marzo de 2026

La fuerza de la vida de Galdós

Sí, Galdós era Fortunata.  Igual que Flaubert era Madame Bovary. Galdós habla de Fortunata, de su fuerza y su pasión, de su espontaneidad del pueblo, de su vivacidad, de su sinceridad. Ella, la amante y no la esposa, ella que solo tiene como documento que ama. No ha pasado por el notario ni por el cura pero lleva la vida al protagonista.

Igual que Nazarín quiere llevar la vida al cristianismo, Marianela quiere amar desde el interior al que la atiende, la mujer de Misericordia ayuda a los demás digan lo que digan los beatos y los mezquinos. Galdós era más espiritualista que todos los espiritualistas de carnet y de salón. Y está tan vivo después de cien años.

En sus libros no había solo costumbres, había la fuerza de la vida, lo que él quería expresar. Sobre todo en su segunda época, la de las “novelas españolas contemporáneas”, desde “Miau” a “Fortunata y Jacinta”.  Cuando se olvida de simplismos ideológicos. En ellas vibra la España de la época, y vibra la humanidad entera con toda su vida.

También lo vemos en la tercera época, la de las novelas más espiritualistas y casi simbolistas. Lo vemos en “Misericordia”, con esa fuerza de generosidad. Con ese defender la vida de la señora burguesa, aunque la señora burguesa al final sea tan mezquina que no dé las gracias e incluso la amenace. Con esa mostrar la mezquindad y la tacañez de la burguesía y la fuerza de la vida pese a todo.

Lo vemos en “Nazarín”, en ese querer que el cristianismo sea algo vivo de verdad contra la burocracia eclesiástica. En ese soñar que el cristianismo fuera algo vivo de verdad y no el peso muerto de vestiduras eclesiásticas, de ritos y de cánones.

Lo vemos en todos esos tipos que bullen tan llenos de vida en tantas novelas. Todos esos personajes que se mueven por la calle Toledo o los aledaños de la Plaza Mayor en Madrid.  Todo ese tumulto de la vida de Madrid en la época de la Restauración.  El tumulto de psicologías y de pensamientos. Lo que van pensando cuando van por las calles, como hacía Fortunata.

Galdós empezó defendiendo ideas en novelas un poco simples en su primera época, pero acabó mostrando la variedad de la vida sorprendente en tantos personajes diversos.  La originalidad y la creatividad de la vida.  Para mí es eso el logro principal de su literatura.

Y lo mismo encontramos en su estilo. Su estilo tenía vida y actuaba contra lo reseco y lo académico. Hizo con el español lo que hizo Mark Twain con el inglés. Casi diría que se adelantó a Jack Kerouac y a Henry Miller con toda la torrencialidad de su estilo, la vitalidad de los diálogos, las comparaciones chocantes, la espontaneidad de los giros.  La gente cree que el estilo es adorno y confitura. Pero no, el estilo es el alma de un autor, es lo que da vida a su obra, su latido. El estilo es la literatura.

Sí, Galdós era Fortunata, estaba todo él en Fortunata. Y también en la infinidad de personajes a los que dotó de vida y vibración. Inventó el monólogo interior antes que Joyce. Inventó las técnicas del cine antes que el cine.

Durante mucho tiempo yo pensé como Darío que Galdós era garbancero, ramplón. Pero después vi que en él late la sublimidad de la vida. Y que los garbanzos son sabrosos.

COMPÁRTELO:

Escrito por

Archivo Entreletras

Estratagemas, contraestratagemas y miserias
Estratagemas, contraestratagemas y miserias

CRÓNICAS TRANSANDINAS Releo a Jared Diamond para tratar de sacar de su breve historia de la humanidad en los últimos…

Kafka: una meditación
Kafka: una meditación

Kafka (al que, en adelante y deliberadamente, llamaremos K) vivió su yo bajo la sombra. Bajo una sombra esquiva, gigante…

¿Para qué filosofía?
¿Para qué filosofía?

Hablar de filosofía hoy precisa constatar su crisis, ya larga, provocada por las derivas seguidas por los propios filósofos contemporáneos.…

115