noviembre 2020 - IV Año

ENSAYO

Evocación política y social sobre el primer Unamuno

Miguel de Unamuno ha vuelto a la actualidad con motivo del film de Alejandro Amenabar “Cuando acabe la guerra”, en que se abordan los últimos compases el final de su vida a través de los sucesos del Paraninfo de la Universidad de Salamanca y después como consecuencia de dos hechos adicionales no menos importantes.

Uno, el descubrimiento en los archivos nazis donde se reconocen ciertas maniobras de su postergación para ser premio Nobel de Literatura y dos, por el documental de Manuel Menchón, presentado en el festival de cine de  Valladolid, recientemente, que intenta reconstruir sus últimos momentos que determinaron su final.

Por todo ello, se hace preciso detenerse en el principio, en sus primeros pasos, en el inicio de la formación de su pensamiento, aproximar el foco al perfil del Unamuno joven, de sus inquietudes políticas y sociales en el inicio de su vida activa.

En sus primeros momentos, Unamuno se asoma al  pensamiento del nacionalismo sabiniano, centrando su interés en sus propias raíces vascas, quedando focalizado el análisis en el encaje federal de Euskadi, en el marco de sus señas de identidad y la inquietud intrínseca por construir un pensamiento propio.

Al hilo de esos inicios y aproximaciones conoció en Bilbao, los mítines de los federalistas de Pi y Margall. Ese fue su punto de partida.

Desde ese momento, Unamuno captó el pensamiento federalista del político y escritor republicano, tan importante entre los personajes de la Primera Republica, convirtiéndose a partir de ese instante  en un personaje a tener en cuenta.

Acudió a sus mítines y quedando seducido por su pensamiento. Fracasado el intento republicano y federalista de la Gloriosa, la Restauración Borbónica de 1876 devino en un turno de gobierno de partidos entre liberales y conservadores, poco atractivo para nuestro personaje.

Los grupos opositores a la Monarquía procedían del campo republicano, todos ellos eran poco atractivos aun también para Unamuno, que rechaza el republicanismo de Ruiz Zorrilla y de otros pequeños grupos políticos como vía para satisfacer sus inquietudes.

Solo el pensamiento de Pi y Margall atrae su atención. Acude a sus mítines y lee sus textos. La ideología de Pi y Margall constituye una de las más influyentes en la segunda mitad del siglo XIX. Su libro “Las nacionalidades” atrae su atención. El propio Unamuno admite que es el primer libro de política que cae en sus manos, siendo para él desde ese momento un libro sagrado. Fue el primer libro que influyó en su pensamiento sobre las regiones y nacionalidades en España.

En su búsqueda impenitente, sus inquietudes se centraron en el pensamiento y la obra  de Carlos Marx, deteniéndose en los conocimientos sobre economía y sociedad, estudiando la oposición económica a la Restauración desde esa perspectiva.

En esa inmersión en el pensamiento marxista se siente atraído por el socialismo y el movimiento obrero que en aquellos momentos era incipiente.

Pablo Iglesias funda el 2 de Mayo de 1879 el PSOE en Madrid y Facundo Perezagua, metalúrgico toledano, lo hace y lo difunde en Bilbao, fundando en la capital vizcaína, un socialismo de profundas raíces obreras, el 16 de Julio de 1886,  siendo su máximo exponente por varios años en toda Vizcaya. Posteriormente en 1921 sería partidario de unirse a la III internacional, por lo que figura entre los fundadores del PCE.

Atraído por las ideas de ese nuevo movimiento político de base social obrera frente a los partidos dinásticos,  Miguel de Unamuno, pide el ingreso en la Agrupación de Bilbao con el objetivo de contribuir a colaborar con este nueva vía de participación política y social.

El propio Ramiro de Maeztu saluda esta iniciativa mediante un artículo titulado “El socialismo bilbaíno” señalando Bilbao como la meca del nuevo socialismo como fuerza política, frente al nacionalismo bizcaitarra y el anti-maquetismo imperante.

Es preciso señalar que la nueva formación está formada por “maquetos”, es decir, por trabajadores que acuden a Euskadi al calor del desarrollo industrial que a finales del siglo XIX y principios del XX compusieron el núcleo fabril más importante en el Norte de España. Es preciso reconocer que las aportaciones del joven Unamuno mueven a llenar de doctrina el socialismo vasco y que sus aportaciones a partir de ese momento alcanzan a elevar a un nivel superior el pensamiento del socialismo vasco a partir de ese momento.

En 1894, año de la incorporación de Unamuno al socialismo vasco, éste se materializa a través de sus aportaciones al órgano de prensa “La lucha de Clases” que se edita en Bilbao, cuyo primer número salió el 7 de Octubre de 1884, bajo la dirección de Valentín Hernández.

Este órgano fue hasta principios del siglo XX la revista más importante del nuevo partido, alcanzando más relevancia que “El Socialista” en Madrid, fundado por Pablo Iglesias, que tuvo en sus primeros pasos más dificultades para difundirse.

Unamuno afirma por carta en esos tiempos lo siguiente:

“Me puse a estudiar la economía política del capitalismo y el socialismo científico a la vez y ha acabado por penetrarme la convicción de que el socialismo limpio y puro, sin disfraz ni vacuna, el socialismo que inició Carlos Marx con la gloriosa Internacional de trabajadores, al cual vienes a refluir corrientes de otras partes, es el único ideal hoy vivo de veras, es la religión de la humanidad”

Estos contenidos tan prometedores, fue la respuesta al director de “la Lucha de Clases” cuando éste órgano aparece y le hacen llegar un ejemplar.

Esperanzado en contribuir a  esa causa, se suma a ella con el firme propósito de que los “obreros Intelectuales” se integren a esa iniciativa ofreciéndose a firmar sucesivas colaboraciones y prometiendo aportar y contribuir a la causa mediante sus conocimientos de alemán como traductor de esa lengua y a cuantas iniciativas se desplieguen

Fácil  debió de ser y puede uno imaginarse la respuesta, cuando Valentín Hernández, el director, conoce la respuesta de Unamuno y con ello su propuesta de trabajo. Dentro de esa nueva aportación,  el 21 de Octubre se publica una carta de Unamuno en el órgano de prensa de los socialistas vizcaínos titulado “Un socialista mas” que fue comentado en los periódicos locales alcanzando un notable impacto. Hernández le escribió ante el notable revuelo alcanzado entre los medios periodísticos y el interés producido entre las llamadas “Gentes de levita”, preguntándole si estaba dispuesto a afiliarse al partido y si estaba en contacto con Pablo Iglesias. El órgano de “El Socialista  el 2 de Noviembre publica también su escrito y el revuelo producido en los medios de prensa vascos, que reproducen ese compromiso. En la carta publicada y reproducida después ya se manifestaba Unamuno socialista en 1892. Algunos de los preludios socialistas de Unamuno se encuentran en las páginas autobiográficas de “Paz en la Tierra”, primera novela que publico en 1897.

A partir de ese diciembre de 1894, Unamuno escribe con regularidad durante dos años en “La Lucha de Clases”, evocación retrospectiva que se puede leer en 1903, reconociendo la tarea de divulgación como una de las más nobles que ha emprendido. A partir de ahí son más escasas las colaboraciones, reduciéndose la colaboración a los números extraordinarios, con la diferencia de que  éstas ya iban firmadas. Es preciso reseñar que en este órgano de prensa, se acordó que muchas colaboraciones aparecieran sin firma por expreso acuerdo del consejo de redacción.

De estas colaboraciones y de su correspondencia en Salamanca sale la sugerencia de Pablo Iglesias de crear un grupo socialista en Salamanca con la colaboración de tipógrafos de la zona. La carta que intercambiaron en Diciembre de 1894, la colaboración que Unamuno no se pudo cumplir, más allá de conseguir algunas suscripciones al periódico socialista. Las colaboraciones posteriores de Unamuno le llevaron a colaborar en la corrección del libro “Guía práctica del compositor tipográfico” de Juan José Morato (Madrid 1900) uno de los historiadores de cabecera del socialismo español.

También son conocidas las colaboraciones de Unamuno con la revista socialista alemana “Der Sozialistische Akademiker” y con el movimiento anarquista a través del dirigente Anselmo Lorenzo y del órgano de prensa “Ciencia Social”.

En el caso de éste acercamiento iniciado en 1896, tuvo su momento álgido al interceder Unamuno en la liberación de Corominas detenido por un atentado en Barcelona perpetrado por grupos anarquistas, a principios de siglo XX. Corominas fue un dirigente del movimiento obrero anarquista del primer momento junto con el tipógrafo  Anselmo Lorenzo.

De cualquier manera, aunque acusado de participar en un atentado, Corominas es puesto en libertad por mediación del ya Catedrático de Salamanca. Unamuno llegó a solicitar clemencia ante Cánovas, bien por ello, o bien por falta de pruebas, el juez de instrucción determinó su puesta en libertad.

De cualquier modo, es preciso indicar que el idilio intelectual de Unamuno con el anarquismo militante no fue igual de intenso que con el socialismo español, con el que tuvo más concomitancias.

Es preciso anotar también colaboraciones menores con “La Nueva Era” órgano más intelectual aunque de vida efímera que dirigía el dirigente socialista Antonio García Quejido. En éste caso, la revista posteriormente cambio de nombre, denominándose “La Revista Socialista”, tuvo cierto predicamento al escribir en ellas importantes figuras intelectuales, como Altamira, Costa, Dorado Montero y otros.

Mención aparte fue la colaboración de Unamuno con la “Revista Blanca” órgano movimiento anarquista dirigido por Federico Urías, creado en 1898, en Madrid.

Un documento que Unamuno remitió para su publicación a la redacción de esa revista titulado “Por la libertad de conciencia” alcanzó cierto peso. En ella Unamuno conspicuo defensor la libertad de pensamiento, extendió en él sus reflexiones sobre el derecho a cambiar de opción política. No obstante, su distancia con los anarquistas fue aumentando progresivamente.

En otro contexto, y dentro del interés de Unamuno en profundizar en muchos aspectos sociales, es preciso señalar su aportación al traducir el libro” La reforma Agraria” de Kautski. Este texto fue publicado originalmente en 1898, y en él intervino Unamuno ajustando la traducción y participando en su polémico contenido sobre la propiedad agraria en Alemania, dando a conocer con ello a éste autor socialista.

Es importante señal también el interés mostrado por Spencer, otro autor de gran atractivo para Unamuno. La interpretación hegeliana y socialista del pensamiento de Spencer se manifiesta a finales del siglo XIX. Su puesta en escena continuó con la traducción de Verdes Montenegro de la obra “Socialismo y Ciencia Positiva” de Enrico Ferri, adaptador del primero, donde se pone de manifiesto en 1895 que el marxismo no es sino el complemento social de las teorías evolucionistas de Darwin.

Finalmente, no podemos por menos de citar la influencia en el pensamiento de Unamuno, de Joaquin Costa y el Krausismo. Su pensamiento ético y reformista están presentes en sus referencias de las primeras obras de Unamuno y en la perspectiva del joven que va madurando en sus reflexiones, tal es el caso de la ya citada obra “Paz en la guerra”, que recoge muchos rasgos autobiográficos en que el autor señala buena parte de su pensamiento, y de cómo éste se fue construyendo.

Hay que señalar también, que aunque Unamuno entró en el PSOE en 1894, y fue candidato por este partido a Cortes, sin salir elegido en 1896 por Elche/Alicante, su baja en el PSOE data de 1897.

No obstante lo anterior, continuó colaborando con publicaciones del ámbito socialista.

No hay que olvidar en esos años, Unamuno figuró en sus listas municipales en 1895, empatando con otro candidato conservador no ejerciendo la actividad finalmente, porque en el desempate no llegó a ejercer la función como edil.

Unamuno fue Rector de Salamanca, en 1901, renovando varios mandatos ese compromiso, simultaneando esa actividad con su compromiso político e ideológico a lo largo del tiempo, mediante sus escritos y conferencias, siempre animando a comprometerse como intelectual al servicio de la República.

Prueba de ello, de que su compromiso político sigue adelante, es que la Dictadura de 1923, le destierra a la isla de Fuerteventura.

Unamuno finalmente renovó su compromiso político una vez más aceptando ir en la candidatura de diputado a las Cortes Españolas por la circunscripción de Salamanca, en 1931, siendo elegido como independiente en las listas de la coalición republicano-socialista del período 1931-33. Esta actividad como parlamentario merece otro análisis, así como los años posteriores hasta su muerte en Diciembre de 1936.

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