marzo 2021 - V Año

ENSAYO

Julio Hernández Ibáñez, un profesor republicano transterrado

El término transterrado fue propuesto por el filósofo José Gaos, que bautizó a los exiliados republicanos españoles con este neologismo. Ni él ni muchos de ellos se sentían cómodos bajo una denominación “exilio” que podía inducir al victimismo permanente y a sentirse permanentemente extranjeros en América. Mediante la palabra “transterrados”, Gaos, trató de establecer una continuidad cultural, pero también ética y política entre el compromiso social que la mayoría de los exiliados habían adquirido en la España republicana y lo que les quedaba por hacer en América Latina (a la que desde su perspectiva, internacionalista e iberoamericanista, debían sentir, también, como propia).

En este artículo vamos a reflejar la vida y el compromiso de un profesor de Instituto que tuvo un destacado papel en las experiencias pedagógicas de la II República y que como tantos otros es poco conocido.

En primer lugar vamos a describir brevemente la evolución de la presencia de la enseñanza no confesional en Madrid en la última fase de la monarquía, en este asunto tuvo el Ayuntamiento de Madrid un papel destacado al ser el responsable de la propuesta de solares (hay que señalar que la presencia de la enseñanza religiosa era abrumadora y la pública escasa y en muy malas condiciones de habitabilidad), gracias a la intensa dedicación de Andrés Saborit como concejal socialista desde 1920, se diseñaron y construyeron un importante número de Grupos Escolares públicos, sobre todo Escuelas Graduadas, que se realizaron en el final de la Monarquía y en gran parte durante la II República. El desarrollo de la segunda enseñanza en Madrid es también especialmente llamativa ya que en apenas 10 años se pasó de tener 3 a 15 institutos. Los dos primeros eran el de San Isidro y el Cardenal Cisneros que surgieron por las disposiciones de 1845 y fueron los únicos que ostentaban la categoría de institutos de primera clase a nivel nacional. En 1918 apareció el tercer centro: el Instituto-Escuela creado a instancias de la Junta de Ampliación de Estudios. Sin embargo, desde 1929 en la que termina la Dictadura de Primo de Rivera y 1939 cuando comienza la de Franco, se crearon 12 centros nuevos. El Instituto Nacional de Segunda Enseñanza Velázquez fue uno de ellos, se estableció en un local habilitado al efecto, en la calle del mismo nombre en el nº 74 según el callejero del Madrid de 1932. Tras la guerra civil sería sede durante unos años del Instituto femenino Beatriz Galindo.

Julio Hernández Ibáñez de Garayo nace en Vitoria (Álava) en 1895 y se desplaza profesionalmente a Madrid, donde es profesor de Geografía e Historia en el Instituto Velázquez durante la II República. Dentro de su compromiso sindical forma parte de la FETE-UGT asumiendo responsabilidades como dirigente, siendo vocal de la ejecutiva elegida en un Comité Nacional en enero de 1936, y se mantiene en el III Congreso de junio de 1936, por lo tanto, forma parte de la ejecutiva que dirige la FETE durante la guerra civil. Al producirse el golpe se incorpora como un miliciano más a la defensa de Madrid en la sierra de Guadarrama, donde se le ve en la foto en la fuente Cossío, la FETE además refleja en su revista (El Trabajadores de la Enseñanza) estos acontecimientos y hace reuniones en el frente de Madrid en señal de apoyo.

A los pocos meses de comenzar la guerra la ATEMYP (FETE provincial de Madrid) elige una comisión ejecutiva presidida por Victoria Zárate, en cuya Secretaría se encuentra Carlos de Sena, dando un protagonismo especial a los profesores de Instituto, al formar una estructura interna diferenciada de tres sindicatos del sector educativo: Sindicato de Maestros laicos y privados, Sindicato de Maestros (públicos) y Sindicato de Enseñanza Media y Superior (en donde se incluirían demás los trabajadores de archivos y bibliotecas), y dentro de este último se elige una ejecutiva de cinco miembros de la que Julio Hernández es uno de los componentes.

El Sindicato de Enseñanza Media y Superior de la FETE de Madrid presenta en octubre de 1936 un proyecto al Ministerio de Instrucción Pública (MIP) para el establecimiento de un bachillerato abreviado, con el fin de facilitar el acceso de los trabajadores a la Universidad, que es desarrollado legislativamente por el Ministerio de Instrucción Pública en noviembre de 1936. Estos estudios se incorporan en una nueva institución denominada Instituto para Obreros (IO), con una primera experiencia en Valencia y que con posterioridad se desarrollaría en otras ciudades como Madrid, Barcelona y Sabadell. El IO incorpora una primera dirección en enero de 1937 con la propuesta de Julio Hernández como director junto con Victoria Zárate como jefa de estudios, ambos trasladados de Madrid ante el avance de las tropas franquistas, todo ello bajo el gobierno de Largo Caballero.

La estructura de las enseñanzas impartidas era de cuatro semestres, se comienza con 130 alumnos, ochenta de ellos en régimen de internado, con un amplio abanico de edades de quince a treinta y cinco años, lógicamente son limitadas en edad por las circunstancias de la movilización militar por las periódicas necesidades del frente. Todos los alumnos cobraban un salario además de desarrollar los estudios; el objetivo era que pudieran seguir manteniendo a sus familias mínimamente y no abandonaran los estudios por esta razón. Esta primera dirección del IO al finalizar el curso es sustituida por otra dirigida por Enrique Rioja como segundo director y Núñez Arenas (que sería posteriormente el cuarto director del centro) dirigentes de la izquierda muy señalados en la vida sindical y política.

¿Cuál era además otra razón para la urgente necesidad de ampliar estas enseñanzas? La presencia predominante de los jesuitas en la Enseñanza Media había producido un crónico déficit, al bloquear éstos su acceso a la misma, y no aceptar la autoridad republicana indicada en la Constitución (artículo 26, párrafo cuarto), manteniendo una preeminencia de sus votos al Vaticano (cuarto voto) sobre la autoridad del Estado, resultando expulsados de la enseñanza, haciéndose efectivo el 23 de enero de 1932. Ya con anterioridad durante el siglo XX lo habían sido de Francia en 1901 y de Portugal en 1910, esta expulsión no ocurrió sólo en este siglo, sino que había ocurrido en varias ocasiones en la mayor parte de los países europeos. En España había ocurrido anteriormente en otras dos ocasiones: en 1820 durante el trienio constitucional y en 1868 durante el sexenio revolucionario.

Julio fue un docente socialmente comprometido y militante en las organizaciones socialistas, relacionándose especialmente con Rodolfo Llopis. Forma parte también de diversas asociaciones profesionales y librepensadoras, entre otras la Logia Ibérica nº7 en Madrid, donde coincide con Llopis y, al salir éste del MIP en febrero de 1933, constituyen la Liga de la Educación y de la Enseñanza (LEYE). Es propuesto como presidente de la comisión de pedagogía y Llopis como presidente de la LEYE, teniendo un papel interesante en la organización de los profesores con inquietudes sociales y pedagógicas avanzadas.

Finalizada la etapa valenciana, Julio se incorpora al frente, pero no existen datos de esta actividad. Al finalizar la guerra, en febrero de 1939, parte al exilio a Francia, país en el que permanece hasta 1951. Desde allí vuelve a emigrar definitivamente en el barco Lavoisier a Argentina, donde permanece durante 28 años hasta su fallecimiento en 1979.

En la etapa francesa del exilio es un destacado dirigente socialista del grupo de los negrinistas; forma parte del equipo directivo de Julia Álvarez Resano y de su acuerdo con la Unión Nacional Española (UNE) que agruparía a diversas fuerzas del exilio (entre otras el PCE); organiza a los miembros de FETE en Francia, siendo elegido presidente del grupo profesional en Francia en agosto de 1945 y en octubre de 1946; su sustitución se produce en octubre de 1947. Durante este período forma parte de las Fuerzas Francesas del Interior (FFI) en la lucha contra los nazis. Eran los momentos en que los exiliados españoles esperaban que los aliados intervinieran en España y acabaran con la dictadura franquista; esta plataforma fue una palanca interesante para poder influir en el futuro de la educación española. En esta etapa es además dirigente del CADI (organización de atención a los inmigrados en Francia, con apoyo de la Resistencia francesa), lo que le permite viajar por el territorio controlado por ésta al finalizar la presencia alemana y el gobierno de Vichy.

De la etapa argentina se conoce su desempeño como profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional del Suren, en Bahía Blanca, al sur de la provincia de Buenos Aires. Es titular hasta 1969 de diversas materias relacionadas con la Geografía e Historia Antigua, donde probablemente la dejaría por jubilación, falleciendo en 1979 en Argentina. Se trata una vez más de un transterrado español que formó parte de ese flujo cultural de España a América por las circunstancias de una historia nuestra que es enormemente desconocida aún.

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