junio de 2026

PALOMITAS DE MAÍZ / ‘El jardín quemado’: la inquietante maravilla de Mayorga arrasa en La Abadía

¡Mis queridos palomiteros!

Hay creadores cuya escritura posee la rara facultad de transformar el escenario en un espacio para pensar y cuestionarse cosas. Juan Mayorga pertenece a ese grupo excepcional de dramaturgos que utilizan la palabra como una herramienta para explorar las grandes contradicciones de la condición humana. Con El jardín quemado —trabajo del que ya informamos a tenor de su presentación literaria—, uno de sus textos más fascinantes y profundos, el Teatro de La Abadía presenta una de las citas indispensables de la temporada; un espectáculo de gran peso intelectual y una belleza visual increíble.

Escrita en 1997 y recuperada ahora bajo la dirección del propio autor, la obra cobra una vigencia enorme en un momento en el que la sociedad sigue dándole vueltas a la memoria, la verdad y las huellas del pasado. Sin embargo, Mayorga huye de los mensajes fáciles. Su mirada esquiva las certezas absolutas y lanza al espectador preguntas incómodas que se quedan flotando en el aire hasta el final.

La acción nos traslada a la isla de San Miguel, a un hospital psiquiátrico donde los internos viven en una realidad alternativa construida durante décadas. Allí llega Benet, una joven psiquiatra interpretada con elegancia y sofisticación por Loreto Mauleón, dispuesta a destapar la verdad y liberar a quienes considera víctimas de un encierro injusto. Frente a ella se planta Garay, el resistente personaje al que da vida la excelente actriz Adriana Ozores. Se trata de la veterana directora de ese centro que ha dedicado su existencia a proteger ese frágil equilibrio. Lo que parte como un choque de manual entre dos formas de ver la psiquiatría se convierte rápidamente en una profunda reflexión sobre la identidad y el dolor, planteándonos si la verdad es siempre sanadora, hasta qué punto la imaginación es un refugio legítimo contra el sufrimiento o si existe una sola forma de enfrentarse a los traumas colectivos.

Joserra Iglesias, Jesús Barranco, Miguel Hermoso, Mariano Llorente y Adriana Ozores

Muchas situaciones de la obra recuerdan a los juegos entre realidad y ficción de Luigi Pirandello. Por cierto, me encantó el montaje del año pasado de Los Gigantes de la montaña en el Fernán Gómez. Eso sí, Mayorga no copia esos planteamientos, sino que los lleva a su propio terreno, donde la fantasía funciona como una defensa contra la devastación histórica y emocional. Aquella mítica consigna de Mayo del 68, “La imaginación al poder”, encuentra aquí una relectura tan poética como inesperada. Por su parte, la sombra de la Guerra Civil está presente como una herida profunda, pero jamás se adueña del relato. Lo que importa aquí son las secuelas en las personas y el modo en que los perdedores buscaron alguna estrategia para soportar tales atrocidades. Sin caer en el discurso político fácil, la obra conecta con las corrientes de la antipsiquiatría de finales de los sesenta, recordándonos que, a veces, la locura es el único escudo posible frente a un entorno hostil sin concesiones.

Loreto Mauleón y Adriana Ozores

El envoltorio visual y sonoro es una auténtica maravilla que potencia toda esta atmósfera. La escenografía de Elisa Sanz, con ese jardín cubierto de cenizas y presidido por un naranjo casi seco, tiene una fuerza simbólica tremenda al mostrar un lugar devastado que, a la vez, afirma la vida. A esto se suma la iluminación de Juan Gómez-Cornejo, que juega con las sombras a fin de modificar las emociones del público y acentuar el misterio, mientras que el espacio sonoro de Jaume Manresa subraya puntualmente la pieza a la que dota de tensión constante.

En el plano actoral, asistimos a un duelo de altura. Adriana Ozores y Loreto Mauleón se enfrentan en un cara a cara interpretativo magistral. Ninguna eclipsa a la otra; ambas defienden los motivos de sus personajes con pasión y determinación. A su lado, Jesús Barranco, Miguel Hermoso, Joserra Iglesias y Mariano Llorente hacen un trabajo sencillamente extraordinario. Sus personajes se quedan grabados en la retina mucho después de que caiga el telón.

Mariano Llorente, Jesús Barranco, Adriana Ozores, Loreto Mauleón y Miguel Hermoso

“Nadie sabe el pasado que le espera”. Esta demoledora frase del propio Mayorga resume el espíritu de la función. El pasado no es un archivo cerrado ni una lista de hechos fijos; es una materia viva que reescribimos cada día y que dicta las reglas de nuestro presente. Por cierto, si os apetece hincar el diente al texto sobre el papel -algo que os recomiendo encarecidamente-, se han hecho varias ediciones de la obra, pero para mí la mejor publicación existente es, sin duda, la de Ediciones Cátedra, por el mimo y el análisis que aporta a la lectura. Sea como fuere, con este montaje el autor firma uno de los mejores trabajos de su carrera y se consolida como una de las voces fundamentales del teatro contemporáneo. Su gran logro es, precisamente, convertir la incertidumbre en una fuente de emoción y en una herramienta para entender el mundo.

Toma nota, palomitero: Debido al gran éxito de público, El jardín quemado ha ampliado sus funciones en el Teatro de La Abadía hasta el próximo 12 de julio. Si se te pasa la oportunidad, tendrás que esperar a enero, mes en el que arrancará su gira nacional. No te lo pierdas: es de esas raras joyas que no terminan con el aplauso, sino que siguen creciendo dentro de ti mucho después de salir del teatro.

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