noviembre 2020 - IV Año

ENSAYO

Las contradicciones de Gertrude Stein

Chirrían, pedregosos sus senderos,
con la pupila negra y descarnada
Alfonsina Storni

stein1Con el paso de los años va quedando atrás el siglo XX. Fue un periodo trepidante, con conflictos bélicos, revoluciones, ‘welfare state’ y construcción europea. Hay que recordar también, esos años como culturalmente intensos. París fue el epicentro de las vanguardias y de la bohemia, donde a principios de siglo, jugó un destacado papel un club selecto de millonarios excéntricos muy vinculados a la crónica brillante, controvertida y creativa.

Pienso en Gertrude Stein que quizás sea el espejo en que se refleja el esplendor colorista y transgresor de una época. Mecenas, coleccionista, desprejuiciada, contradictoria… su casa fue, durante muchos años, lugar de reunión de los artistas e intelectuales más brillantes y destacados de París.

Me llama poderosamente la atención que cuando Picasso le hizo el célebre retrato, puso todo su empeño por llegar a parecerse a él… y, en cierto modo, acabo consiguiéndolo.

Fue una mujer valiente, sensible, insatisfecha, desgarrada y, sobre todo, contradictoria. Estadounidense, de origen austriaco y judía, toda su vida profesó un mal disimulado antisemitismo. Desde muy joven vivió al margen de los convencionalismos e incluso procuró imponer sus normas al ámbito en el que se desenvolvía. Gozaba de la libertad de poseer una situación económica muy holgada, que le permitía hacer lo que le viniera en gana. Comenzó medicina pero nunca la terminó… a lo largo de su existencia intentó forjarse una vida propia y convertirla en una obra de arte. Profundamente ególatra, encontró en el París que la fascinó, el lugar que había venido buscando.

Vivió intensamente, e intentó hacer de su vida una consagración a la estética y a la creación artística. Se negaba a admitir los límites establecidos y procuró transgredir cuantas más líneas rojas mejor. Gertrude Stein es inseparable de la vida bohemia, de las sucesivas vanguardias que acabarían por imponerse en la Europa de entreguerras. Las más destacadas tuvieron su origen en el parisino ‘barrio latino’.

Fue polifacética y original. Escribió novela, poesía y teatro y buscó en esos ámbitos plasmar una concepción de la literatura experimental y arriesgada. Es sencillamente admirable que intentara, hasta límites insospechados, probarlo todo y beberse la vida a grandes tragos. Quiso inventarse una escritura propia, a la que podría denominarse ‘cubismo literario’, es decir, escribir como los pintores vanguardistas pintaban. Su obra Three lives de 1909 explora estas técnicas y procedimientos.

stein2No le importaba ponerse el mundo por montera. No hacía ostentación de su lesbianismo, aunque tampoco lo ocultaba. Son significativos sus esfuerzos por adentrarse en lo prohibido e inexplorado y de tocar con las yemas de los dedos los espacios ignotos. Alice B. Toklas fue, durante muchos años, su secretaria y amante y, tras la muerte de Gertrude, su albacea. La serie de juegos y espejos parece no tener fin. La obra Autobiography of Alice B. Toklas, en realidad fue escrita por Gertrude. ¿Por qué? Quizás por el afán de experimentar, pero quizás también, por las dimensiones gigantescas de su ego y con la finalidad de alabarse sin mesura, procediendo esos halagos, teóricamente, de otra persona. Para complicarlo, aun más, son en realidad unas memorias, eso sí, escritas desde el punto de vista de su compañera y amante. El libro tuvo un éxito de ventas notable y llegó a convertirse en un precedente de los best seller. Admiraba a James Joyce y sus procedimientos originales, vanguardistas y excéntricos que revolucionaron la literatura de su tiempo. Sin embargo, mecenas de tantos escritores y pintores a Joyce no lo soportaba ¿envidia?, ¿celos?, ¿falta de empatía?

Indudablemente, durante largos años Gertrude fue una institución parisina. En los muros de su estudio, colgaban cuadros de Matisse, Picasso y otros pintores vanguardistas. A las famosas tertulias que celebraba en su salón acudían escritores como Hemingway o Scott Fitzgerald… se le suele atribuir, probablemente, con razón ser la autora de la denominación ‘lost generation’.

Alabó, en más de una ocasión, al mariscal Petain y en sus escritos aparecen menciones encomiásticas a Hitler. ¿Se puede ser más contradictoria cuando, por ejemplo, mantenía con Picasso una relación de amistad? No está suficientemente esclarecido el hecho de que durante la invasión alemana su colección de pintura se salvara ‘milagrosamente’ de la confiscación de la Gestapo. ¿Cuál fue el verdadero motivo? Permanece en la penumbra, aunque existen interpretaciones nada halagüeñas.

Hay quienes la consideran una pionera de la literatura modernista, ya que es proclive a quebrar la narrativa lineal así como las convenciones temporales del siglo XIX. Hay críticos que la inscriben en lo que se denomino ‘corriente de la conciencia’ en la que también figuran James Joyce y Virginia Wolff.

No es menos cierto que se muestra particularmente activa en una prolongada lucha interior en busca de su identidad, Con frecuencia fue blanco de los dardos envenenados de los conservadores y celosos guardianes de las buenas costumbres… por su excentricidad en el atuendo, por vivir al margen de lo establecido… por tanta y tantas cosas.

stein3En su casa, situada en las inmediaciones de los Jardines de Luxemburgo, se fueron acumulando colecciones de arte que demuestran su cultura, sus conocimientos artísticos y su olfato para adquirirlas, mucho antes de que sus autores se consagraran. Así junto a Matisse y Picasso las paredes fueron incorporando a Gauguin, Cézanne, Renoir…

En las tertulias de sus salones se hablaba de todo o de casi todo, pero un tema recurrente era el modernismo en literatura y arte. ¿Quiénes eran los contertulios más habituales? Junto a los nombrados anteriormente, sería injusto olvidar a Sinclair Lewis, Ezra Pound… estas irrepetibles y espléndidas reuniones tenían lugar los sábados por la noche. También, acudían con cierta frecuencia amigos de Picasso como Max Jacob. Guillaume Apollinaire o Henry Rousseau, e incluso Juan Gris.

Es apasionante lo que conocemos de esas veladas, en las que se mezclaba la mordacidad con la utopía y las más arriesgadas opiniones sobre logros formales y colores con exquisitos licores.

No conviene olvidar que Gertrude Stein gozó de una gran popularidad. Sus juicios y criterios eran, si no respetados sí tenidos en cuenta. Fue una figura que gozó de gran popularidad y que hoy, no dudaríamos en calificar de mediática.

Hay, incluso críticos, que la incluyen entre la literatura feminista de esa época, ya que mediante un lenguaje culto y experimental lleva a cabo una fuerte crítica al patriarcalismo que reinante todavía, en muchos cenáculos parisinos.

Su egocentrismo no tenía límites. Cuando volvió a Nueva York, después de muchos años, su vanidad se vio muy halagada debido a un anuncio luminoso en Times Square con la siguiente leyenda ‘Gertrude Stein ha llegado’. Eleonor Roosevelt, esposa del Presidente de Estados Unidos, la invitó a tomar el té. Se dio el gustazo de discutir con Charles Chaplin sobre los nuevos horizontes cinematográficos…

Hemos ido siguiendo, aunque con cierto desorden un método de aproximaciones sucesivas que fuera jalonando los gustos estéticos, las posiciones vanguardistas, las excentricidades y el valor que tuvo que su mansión parisina se fuera convirtiendo en un cenáculo de intelectuales y artistas pero también, en un centro difusor de opiniones que la acabarían situando como un personaje indiscutible de ese momento.

Quisiera añadir a lo anterior que es, también, una interesante ensayista, especialmente sobre arte. Ahí están, para atestiguarlo, sus ensayos descriptivos sobre Matisse y Picasso, a los que habría que añadir el que realizó posteriormente sobre Apollinaire.

stein4No cabe duda de que se trata de un personaje polifacético, lleno de aristas y muy contradictorio. Mundana y brillante pero retorcida y capaz de llevar a efecto acciones moralmente miserables.

Hay quien ha hecho hincapié en su feminismo, pero no son menos ciertas sus opiniones racistas o su apoyo al régimen franquista durante la Guerra Civil. En pocas personas se dan incoherencias mayores. Capaz de emitir casi alternativamente, opiniones reaccionarias y progresistas. Es sobradamente conocida la enorme cantidad de franceses que fueron colaboracionistas durante la ocupación nazi, en su caso, pretendió salvar su colección de obras de arte, valiéndose de su amistad con oscuros y siniestros personajes como Fay y en el más difícil todavía tradujo una colección de discursos del Mariscal Petain, a quien llegó a comparar en un alarde de oportunismo con George Washington.

Lo malo es que existe la Memoria Histórica y su ‘comprensión’ del régimen de Vichy no puede eliminar del recuerdo que colaboró activamente con el nazismo enviando a más de setenta y cinco mil judíos a campos de exterminio de los que sólo sobrevivió el tres por ciento. Ante crímenes de lesa humanidad como estos, es no sólo culpable quien colabora sino quien cobardemente, mira hacia otro lado.

La existencia de Gertrude Stein fue convulsa. Transitó desgarradamente por un periodo marcado por la violencia y por el auge de los totalitarismos fascistas pero también por una época culturalmente, muy viva marcada por las rupturas con la tradición, por ensayos formalistas y geométricos y por la eclosión de movimientos vanguardistas… uno de los lugares más emblemáticos del París de esa época fue su estudio.

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