Nació el 21 de marzo de 1958 en una familia de clase trabajadora en el distrito londinense de New Cross. Su padre era alcohólico y abandonó a su madre, cuando Gary tenía siete años.
Decide estudiar teatro cuando fue a ver a Malcolm McDowell en If, película que le marcó.
Empezó en el mundo del teatro y en televisión. Entre 1985 y 1986 fue miembro de la Royal Shakespeare Company.
Destacó interpretando un personaje en el Drácula de Francis Ford Coppola. Y estuvo sensacional en Inmortal Beloved, interpretando a Beethoven.
Pero Gary Oldman demostraría su camaleónica faceta de actor en Hannibal, secuela de El silencio de los corderos, junto a Anthony Hopkins.
La característica de este actor es la intensidad, su fuerza interpretativa, que le ha hecho destacar en muchos rodajes. En la trilogía de Batman también estuvo sensacional, y su Churchill es antológico. La película titulada Darkest Hour, en su título original, es un magnífico retrato del gran estadista inglés. Pocos actores hubieran interpretado a Churchill, con la fuerza de Gary Oldman.
Y, para más inri, interpretó a Herman J. Mankiewicz en Mank de David Fincher. Todo papel es posible para un actor tan completo y de un registro interpretativo tan amplio.
Claro deudor de la generación de grandes actores ingleses como Finney, Bates y O´Toole, Oldman es considerado hoy día uno de los grandes del cine británico.











