junio de 2026

Ramón Paso: «Mi gran logro como dramaturgo ha sido colar a los empresarios tragicomedias vestidas de comedia

Querido Ramón, cuéntanos cómo surgió la puesta en escena de esta obra, Dos locas de remate.

Justo eso es lo que más me gusta de esta obra. Dos locas de remate / El reencuentro no tiene una puesta en escena; tiene más de veinte. Una comedia que nace en España y que viaja de España a Canadá pasando por Argentina, Chile, Uruguay, Costa Rica, Panamá, Puerto Rico, República Dominicana y México, para luego volver a la misma España donde surgió, pero en lugar de Madrid, en Zaragoza, ya no es una obra, es una interpretación. Curiosamente el éxito ininterrumpido de Dos locas de remate apuntala una verdad en la que creo con firmeza: nuestro idioma nos une, y esa unión hace posible que la sensibilidad contradictoria del español ría, sienta y se emocione igual que lo hace la sensibilidad guasona y dolorosa del puertorriqueño o la sensibilidad pausada y no mordida aún por lo políticamente correcto del argentino. Si yo tuviese que elegir la puesta en escena que mejor conecta con la idea que tenía al escribir la obra sería la de Manuel González Gil en Buenos Aires.

Como dramaturgo, has escrito muchas obras, en Dos locas de remate confrontas el tema de dos hermanas muy diferentes. El tema social está presente. ¿Qué quieres reivindicar con la obra?

Mi teatro nunca ha pretendido reivindicar nada. Si algo ha reivindicado, queriéndolo yo o no, ha sido al ser humano. El ser humano es una bestia capaz de lo mejor y de lo peor. En Dos locas de remate el tema principal es la imposibilidad de comunicarnos con exactitud. Yo le digo a un vecino, al cruzarnos hoy en el ascensor, qué buen día hace, y él, que ha perdido a su mujer, creyéndome enterado del suceso, ve una absoluta falta de sensibilidad en un comentario que sólo pretendía ser amable. Mi teatro siempre ha funcionado como una tarta: lleno de capas y capas que se pueden ir visitando dependiendo del hambre del espectador. Julia y “Catita”, como la llaman en Argentina y en México, son dos mujeres separadas por todo aquello que debería unirlas: la familia, y unidas por todo aquello que podría separarlas: un crimen.

Como autor te sientes muy cómodo en la comedia, pero me imagino que te interesa la tragedia. ¿Crees que el teatro que has llevado a cabo a lo largo de los años une ambos subgéneros?

Pues en realidad, sí. Creo que mi gran logro como dramaturgo ha sido colar a los empresarios tragicomedias vestidas de comedia. Para mí, la tragedia y la comedia son los únicos dos géneros puros que alcanzan su excelencia cuando hacen el amor.

Las lecturas dramatizadas que llevan a cabo en la compañía que diriges tienen mucho éxito. ¿Cuál es el secreto del éxito?

¿Qué es el éxito? Ésa sería la pregunta. Cuando era pequeño quería ser más grande que Shakespeare. Alrededor de los 30, me conformaba con ganarme la vida escribiendo y dirigiendo, y sin tener que pasar droga en el culo. Ahora mismo, para mí, el éxito radica en hacer lo que me apetece cuando me apetece sin tener que rendir cuentas a personas que, al fin y al cabo, pueden tener más dinero que yo pero, sin lugar a dudas, saber menos de teatro. Tengo la suerte de tener, moleste o no, algo que pocos tienen: linaje. Conozco el teatro desde hace mucho tiempo, en experiencia propia y pasada. Lo que ayer fue un éxito hoy nadie lo recuerda, lo que ayer no gustó, hoy todos lo celebramos. ¿Qué es el éxito? En este ciclo que realizamos en La LiVrería, yo nunca hablaría de éxito. Hablaría de un hombre, Ángel Jiménez, que ha editado un repertorio inmenso, que cree, como yo, en que el texto teatral es el principio de todas las cosas, que de ahí surge la puesta en escena, el trabajo del actor, la iluminación… y simplemente hemos decidido ver si tenemos razón o no. Por eso, este ciclo de representaciones leídas se despoja de todo aquello que no es imprescindible.

¿Por qué nos recomiendas leer Dos locas de remate?

No tengo un buen motivo que dar. Escribí esta comedia en 2016, se estrenó en el Teatro Maravillas (jamás estuvo en el Amaya, a pesar de lo que dice Internet) por Amparo Larrañaga y María Pujalte, ha cruzado el océano en ida y vuelta, y ahora la hemos representado leyéndola en La LiVrería de Ángel Jiménez de mano de Ana Azorín y Andrea Naya. ¿Por qué se debería leer? No lo sé, tal vez simplemente por curiosidad.

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