mayo de 2024 - VIII Año

Los últimos días de Stefan Zweig, de Laurent Seksik

Ediciones Casus-belli, 2012

Laurent Seksik es un escritor francés, médico de profesión que es conocido por su trilogía de novelas históricas sobre ciertos personajes clave: Stefan Zweig, Albert Einstein y Romain Gary.

En el caso de “Los últimos días de Stefan Zweig”, la novela recrea los últimos momentos de la vida del escritor en su último destino en Brasil, en la ciudad de Persépolis, donde encontró acomodo en su larga diáspora huyendo de los nazis. Son seis meses en los que el autor retrata el mundo interior del escritor, sus fantasmas, su desesperación y sus inquietudes en medio de un mundo europeo que se derrumba. Corren los años 40 al 42 y para el escritor de cultura alemana lo que acontece le resulta insoportable.

Los acontecimientos que relata son el resultado de bucear en los archivos de la época, así como en los testimonios de los que trataron al escritor y a su última mujer, Lotte, y en los documentos que completaron la recreación de la vida de los protagonistas. Lotte era una joven judía, oriunda de Katowice, mucho mas joven que su pareja, a la que conoce en Inglaterra, durante su primer lugar de destierro.

Enamorada del escritor, inicio su convivencia en Londres como asistente en su trabajo. Su afinidad se fue estrechando hasta que el escritor decide abandonar a Friderike, su primera esposa. Deciden casarse ambos en Bath, lugar donde el escritor fue confinado bajo vigilancia por las autoridades británicas. Su huida de Viena y su permanencia en Inglaterra fue posible por la ayuda de sus amigos los escritores británicos Bernard Shaw y H.G. Wells que mediaron ante sus autoridades. Abandonarán Inglaterra pronto ante las limitaciones de movimientos impuestas y los bombardeos alemanes sobre suelo británico. Le falta al autor sosiego suficiente para escribir.

En ese momento Stefan Zweig decide dejar a su mujer con la que había compartido muchos años en Viena, para iniciar su nueva vida errante. No es la primera vez que Friderike conoce de sus devaneos con las asistentes del escritor, pero esta vez el asunto ha ido más lejos.

Con una nueva ilusión a su lado, ambos van cambiando de asentamientos. Con ella compartió todo su tiempo en Inglaterra y USA, hasta que deciden afincarse en Brasil. Incluso su estrecha convivencia les llevó a compartir un último abrazo, el último suspiro antes de morir. Así fueron encontrados en la cama en el exilio brasileño.

La recreación del periplo del escritor esta descrita a trazos en el texto. Se inicia cuatro años antes de la llegada de las tropas alemanas a Austria, en ese proceso propiciado por Hitler en sus aspiraciones territoriales. Es lo que se denominó Anexión, o Anschluss, en 1938, acontecimiento seguido por Stefan Zweig ya desde fuera de su país.

Es un momento clave en la vida de este autor. Su situación en 1934 ya se hacía insoportable. La subida de Hitler al poder en Alemania, en 1933, desbarata toda su vida. Es en ese momento un escritor de fama, con reconocimiento social y con intensas relaciones con otros escritores de todos los paises del mundo. El cambio le llega como un proceso progresivo de proscripción y silencio.

Como activista político y como intelectual ya se había manifestado contra la guerra de 1914.Su relatos, biografías y novelas eran conocidas por toda europa. De familia acomodada, había estudiado en la Universidad de Viena y tanto en el teatro y el ensayo, como en el periodismo había destacado pronto como un gran escritor. Sus novelas alcanzaron un considerable relieve y aun ún hoy, hay que contar con ellas para visualizar toda una época del mundo centroeuropeo al que perteneció.

Su pensamiento antibelicista le venía influido desde que trata con Romain Rolland y su obra. Este hecho ya le condujo aún primer exilio en Suiza. Después del armisticio de 1918 vuelve a Viena donde se casa con Friderika María Burger. Cada vez más se enfrenta a las doctrinas nacionalistas que van alcanzando cada vez un gran empuje en Austria. Publica en 1927 “Momentos estelares de la Humanidad”, una de sus obras capitales. Durante el final de los años 20 y la primera década de los años treinta afianza sus relaciones con la pléyade de escritores de habla alemana, con los que comparte amistades y relaciones.

Muchas de sus evocaciones sobre ellos reaparecen en su último destino, en el exilio de Petrópolis, cerca de Rio de Janeiro, a donde parece haber encontrado la paz. Se recoge en el texto su falta de acomodo a la vida americana, la angustia de revivir, de nuevo, con otros ciudadanos, la búsqueda de papeles, las solicitudes de ayudas, las peticiones de dinero para sobrevivir en un mundo tan diferente como el americano. Ayuda a todos los que puede desde Nueva York, pero encuentra que no es su lugar ideal para establecerse y el clima no le sienta bien a Lotte.

Conoce desde allí los momentos más angustiosos de la guerra y de las consecuencias del nazismo. Algunos de sus conocidos se suicidan como Ernest Toller, incluso cuando aún acorralados, y en precario, ya disfrutan de una situacion alejada del peligro de muerte. Otros como Thomas y Klaus Mann, Frank Werfel, Berthold Brech, seguirán la diáspora del exilio. Con algunos mantendrá contacto como con Jules Romains. Le llegarán noticias de otros amigos unos asesinados en Alemania, o Francia. Ante la situación personal y política unos pocos han decidido quitarse la vida. Su dolor es insoportable.

Son extraordinarias las recreaciones que lleva a cabo este autor francés para conocer el alcance de mundo intelectual e interior de Stefan Zweig. Es muy meritorio el esfuerzo por dar a conocer su mundo, sus angustias y sus inquietudes, sus fantasmas y sus deseos, Son momentos de desesperación en que cada noticia que le llega se suma a la anterior como una losa provocándole su bajada a los infiernos. Siente la angustia por un mundo en el que ve que no le queda ya sitio ni futuro, ni lugar donde no queda espacio para la democracia.

Todo se exacerba cuando recibe amenazas de agentes antisemitas y nazis que le llegan a sus manos desde algunos de los núcleos alemanes afincados y presentes en Brasil. Brasil será el lugar de acogida posterior de muchos de los que luego llegarán en la debacle europea del final de la guerra.

En sus estancias en Petrópolis aun visita a George Bernanos, el escritor francés, exiliado también en Brasil, después de abandonar la Acción Francesa y sus concomitancias con el gobierno títere. Aunque de convicciones católicas había abandonado Francia ante las posiciones reaccionarias del gobierno de Vichy. Ya había vivido las matanzas de republicanos españoles en la Isla de Mallorca, hecho que le dejó horrorizado. Su encuentro es un esfuerzo compartido por ahuyentar los fantasmas. Queda recogido como un último esfuerzo por hacer frente a la desesperación. Son dos escritores exiliados que comparten un mismo destino. La destrucción de un mundo que han conocido y que no volverán a conocer como era. Bernanos aún volverá a Francia. Stefan Zweig decide morir. No volverá a pasear por el Prater de Viena, ni por los palacios de Salzburgo, ni volver a sus conciertos, de los que era tan aficionado.

A pesar de toda esta larga agonía ha generado una obra literaria colosal, biografías memorables sobre Balzac, María Antonieta, María Estuardo o Fouche, entre otras. Ha dado a conocer ensayos, obras teatrales, y novelas. Pero sobre todo dejó un legado de obras inolvidables, como “El mundo de ayer”. Las memorias de un europeo, un recordatorio de los valores democráticos. Un canto a la cultura. “Carta a una desconocida” o “Veinticuatro horas en la vida de una mujer” son obras admirables, entre otras muchas, que escribió, y nos dejó como legado.

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