La génesis de la búsqueda de nuevas rutas comerciales que permitiesen el paso del océano Atlántico al Pacífico se ha de situar en 1453 con la caída de la ciudad de Constantinopla. Este hecho supuso el final del Imperio romano de Oriente o Imperio bizantino, pasando a controlar el Imperio otomano el importante estrecho del Bósforo, paso marítimo entre el mar de Mármara y el mar Negro. Esta crucial ruta comercial conectaba Europa con las islas de Ceilán y de las Especias, la costa Malabar, Catay y Cipango. Dichas zonas eran productoras de múltiples y variadas especias para condimentar los alimentos (canela, nuez moscada, clavo de olor y pimienta negra), además de sedas, lacas, piedras preciosas y otros artículos de lujo, siendo cerrado su flujo para los comerciantes europeos.
Portugueses y castellanos iniciaron la búsqueda de nuevas rutas hacia las fuentes de dichos recursos naturales y la riqueza que implicaba su comercio. Citaremos como ejemplos de dicha búsqueda la expedición castellana de Cristóbal Colón, intentando llegar a través del océano Atlántico, y por parte portuguesa, la circunnavegación de África bordeando el Cabo de Buena Esperanza. Además, dentro de dicho contexto, no podemos dejar de citar la denominada Armada de la Especiería, más conocida como la expedición de Magallanes y Elcano (1519-1522), la cual supuso la primera circunnavegación de la Tierra, el paso del estrecho de Magallanes y el descubrimiento para los europeos de las «islas Felipinas».
Debemos indicar la existencia de unas delimitaciones en las áreas de navegación y exploración entre Castilla y Portugal, definidas por dos tratados entre dichos reinos:
- a) Tratado de Alcaçovas (1479-1480): su objetivo principal era finalizar el conflicto entre Castilla y Portugal, estableciendo los derechos al trono de ambos reinos. En dicho tratado, también se acordaba la distribución de territorios en el Atlántico entre los dos firmantes, manteniendo Portugal el control sobre sus posesiones de Guinea, la Mina de Oro, Madeira, las Azores, Flores y Cabo Verde. Castilla obtenía el control sobre las islas Canarias, futuro punto de apoyo para las expediciones atlánticas.
- b) Tratado de Tordesillas (1494): estableció una línea de demarcación entre las coronas de Castilla y Portugal de polo a polo, trazada a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde. Implicó la demarcación de zonas territoriales, dividiendo el mundo entre España y Portugal, además de la obligación de uso de rutas marítimas por ambos firmantes.
Esta nueva distribución dejó al resto de Estados como única solución el uso de rutas por el norte, bien hacia el oeste, buscando el Paso del Noroeste, bien hacia el este, como intentarían los Países Bajos.
Respecto al término «paso», se ha de relacionar con los significados «posibilidad de pasar» o «lugar apropiado para pasar», convirtiéndose en un sinónimo, en términos geográficos de estrecho, como en el caso del famoso Paso de Calais, en el canal de la Mancha.
Como apunta Mariano Cuesta Domingo, «la búsqueda del paso presupone la existencia de un obstáculo sobre el que hay que transitar, o que se debe atravesar, o al cual hay que bojear; que debe encontrarse en algún lugar concreto a una u otra latitud; que debe ser buscado, que ha de ser hallado».
Debemos recordar que con anterioridad a las exploraciones árticas, cuya finalidad era encontrar el Paso del Noroeste, muchos navegantes se habían aventurado al norte del círculo polar ártico. Entre ellos, encontramos a los vikingos, quienes, por su cercanía, llegaron a zonas árticas, así como a pescadores y balleneros que frecuentaron esta área.
Al contrario que los buques pertenecientes a las marinas que tenían la obligación de registrar sus viajes en los diarios, los pescadores y balleneros no compartían información de sus navegaciones, reservándose la localización de los ricos bancos de bacalao o zonas de concentración de ballenas y focas.
Es en este momento cuando se produce una de las grandes gestas de la exploración humana, donde las vivencias acaecidas por los exploradores reunieron épica, dramatismo, sacrificio y superación, dando como resultado una historia de la exploración ártica que no solo dejó su impronta en la denominación de los accidentes geográficos, sino que también dejó muchos héroes, pero pocos éxitos.
Entre los principales intentos de descubrimiento del Paso del Noroeste y siguiendo la aportación de Andrés Paredes, podemos destacar en orden cronológico los siguientes:
1) Expedición de Giovanni Caboto, genovés al servicio del rey Enrique VII de Inglaterra, quien le concedió autoridad y permiso para «navegar a todas partes, regiones y costas de mares del este, oeste y norte, bajo nuestros estandartes, banderas y enseñas, con cinco barcos o navíos de la carga y calidad que quiera y con cuantos y cuales marineros y hombres desee llevar con él en los dichos barcos, a su propio cargo y gasto, para encontrar, descubrir e investigar, sean islas, países, regiones o provincias de paganos e infieles, sean en las partes del mundo que antes de ese momento fuesen desconocidas para todos los cristianos».
Caboto realizó el descubrimiento para los europeos de la isla de Terra Nova, Terranova, en 1497.
2) Expedición de Martin Frobisher, marino inglés que en 1578, en su tercer viaje en busca del Paso del Noroeste, descubrió la isla de Baffin y el estrecho de Hudson. Recordemos que el estrecho de Hudson conecta la bahía de Hudson con el océano Atlántico. Frobisher dio nombre a la bahía que se encuentra en el estrecho de Davis, situada al sureste de la isla de Baffin. Además, esta expedición supuso la creencia, durante mucho tiempo, de haber encontrado el ansiado paso entre los dos océanos.
3) Expedición de Henry Hudson, explorador inglés, quien en 1610 atravesó el estrecho que recibiría su nombre, adentrándose en la bahía de Hudson, un auténtico mar interior al poseer un área de 1.230.000 kilómetros cuadrados, algo más de dos veces la superficie de la península ibérica. En esta cuarta expedición, Hudson decidió invernar en la bahía de James, teniendo que sufrir la tripulación el rigor de las bajas temperaturas, hasta 45 grados bajo cero, y la escasez de provisiones. Llegada la primavera de 1611, Hudson optó por reanudar la exploración, hecho que amotinó a la tripulación, siendo abandonados a su suerte en un bote con algunas provisiones Hudson, su hijo adolescente y algunos miembros de la tripulación, lo que implicaba su sentencia de muerte.
4) Expedición de William Baffin y Robert Bylot, en la que ambos marinos ingleses durante 1616 circunnavegaron la bahía de Hudson, encontrando tres entrantes: estrecho de Smith, estrecho de Jones y el estrecho de Lancaster, el cual sería el verdadero entrante al paso, aunque se desconocía en ese momento. Atravesó el estrecho al que da nombre y, siguiendo la costa de Groenlandia, llegó hasta los 72° norte. Recordemos que la latitud a la que se encuentra el círculo polar ártico es 66º33´52´´N.
5) Los decepcionantes resultados de diversas expediciones como las de Thomas Button (1612-1613), Jens Munk (1619), Luke Foxe (1631) o Thomas James (1631-1632), hicieron que en general se abandonase la búsqueda del paso del noroeste, aunque se produjeron intentos esporádicos como la expedición de 1719 de James Knight, la cual desapareció en la bahía de Hudson.
A principios del siglo XIX, el contexto europeo se caracterizaba por el final de las guerras napoleónicas y la superioridad inglesa en la mar. La marina de guerra inglesa se encontraba en ese momento con un excedente de buques y tripulaciones. Al no tener enemigo al que presentar batalla, destinó una parte de esos recursos a la exploración e investigación científica.
6) Expedición de David Buchan, llevada a cabo en 1818 con la intención de atravesar «el mar polar abierto», al creerse en ese momento que se podía alcanzar el océano Pacífico navegando desde la isla de Spitsbergen, perteneciente al archipiélago de Svalbard, situado en la unión entre el océano Ártico, el mar de Barents y el mar de Groenlandia. La expedición no logró su objetivo, volviendo a Inglaterra.
7) Expedición de John Ross, quien en 1818 exploró los estrechos descubiertos por William Baffin con la misión de registrar los datos geográficos y marítimos de dicho entorno. También se reconoció la costa occidental de Groenlandia, llegando hasta el estrecho de Smith, primero de los tramos del estrecho de Nares, uniendo este último la bahía de Baffin con el mar de Lincoln (uno de los brazos del océano Ártico), accediendo en dirección norte a la cuenca Kane.
Ross llegó a la conclusión, por error, de que el extremo norte del estrecho Smith estaba cerrado por una barrera montañosa, bautizando las montañas con el nombre de Crocker. La expedición contaba con dos navíos, siendo el segundo comandado por William Edward Parry, quien no observó las montañas Crocker y siempre manifestó su creencia de que dicha barrera fue fruto de un espejismo o de una acumulación de icebergs, siendo partidario de haber continuado la búsqueda del paso por el estrecho de Lancaster, el verdadero paso al Pacífico.
Ross pudo restablecer su reputación con la expedición de 1829-1833, descubriendo la península de Boothia y realizando una importante recopilación de datos científicos y etnológicos, especialmente de los inuits.
8) Expedición de William Edward Parry, quien en 1819 traspasaría el anteriormente citado estrecho de Lancaster, demostrando el error de la existencia de una barrera formada por las montañas Crocker. Al llegar al estrecho de McClure, quedó atrapado por la banquisa o capa de hielo flotante, no pudiendo culminar la travesía. Recordemos que el estrecho de McClure recibe su nombre en honor a Robert John Le Mesurier McClure, primer explorador ártico en completar la travesía del Paso del Noroeste.
El 19 de mayo de 1845, los buques Erebus y Terror zarparon del puerto de Greenhithe, Inglaterra, al mando de John Franklin, en la que sería conocida como la expedición perdida de Franklin, pero… esta es otra historia en una región que ha sido definida como «la representación de la soledad, la lejanía y la belleza».











