece

Ensayo

El sentimiento trágico de la vida

Ensayo

Adorno: Reflexiones desde la vida dañada

Ensayo

¿Por qué nadie recuerda a Daniel Bensaïd?

Ensayo

Cataluña, ‛casus belli’

Ensayo

Ferrater Mora, un catalán universal

Ensayo

Gramsci y Maquiavelo

Ensayo

La educación y la filosofía como utopía

Ensayo

Walter Benjamin, fracturas de la modernidad

Ensayo

Demos la palabra a Herbert Marcuse

Ensayo

Los misterios de Homero

Ensayo

La función de las ideologías según Max Horkheimer

Ensayo

Les presento a Margarita Nelken

Ensayo

Impunidad, no gracias

Ensayo

La vigencia de Erich Fromm

Ensayo

María Zambrano está viva

Ensayo

Buscando a Fernando Pessoa

Ensayo

El encuentro borgiano de Shakespeare y Cervantes

Ensayo

Dones de Amor, ay, cuitas de Amor

Ensayo

Intransigencia y control social: Flaubert y Baudelaire en el banquillo

Ensayo

El día que conocí a Ernesto Cardenal

Ensayo

Li Po y la melancolía

Ensayo

Epicteto de Hiérapolis (55dc/135dc), un esclavo filosófo del periodo helenístico

Ensayo

Gianni Vattimo y el “pensiero debole”