mayo de 2024 - VIII Año

Un almirante ateneísta: D. Miguel Lobo

Retrato de M. Lobo. Museo Naval de Madrid

Se suele decir que «de casta le viene al galgo el ser rabilargo», y que me perdone D. Quijote, y eso cabría decir del Almirante D. Miguel Lobo y Malagamba. De apellido paterno asturiano, aunque su padre D. Manuel naciera en Jalapa (entonces parte de la Nueva España), nació en la marinera ciudad de San Fernando el 26.11.1821, un año después de la creación del primer Ateneo en aquel ya lejano 15.05.2020 del que hoy estamos celebrando haber culminado 200 años de vida y, con arrojo, andar por el camino del tercer centenario que es nuestra meta próxima.

El padre del que sería el Almirante Lobo, D. Manuel ascendería a brigadier el año 1826; su tío Rafael llegó a ser capitán de navío antes de fallecer en 1816 en la ciudad en que naciera, también Cádiz, y su hermano mayor, Ramón José, fue nombrado guardiamarina cinco años antes que el propio Miguel el 25.05.1835 año. Fue en ese año cuando la viuda del “felón” permitió reabrir el Ateneo de Madrid cerrado por su esposo en 1923 por su espíritu progresista y liberal, pese a que lo presidía el General Castaños al que, entre otros debía la corona. En ese mismo año Lobo participara en las guerras carlistas defendiendo el ”mayor derecho” de Isabel II frente a Carlos, el hermano de Fernando VII. Fueron épocas de un cierto progreso social: la constitución de 1836 liquidó el Antiguo Régimen con las leyes sobre señoríos y mayorazgos, abolió el diezmo y desamortizó los bienes eclesiásticos. Lobo es nombrado alférez en La Habana en 1841, el mismo año en que ocurre la segunda desamortización.

Tras el levantamiento de O’Donnell y el fusilamiento de Diego de León en 1842, al año siguiente Isabel II es nombrada reina; tiene 12 años. La marina se está renovando con la introducción del vapor. En 1847 Lobo recibe el mando del vapor de rueda “Magallanes” botado en Inglaterra. Tiene luego diferentes destinos en diversos barcos con los que pasea por todo el mundo. La Vicalvarada de 1854 da fin a la década moderada. Acaudillada por O’Donell, que configura la Unión Liberal en esos dos años, emerge entre los progresistas el republicanismo que confluirá con otras corrientes socialistas y federalistas.

Lobo traduce del inglés «La aguja de las tormentas”, manual de M. A. Becher de uso en la armada inglesa, del francés el  «Método para arreglar cronómetros por distancias lunares” de Henry Foynbec y en 1858 el «Derrotero de las islas Canarias», de M. Charles Philippe de Kerhallet. En 1859 traduce el «Tratado de navegación del golfo de Lyon» de M. A. Gouin y del inglés  las «Instrucciones para manejar botes de remos sin cubierta, en grandes resacas y rompientes, con observaciones prácticas propias para marineros u otros individuos que tengan botes a su cargo; a las cuales van unidas otras instrucciones para salvar a personas que estén ahogadas en apariencia». En 1860 publica, ya como autor, un folleto titulado «La Marina española tal como ella es. Defectos y vicios de que adolece, sin cuyo remedio serán estériles los esfuerzos que se hagan para su fomento» que tuvo gran fama por el análisis crítico que en él hace fruto de su amplia experiencia.

Participará también en la guerra contra Marruecos asistiendo a los buques que participaron en ella y a las tropas de marina que intervinieron en la batalla de los Castillejos que ganaría Prim, por lo que recibe la Cruz laureada de S. Fernando de 1ª Clase. Pocos años después participará en las pruebas del Ictíneo de Monturiol que alaba entusiasmado y le anima a terminar de perfeccionar su invento. Se le encarga la terminación del sistema de señales en la Armada que entrará en vigor el 01.01.1863. Nombrado Capitán de Navío en 1864 ese mismo año será nombrado también Mayor General de la escuadra del Pacífico. Participa en el bombardeo de Valparaíso y en la guerra del Callao substituye interinamente en el mando a Méndez Núñez mientras estuvo herido, al que finalmente relevará en 1868, el mismo año en que la revolución pone en la calle Isabel II. Ascendido a contraalmirante en 1869 es nombrado Jefe de la Escuadra de Suramérica.

Tras su relevo como Jefe de la Escuadra en 1871 es nombrado Comandante general en O Ferrol, ya bajo el reinado de Amadeo I. En 1873 hace la «Traducción francesa de la explicación de la teoría sobre que se fundan las principales tablas náuticas de D. José Mendoza y Ríos» y en 1874 del inglés la «Introducción al estudio teórico-práctico del levantamiento de planos hidrográficos» de J. K. Langhon, que será su obra póstuma (1878).

Su iniciativa gubernamental en contra del cantonalismo le hace tomar la ciudad de Cádiz, tras lo cual es nombrado Comandante general de la Escuadra del Mediterráneo. No consigue tomar Cartagena, pero finalizada la guerra cantonal es nombrado seis meses después Capitán general de la ciudad, logrando recuperar la actividad del arsenal en breve tiempo. Por razones sanitarias y lleno de condecoraciones y honores causa baja en 1873, reinando ya Alfonso XII tras el golpe de Estado del General Martínez Campos. Tuvo fuertes discrepancia con Cánovas del Castillo, que fuera Presidente del Ateneo, quién siendo Prsidente del Consejo de Ministros dijo de él, alabando su erudición y su determinación, «no cabemos ambos en el mismo Ministerio»

El año anterior a fallecer en París en 1876, se publicará su monumental obra en tres tomos “Historia General de las antiguas colonias hispanoamericanas desde su descubrimiento hasta el año 1808”. En ella rebate la leyenda negra y sin negar el afán de enriquecimiento propio del ser humano y los abusos de la mita, no obstante ser inferiores a los que ocurrían en la península en las minas de Almadén, destaca la huella que ha perdurado durante siglos fundida en esencia de las tierras y los hombres americanos y la generosidad y grandeza de la entrega con que se hizo. Inicia esta Historia General con la Guerra de Sucesión, iniciado el S. XVIII, analiza el escenario atlántico americano (buques de registro, flotas de Tierra Firme, ataques corsarios y filibusteros, etc.), el suceso de la emancipación de las trece colonias inglesas con el erróneo apoyo de España – los enemigos de nuestros enemigos no los convierte en nuestros amigos como comprobaría México una vez independizado – y los distintos ataques ingleses a las posiciones españolas empezando por La Habana en 1762, la pérdida de Trinidad en 1797, los acciones filibusteras de 1805 y aun la toma de Buenos Aires por los ingleses (1806). Acaba su obra con los levantamientos y rebeldías (1805-1808).

A esta ingente labor cultural se añade la de los numerosos artículos y ensayos publicados en El Diario Español, La España, La Ilustración, El Contemporáneo y El Clamor Público, entre otros, en una época en la que la lectura de los periódicos era el pan de cada día del ciudadano ilustrado, porque no podemos olvidar el inmenso nivel de analfabetismo que existía en el S. XIX y aun en el S. XX hasta que la labor de la II República con su plan general de escolarización empezó a poner coto al secular atropello al derecho de los ciudadanos al conocimiento.

Numerosos buques ostentaron el nombre del Almirante Lobo en homenaje a su excelente vida profesional, en tiempos harto difíciles, al servicio de España desde la Armada.

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Archivo Entreletras

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