noviembre 2020 - IV Año

LETRAS

Augusto de Angelis (1888 -1944)

Padre de la novela policiaca italiana con contenido social

Una sola substancia 
resuelta en manantial de transparencias
Octavio Paz

De Angelis 1Augusto de AngelisAlgunas sociedades europeas, tomo como ejemplo la española y la italiana, van adquiriendo un perfil poco halagüeño. Se van desestructurando y volviéndose cada vez más violentas, llenas de hostilidad y de furor gratuito que nos produce una sombría sensación hipocondriaca.

Todavía, la situación no se ha convertido en irrespirable pero en Italia, sin ir más lejos, hay ciertos paralelismos y concomitancias con la etapa inmediatamente anterior de la llegada de Benito Mussolini al poder. Ha hecho su aparición el matonismo fascista y eso me parece abiertamente preocupante. Es un sentimiento difícil de explicar, algo así como si giráramos en el vacío.

Hace pocas semanas se nos ha ido Andrea Camilleri, con su Comisario Montalbano. Ha cumplido a finales del siglo XX y en lo que llevamos de XXI, el cometido de utilizar el armazón de la novela negra para plantear aspectos políticos, que de otra forma, difícilmente hubieran llegado al lector. Obsérvese que la novela política como tal, ha desaparecido del mapa. Y es que la novela negra, heredera en cierta forma de la policiaca, lo que añade a esta es realismo, crítica social y denuncia política.

A finales de Agosto tuve ocasión de pasar unos días en Italia. Compré un libro que me acompañó en los ratos muertos que todo viaje proporciona, era de Augusto de Angelis, lleva por expresivo título ‘Il banchieri assassinato’ y, desde que se reeditó o redescubrió, a finales de los sesenta, está presente en las librerías junto a otros casos del Comisario Carlo de Vincenzi, un investigador imaginativo, sensible, integro y humano.

¿Cuándo se publicó la novela? en 1935, es decir, en una época turbulenta donde el fascismo iba expandiéndose, eliminando violentamente a quienes le estorban, hasta configurar una dictadura oprobiosa y un ambiente irrespirable.

Siento una viva simpatía por Augusto de Angelis. En esa época sombría supo actuar con entereza, coraje y permaneciendo fiel a sus convicciones democráticas. Fue periodista y puede considerársele el primer escritor que da un contenido social y, en cierto modo, político a la hasta entonces novela policiaca.

Naturalmente el fascismo aplastaba inmisericordemente cuanto no convenía a sus intereses. Fue perseguido, encarcelado y murió como consecuencia de una brutal paliza que le propinó un matón fascista. Lo que es bueno que no olvidemos, puesto que el caso Giacomo Matteotti no fue, desde luego, un hecho aislado.

Me parecen abiertamente preocupantes la radicalización y las posturas intolerantes y extremistas, de una derecha rancia como la que representa Salvini. Se mueve como pez en el agua entre tópicos e invenciones, esgrimiendo medias verdades que tienen mucha más relación con la mentira y, sin inmutarse lo más mínimo, ante el daño que causa.

Con una chulería ofensiva, sigue estrategias sistemáticas de desmoralización del adversario y, en tanto en cuanto le es posible, va inoculando su veneno.

De Angelis 2Un efecto no deseado pero que viene a actuar como corolario es la desaparición de la controversia, dando lugar a un simplismo de blanco o negro del que han desaparecido los matices, y que provoca una sensación desoladora.

Tiene mérito, indudablemente, quienes como Augusto de Angelis supieron resistir, oponiéndose con inteligencia y habilidad a un clima de persecución y de censura férrea.

Cuando se esgrime la ‘Razón de Estado’ como un fin en sí misma, se está empezando a perder el norte. Cuando la racionalidad se bate en retirada y se sustituye por movilizaciones y cánticos enfervorecidos, se va creando un vacio que casi siempre está carcomido por la corrupción. La instrumentalización política crece de día en día. El miedo va extendiendo sus tentáculos y dejando tras sí miradas asqueadas… así como una perplejidad paralizante.

Una mirada crítica y atenta puede, sin excesiva dificultad, establecer correlaciones y relaciones de causa efecto entre el presente y el pasado. Augusto de Angelis estuvo, especialmente activo, durante los años del fascismo italiano. Muchas de sus obras están protagonizadas por el Comisario de Vincenzi y contienen una ardorosa defensa de lo que otros sin escrúpulos pretenden aniquilar. Así, por no citar más que un ejemplo, ocurre con ‘El candelabro de las siete llamas’ -1936-, donde hace una defensa, que le costaría cara, del judaísmo en un momento en el que era abiertamente vilipendiado y perseguido.

Conviene añadir que sus novelas tuvieron un éxito, nada desdeñable, aunque no lo dejaron disfrutar mucho tiempo. Pronto le alcanzaron las consecuencias de la censura de un régimen totalitario.

Publicó una serie de artículos valientes, sensatos y de un inequívoco contenido democrático en ‘La Gazzetta del Popolo’, que le acarrearon una detención y una estancia en la prisión de Como. Tras cumplir su condena un matón fascista le propinó una tremenda paliza que acabó con su vida unos días más tarde.

Quizás merezca la pena añadir que escribió una más que interesante biografía de María Antonieta -1934-. Añádase a esto, que sus novelas protagonizadas por el Comisario Vincenzi han sido llevadas, con éxito a la televisión, protagonizadas por Paolo Stoppa.

Llegados a este punto, creo que es apropiado esbozar unas ideas acerca del Comisario Carlo de Vincenzi. Es, desde luego, un inspector atípico. Tiene un inequívoco aire intelectual, aficionado a la poesía y, también, algo poeta. Si hubiera que hacer hincapié en alguna de sus cualidades, no dudaría en señalar su agilidad mental. Se aparta, en algunos aspectos, del modelo de investigación tan típicamente deductivo de Sherlock Holmes, que es casi unánimemente imitado, no sólo por diversos novelistas británicos sino por muchos seguidores del género policiaco continentales.

Chocar con una censura totalitaria era sólo cuestión de tiempo. No sólo por sus ideas y convicciones democráticas, sino porque el régimen mussoliniano ‘vendía’ una imagen falsa de una Italia libre de delincuencia y presentaba un modelo que había superado los conflictos sociales que tenían lugar en ‘las corruptas democracias europeas’.

Todo esto, daba lugar a situaciones ridículas y risibles, que conocemos bien por estos pagos, pues la dictadura franquista incurría en parecidos supuestos. Pongamos un par de ejemplos: era recomendable que el criminal no fuera italiano, puesto que en el nuevo régimen los italianos no debían cometer crímenes. Por el mismo o parecido motivo se convertían, arbitrariamente, los suicidios en accidentes, puesto que nadie se suicidaba en la Italia fascista. En la conocida como ‘Repubblica di Salò’ estos criterios delirantes y otros parecidos, seguían vigentes, por lo que no es de extrañar que muriera como consecuencia de una agresión ominosa y brutal.

Añádase a esto, las frecuentes citas de autores que eran considerados peligrosos o degenerados como es el caso de Sigmund Freud, que además reunía la condición de ‘judío’ o de Oscar Wilde, cuya homosexualidad era ofensiva por los fascistas mussolinianos que hacían gala de un insolente y obsceno machismo.

Desde su recuperación en los años setenta, puede afirmarse que Augusto de Angelis es considerado un clásico. Es indudable que advirtió con sagacidad el enorme potencial y proyección de la novela policiaca con tintes realistas. Partiendo de ella era capaz de poner en ‘solfa’ aspectos violentos y marginales de la sociedad, dando lugar a críticas tanto de carácter social como político.

Los buenos aficionados a la novela negra, creo que disfrutarán con las elucubraciones, dimes y diretes del Comisario Vincenzi como precursor de un género crítico, político y social.

Augusto de Angelis como hemos afirmado es ya un clásico y, los clásicos deben estar siempre al alcance de la mano. ¿Por dónde empezar? Les sugeriría que por el Caso del banquero asesinado, ya que constituye la primera aparición del Comisario Vincenzi y contiene claves interpretativas para explorar los títulos siguientes que constituyen una unidad, que si bien se presta a altibajos, sigue una trayectoria a veces rectilínea y otras curva, que ha sido capaz de dejar una huella indeleble.

Es igualmente meritorio que supiera liberarse y transcender el rígido modelo anglosajón con sus tópicos inamovibles y sus fórmulas estereotipadas.

Para el lector aficionado a este género constituirá, sin duda, una experiencia más que interesante, disfrutar de la lectura de dos o tres novelas de Augusto de Angelis, protagonizadas por el agudo, escéptico y sensible Carlo de Vincenzi.

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