¡Mis queridos palomiteros!
The Silence, en su episódico paso por Madrid, es un montaje teatral dirigido por el alemán Falk Richter en el Teatro Valle-Inclán, una de las sedes del Centro Dramático Nacional —de cuyos trabajos ya hemos informado—. Se trata de una pieza de autoficción que intenta mezclar el drama familiar con la crítica política, aunque no siempre logra que ambas piezas encajen. Richter, figura clave de la Schaubühne de Berlín, trae aquí su sello habitual: tecnología en directo y una carga intelectual muy marcada.
Visualmente, la propuesta es sobria y utiliza cámaras para proyectar lo que ocurre en escena, buscando meternos en el desorden mental y los recuerdos del protagonista. Sin embargo, el montaje se percibe algo encorsetado; da la sensación de que los movimientos y el espacio están demasiado atados a las marcas del libreto, sin dejar que la acción fluya de forma natural. El texto acapara tanto protagonismo que la imagen se ve relegada a un plano secundario.
Todo el peso de la representación recae en el joven dramaturgo de 40 años, Dimitrij Schaad, su único intérprete, que hace todo el papel en lengua alemana y que el público puede seguir a partir de varios letreros luminosos con los sobre títulos en español. El acierto de su trabajo está en cómo maneja el contraste entre lo que el personaje calla por pudor y el estallido de una rabia que ya no puede controlar físicamente. Schaad logra que el intento de descifrar la relación con su madre sea lo más real del montaje, atrapándonos en ese territorio de reproches y afectos mal gestionados.
Sin embargo, el texto de Richter peca de querer explicarlo todo. Es una escritura densa que a veces corta el ritmo de la historia. Aunque la estructura fragmentada busca imitar los fallos de la memoria, lo que acaba provocando son altibajos y partes un poco repetitivas.
Al final, cuando intenta conectar el drama personal con la historia de Alemania y el silencio de la posguerra, la mezcla se siente forzada, más como una lección teórica que como una experiencia que te remueva por dentro. Es un montaje tan ambicioso como irregular: tiene escenas de una gran potencia actoral, pero el exceso de su discurso le resta fuerza al conjunto. Es una obra que lanza preguntas incómodas al espectador, pero que también pone a prueba su paciencia.
- Es intolerable que el respetable desoiga el aviso de que se apaguen los teléfonos móviles y no se consulten durante la representación. El viernes 10, el día del estreno, el móvil se consultó y sonó varias veces.











