julio 2021 - V Año

LETRAS

Galdós en el horizonte epistolar de Blasco Ibáñez (y II)

…viene de Galdós en el horizonte epistolar de Blasco Ibañez (I)

blasco3Por su parte, ni Soriano ni el propio Blasco estaban dispuestos a envainar la espada con que pensaban combatir al jesuitismo. Más allá de la prensa, lo volvieron a hacer el 23 de junio en un mitin celebrado en el salón Variedades, en Madrid. Ante un auditorio que rebasaba el aforo de la sala, Lerroux, Junoy, Soriano y Blasco Ibáñez, miembros del ala más radical del republicanismo español, estaban decididos a responder a una manifestación clerical que había recorrido las calles de Madrid la semana anterior. Y fieles a su intención, Soriano empezó a hablar indicando que era el portavoz de Galdós y, con él, traía a los asistentes el espíritu de Electra. Por su parte, Blasco, sin necesidad de pertrecharse en la autoridad moral de su admirado maestro, aparte de abogar por la libertad de cultos, se encarnizó con los jesuitas y con todos aquellos que se apropiaban del nombre de Jesús, un personaje que de haber nacido en aquella época «estaría con los libertarios» (El Imparcial, 24-VI-1901). Alentado por los apasionados oradores, los asistentes al acto procedieron a manifestarse en la calle. En un número estimado de dos mil personas (El Cantábrico, 24-VI-1901), la comitiva desfiló por las calles de Atocha, de León y la Carrera de San Jerónimo, con proclamas a favor de la libertad y la República, y en contra de los clericales. Hubo momentos de tensión, con encontronazos entre los manifestantes y las fuerzas del orden público. Incluso hizo acto de presencia el gobernador civil, invitando a los organizadores a disolver el acto, si bien solo concluyó este cuando Blasco y Lerroux pronunciaron unas breves palabras junto al Retiro, en el mismo lugar donde fueron fusilados los sargentos sublevados en junio de 1866, en el cuartel de San Gil.

En los territorios de la contienda política siempre fueron importantes los gestos cargados de simbolismo. Como se ha visto también, la concreción teatral de Electra intensificó el debate ideológico en torno a la cuestión religiosa. Paralelamente a esta polémica, un grupo de escritores pusieron en circulación una revista literaria para la que eligieron como cabecera el ya famoso título del drama galdosiano, transformado en bandera reivindicativa de la libertad de conciencia. En ella colaborarían plumas tan reputadas como Darío, Azorín, Machado o los mismos Soriano y Blasco. En concreto, este último publicó en el número 4 de la revista (con fecha de 6 de abril de 1901) el cuento «El lujo», un relato que días después volvió a aparecer en El Pueblo (11-IV-1901), curiosamente, en la misma página donde se extractaban unos fragmentos del artículo «La España de hoy», que Galdós había publicado en un rotativo austríaco, como si de este modo se pretendiese consolidar la hermandad con el escritor canario.

galdos3Sin embargo, pocos años más tarde, la relación entre Blasco y Galdós experimentó un cambio evidente, coincidiendo con el progresivo acercamiento del primero a Madrid, donde iba a terminar instalando su domicilio, su propio negocio editorial, e incluso vería sacudida su biografía sentimental. Es decir, la siguiente carta de la correspondencia conservada nos remonta a 1905. Aunque no lleva fecha, puede contextualizarse fácilmente como respuesta a otra cursada por Galdós, donde acepta «las dos butacas para el estreno de Bárbara», obra que se estrenaría en el teatro Español el 28 de marzo. Para esta ocasión, Blasco confirmaba la asistencia en compañía de su esposa, María Blasco: «iremos mi mujer y yo». En cambio, unos meses después, ya en 1906, el novelista valenciano volvía a dirigirse a don Benito para cursarle la siguiente petición:

Adjunto le envío un retrato de Ud., comprado por una señora chilena, muy guapa y muy cachonda, que creo vio Ud. en el estudio de Sorolla. Póngale Ud. una dedicatoria detonante, como la bomba de Morral, pues esta gachí está por todos los novelistas.

Como se va a París mañana domingo, por unos días, le ruego encarecidamente que esta noche o mañana envíe Ud. el retrato, al hotel Santa Cruz, calle de Alcalá, frente a la Equitativa.

Me lo dieron para que se lo enviase a Ud. hace semanas, y yo por olvido no cumplí la comisión. Sáqueme Ud. pues del compromiso para que yo no quede en mal lugar.

Aunque el literato se expresa como el desinteresado intermediario que teme faltar a las obligaciones de la galantería, lo cierto es que esa dama chilena, tan guapa y cachonda, en quien se reconoce a Elena Ortúzar, había cautivado su corazón hasta entablar una aventura sentimental que le obligaría a viajar a París, por aquellas fechas, en más de una ocasión, excediendo luego los límites de una relación clandestina.

Entre estas dos cartas, no obstante, hubo otra que ya hacía preludiar el signo de las prioridades de Blasco. De vuelta otra vez a 1905, nos topamos con una misiva en la que figura esta solicitud:

Canalejas me dice que en vista del mal tiempo, conviene que aplacemos el banquete hasta el próximo domingo.

Como él siente gran entusiasmo por nuestra idea y desea que resulte lo mejor posible, insiste en esta petición que yo creo aceptable.

Si Ud. no dispone otra cosa aplazaremos pues el banquete.

carta de VBI a GaldósEl escrito debe fecharse pocos días antes de la celebración del banquete literario que tuvo lugar en los Viveros, de Madrid, el 23 de abril, para sentar las bases de una nueva publicación en la que tanto Blasco como Galdós formaban causa común, «nuestra idea»: se trataba de La República de las Letras. Al evento acudió el mentado Canalejas, así como otros ciento sesenta comensales, entre políticos, artistas y escritores. Terminado el almuerzo y descorchado el champán, el propio Blasco expuso el proyecto: «el periódico debía ser popular, con un amplio criterio en que pudiesen alternar las ideas más contradictorias, y que debía llevarse inmediatamente á la práctica» (La Época, 25-IV-1905). Habiéndose acordado que gobernarían las riendas de La República de las Letras los señores Pérez Galdós, Morote, González Blanco y Blasco, intervino don Miguel de Unamuno. Lamentablemente, las palabras del rector salmantino causaron cierta polémica, como quedaría patente días después en el artículo «¡Es mucho ya!», publicado en El Motín, el 29 de abril, donde se le desautorizaba con acritud por su singular afán de exhibicionismo.

Dejando a un lado el dato anecdótico, el primer número de esa nueva publicación publicitada como «ejemplo de amplia tolerancia» (Nuevo Mundo, 4-V-1905), apareció el 6 de mayo. En él, Galdós se encargó de dejar bien sentados los propósitos de la misma: «no viene á mover guerra entre los espíritus, sino paces» (1906: 260), en esa especie de carta de presentación que constituía el artículo inicial. A su vez, Blasco contribuyó con un estudio sobre la novela social. Durante su primera época, hasta el 9 de agosto de 1905, se publicaron catorce números (Ruiz Casanova 2001: 285). Aunque se ha sugerido que la segunda época de la revista, entre el 14 de abril y el 22 de julio de 1907, contó con la aportación económica de Blasco (Villar 2005), es más que posible que este ya se hubiese desvinculado del proyecto, pese a participar en su último número, dedicado a homenajear a Galdós. Desde el otoño de 1905, aquel estuvo más interesado en la marcha de la Editorial Española Americana y el éxito de la célebre colección de La Novela Ilustrada, al frente de la cual situó a Fernando Llorca, quien con el tiempo se convertiría en su yerno.

A pesar de que todavía estaba involucrado en el ámbito político y, a través de él se mantenía al tanto de los movimientos que de cara al futuro se realizaban en las filas del republicanismo nacional, como revelaba Morote en carta a Galdós de 24 de julio de 1905: «Fuimos Blasco Ibáñez y yo a ver a Salmerón y este nos dijo algo que le interesa saber a usted. Nos dijo que él quería una candidatura de gran altura para Madrid y había pensado en los nombres de Galdós y de [Ramón y] Cajal» (cf. Rodríguez-Moranta, 2014: 414); aunque su nombre figuraba, junto al de Galdós, en un «extraño documento» en el que se protestaba al ministro Montero Ríos «¡por haber colocado éste á sus yernos!» (La Lectura Dominical, 1-7-1905); Blasco tendía a priorizar cada vez más la creación literaria y el negocio editorial, entendido a un mismo tiempo como medio lucrativo y de divulgación.

En esta dirección apuntan las dos cartas que le remitió a Galdós inmediatamente después de regresar de su viaje hasta Turquía, en compañía de Elena Ortúzar. Mediaba el mes de diciembre de 1907, cuando le urgía a «hablar con Ud. extensamente de un importante asunto literario y editorial referente a América». El tema debía de ser tan importante que, preocupado por la llegada de la misiva a su destino, volvió a redactar otra (el 20 de diciembre) con idéntico contenido: «Necesito hablar a Ud. de un importante proyecto editorial para América, que tal vez será de su agrado». Desconocemos las dimensiones de dicho proyecto, aunque por aquel entonces ya figuraba como colaborador de la revista argentina Caras y Caretas y del diario La Nación. Recuérdese, asimismo, que, en 1901, su admirado Zola le había sugerido que el continente americano era un mercado editorial que merecía ser explotado. ¿Quizá Blasco quería plantear algún tipo de negocio en ese sentido? Es probable, porque la admiración hacia Galdós también se extendía hacia el modo en que este último publicaba sus obras. Por eso, mientras estaba en pleno proceso de redacción de La horda (1905), Blasco escribió a su socio Francisco Sempere exponiéndole la relación comercial entre Galdós y la Casa Hernando como modelo a seguir:

Me he enterado de cómo las hace Galdós [las novelas], y es del modo siguiente. Galdós se imprime las novelas. Claro que la Casa Hernando, teniendo existencias y cuentas con él, adelanta el dinero de papel e impresión, pagando las facturas.

Ya está el libro tirado. Pues la Casa Hernando se encarga de él con los siguientes derechos […]

Hay que estudiar esto y hacerlo igual que lo hace Galdós (cf. Herráez 1999: 44).

Y por si exis6. Publicidad de La Novela Literaria tiesen dudas sobre el conocimiento del asunto tratado, Blasco volvería de nuevo sobre él en otra carta donde aseguraba haber tenido «yo en las manos las liquidaciones de Hernando a Galdós y las ha examinado» (cf. Herráez 1999: 44). ¿Quién le había facilitado la consulta de tales documentos? ¿Acaso en la Casa Hernando o, tal vez, el propio autor de Electra en una muestra de confianza? Cualquiera de las opciones resulta factible. Antes de la marcha de Blasco a impartir conferencias en Argentina, en 1909, hubo ocasiones sobradas para que él y su querido «maestro» coincidieran en Madrid. Por ejemplo, ambos dieron su apoyo a la Alianza Hispano-Israelita, promocionada por Colombine desde la Revista Crítica (1908). La misma publicación convocó ese año un certamen literario en que los dos escritores formarían parte, junto a la periodista almeriense, del jurado que habría de juzgar las novelas presentadas (La Época, 13-9-08).

Las circunstancias de la vida determinaron, sin embargo, que el primer viaje a Argentina de Blasco fuese el punto de partida de un progresivo distanciamiento físico de España. Por eso, la última carta que testimonia su relación con don Benito está datada el 26 de mayo de 1918 y fue remitida desde la Costa Azul francesa. Desde allí, Blasco le informaba del proyecto, del que él mismo era artífice, de publicar una «colección de novelistas contemporáneos» en la que figurarían los autores más célebres de todo el mundo. En tanto que director literario de la misma, el propio Blasco se encargaría de prologar cada volumen con un estudio sobre el escritor y su obra. Actuaba así «por el gusto de realizar una obra de cultura literaria y de propagar indirectamente nuestras ideas». Expuesto su propósito, le proponía a Galdós enriquecer el catálogo de Prometeo con la publicación de Tristana. A cambio de su autorización para hacerlo, le garantizaba la rápida entrega de mil pesetas. Cierto que no era una suma considerable, pero, mostrando dotes de consumado negociante, el autor de la carta recurría a argumentos persuasivos (remarcamos con cursiva): «Todos los novelistas extranjeros se han dado cuenta de que nuestro público no representa gran cosa financieramente, y han cedido sus libros a precios modestos» o «Ud. tiene una novela que no creo se haya vendido como las otras, que no conocen muchos de sus lectores, y que sin embargo yo he admirado siempre: Tristana». Como supuestamente Blasco emprendía la gestión por cuenta propia, quedaba abierto a otras contrapropuestas de Galdós, como publicar otro libro o varias novelas más.

Ignoramos si esta epístola tuvo respuesta y cuál fue el tenor de la misma. Pero el hecho de que esta aventura editorial no parece haber cuajado en los términos esperados, no es óbice para reconocer la confianza de Blasco en el tirón comercial de la obra del autor canario, una figura literaria de la que, ya en 1897, había dicho que llenaba «la historia de la cultura española de este siglo», que cuatro años después alimentó sus proclamas anticlericales con la invención de Electra, y cuya biografía se precipitaba, en 1918, en una dirección antagónica a la suya. Con una diferencia de veinticuatro años de edad, el maestro Galdós, ciego y envejecido, estaba a punto de conocer cómo Blasco alcanzaba la cima de la gloria internacional en los Estados Unidos, transformándose en auténtico escaparate de la literatura española. Eso sí, pese a las lógicas disparidades entre personajes de temperamento tan notorio, hubo en ellos una afinidad envidiable: más allá de sus complicidades republicanas, de sus reconocidas habilidades en el arte de la narración, e incluso de su interés por las mujeres, en ambos existía una afinidad progresista que les empujaba a tender puentes y ampliar horizontes. Ese era el objetivo confesado por Galdós en el citado artículo con que prologaba la aventura de La República de las Letras: un periódico «para que todas las hechuras del pensamiento y de la fantasía puedan llegar a los términos distantes de la publicidad». Una intención no muy distinta de la aspiración blasquista de una república que hermanase todas las naciones de habla castellana y que tuviese como presidente honorífico a don Miguel de Cervantes. También en ese afecto hacia el genio de las letras españolas se sintieron hermanados Galdós y Blasco Ibáñez, porque el diálogo literario permite tan singulares conexiones e incita a crear nuevos mitos.

Bibliografía citada

ALONSO, Cecilio, «Imágenes de Galdós en la prensa entre dos siglos», en Actas del Octavo Congreso Internacional galdosiano 2005, Las Palmas, Cabildo de Gran Canaria, 2009, pp. 66-116.
ARMAS AYALA, Alfonso, «Aspectos biográficos de Galdós: gente nueva», en Actas del Cuarto Congreso Internacional de estudios galdosianos (1990), Las Palmas, Cabildo Insular de Gran Canaria, 1993, II, pp. 287-303.
HERRÁEZ, Miguel (ed.), Epistolario de Vicente Blasco Ibáñez-Francisco Sempere (1901-1917), València, Consell Valencià de Cultura, 1999.
MAINER, José Carlos, «Cien años después: sobre Electra», en Yolanda Arencibia et al. (ed.), Actas del VII Congreso Internacional Galdosiano: Galdós y la escritura de la modernidad, Las Palmas, Cabildo de Gran Canaria, 2013, pp. 957-972.-, «Galdós, escritor del siglo XX», en A. Capalvo Liesa (coord.), Miscelánea de estudios en homenaje a Guillermo Fatás Cabeza, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2014, pp. 489-497.
NUEZ, Sebastián de la y SCHRAIBMAN, José, Cartas del archivo de Pérez Galdós, Madrid, Taurus, 1967.
PÉREZ GALDÓS, Benito, «La República de las Letras», en Memoranda, Madrid, Perlado, Páez y Compañía, 1906, pp. 259-263.

RODRÍGUEZ-MORANTA, Inmaculada, «La República de las Letras (1905): entre el regeneracionismo y el republicanismo militante. Correspondencia inédita con Galdós», Anales de Literatura, 26, 2014, pp. 393-420.
RUIZ CASANOVA, José Francisco, «La República de las Letras (1905 y 1907): un ejemplo de recepción, afinidad estética y deserción traductora», en Luis Pegenaute (ed.), La traducción en la Edad de Plata, Barcelona, PPU, 2001, pp. 283-293.
SANFELIÚ, Luz, «Familias republicanas e identidades femeninas en el blasquismo: 1896-1910», Ayer, 60 (2005), pp. 75-103.
SANZ MARCO, Carlos, «Blasco Ibáñez: lecturas y afinidades», en J. Oleza y J. Lluch (eds.), Vicente Blasco Ibáñez: 1898-1998. La vuelta al siglo de un novelista, València, Generalitat Valenciana, Biblioteca Valenciana, 2000, vol. II, pp. 998-1011.
VILLAR, Arturo del, El centenario de La República de las Letras: una revista republicana y literaria, Madrid, Arturo del Villar, 2005.- «Recuerdo de Galdós con Electra», Lo que somos (mayo 2018) [en http://loquesomos.org/recuerdo-de-galdos-con-electra/]

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN LETRAS

Letras

Emilia Pardo Bazán y Vicente Blasco Ibáñez. Encuentros capitalinos (y II)

Letras

Emilia Pardo Bazán y Vicente Blasco Ibáñez. Encuentros capitalinos (I)

Letras

Salvador Reyes Figueroa: novelista, ensayista y poeta chileno

Letras

Roberto Bolaño, póstumo y contundente gancho de izquierda

Letras

Virtudes Cuevas. Una superviviente del campo de concentración alemán de Ravensbrück

Letras

Dario Fo: un humor inteligente, corrosivo, sano, catártico, crítico y provocador

Letras

Rafael Alberti, el poeta deshabitado

Letras

La literatura de ficción de Santiago Ramón y Cajal

Letras

Emilia Pardo Bazán: Coraje, preparación, lucha contra los añejos prejuicios y feminismo

Letras

De Juan Ruiz a André Breton: El buen amor vs. L´amour fou

Letras

Wéstern, inédito confín

Letras

Los círculos de Justo Jorge Padrón

Letras

El día que murió Joan Margarit

Letras

‘Tea Rooms. Mujeres obreras’ de Luisa Carnés

Letras

Sencillamente contar historias

Letras

Ernesto  Herrera  Lascazes: dramaturgo uruguayo, transgresor… y un tanto bohemio

Letras

La enfermedad y la medicina en las novelas de Emilia Pardo Bazán

Letras

Gonzalo Rojas: voz fundamental de América

Letras

‘Con la ley en los tacones. Bautizo de fuego’ de Carlos Grau

Letras

José María Castillo-Navarro o el realismo social

Letras

Emilia Pardo Bazán: 170 aniversario de su nacimiento

Letras

Poesía de la sinceridad

Letras

Publicaciones sobre Galdós en su centenario

Letras

Vigencia del paisaje de Castilla

Letras

La vuelta a casa

Letras

El encuentro de Beethoven y Goethe

Letras

Vicente Aleixandre o el lugar donde el mar deja ver el horizonte de piedra  

Letras

La lluvia fina de Luis Landero

Letras

‘Siddhartha’, la búsqueda interior de Hermann Hesse

Letras

Una peregrinación hacia Shakespeare: Galdós en Stratford-upon-Avon

Letras

Galdós: Imagen y repercusión social

Letras

Galdós vs. Delibes: Vidas paralelas

Letras

‘El médico de Ifni’ de Javier Reverte

Letras

Emilia Pardo Bazán y su vinculación con el Ateneo de Madrid, en visperas del centenario de su muerte

Letras

La relación de Galdós con el socialismo

Letras

Antonia Pozzi: ‘El gran abismo hacía la tristeza’

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (y 6)

Letras

Ernest Hemingway, la novela que encierra el gran cuento

Letras

Nicasio Álvarez de Cienfuegos, un ilustrado coherente y poeta innovador

Letras

Longfellow y Jorge Manrique, venturas y desventuras del traductor

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (5)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (4)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (3)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (2)

Letras

Caleidoscopio sobre Galdós (1)

Letras

Un futuro para la poesía

Letras

Edmond Hamilton, la ciencia ficción narrada con sencillez magistral

Letras

John Fante, mostró la xenofobia y la explotación de las minorías en la América profunda

Letras

Andrea Camilleri, la literatura consciente de sus rasgos sociales

Letras

Un poco de Don Juan

Letras

Unamuno y Portugal

Letras

‘Historias de aquí y de allá’ de Luis Sepúlveda

Letras

Raúl Zurita: desde el dolor

Letras

Francesco Petrarca… mucho más que un gran poeta

Letras

En torno a la novela ‘Antonia’ de Nieves Concostrina

Letras

Albrit o la creación del personaje en Galdós

Letras

Alejandra Pizarnik, cuando la sombra araña el alma

Letras

Meditaciones de gastronomía transcendente

Letras

‘Litoral’: la revista más hermosa y representativa de la generación del 27

Letras

Yorgos Seferis en el piélago

Letras

Jo Nesbø, huellas dactilares de excelente confesión literaria

Letras

Cesare Pavese: el sufrimiento como oficio

Letras

Duque de Rivas: liberal, dramaturgo y presidente del Ateneo de Madrid

Letras

Galdós en el horizonte epistolar de Blasco Ibáñez (y II)

Letras

Galdós en el horizonte epistolar de Blasco Ibáñez (I)

Letras

‘La caza del Snark’ de Lewis Carroll

Letras

Yorgos Seferis: poeta, ensayista, premio Nobel y diplomático

Letras

Somerset Maugham en Lisboa

Letras

Las novelas dialogadas de Galdós a debate

Letras

Vittorio Amedeo Alfieri, todo un carácter

Letras

Los cimientos de ‘El abuelo’ de Benito Pérez Galdós

Letras

Abril es el mes más cruel…

Letras

En torno al libro ‘En los pliegues del olvido’ de Ignacio Vázquez Moliní

Letras

Juan Eugenio Hartzenbusch, un punto de vista sigular…

Letras

La pasión por los naipes del doctor Egas Moniz

Letras

Doña Perfecta

Letras

Galdós para ‘Dummies’

Letras

Antonio Gamoneda: La poética de la oscuridad como origen de la luz

Letras

Literatura clásica, o metafísica, materialista, lógica, política

Letras

El Galdós protofeminista

Letras

Los tres grandes pasos hacia la Ilustración

Letras

La conferencia de Julián Zugazagoitia en Bilbao sobre literatura en 1924

Letras

Benito Pérez Galdós en el centenario de su muerte (1920-2020)

Letras

A la memoria de mi tío Pablo

Letras

Pérez Galdós, el Nobel arrebatado

Letras

Tolstoi y Shakespeare

Letras

Aproximación al libro ‘Que no se entere la Cibeles’ de Mar de los Ríos

Letras

En torno al libro ‘Extravagancia infinita’ de Javier Olalde

Letras

Augusto de Angelis (1888 -1944)

Letras

Fernando Pessoa. El yo conflictivo

Letras

Federico García Lorca ocho décadas después

Letras

Antonio Daganzo, poeta de aleaciones

Letras

Sufriente, prometeico, iconoclasta y quijotesco

Letras

Leopoldo María Panero, el traductor de la locura

Letras

Poesía y dignidad

Letras

Buenos libros malos

Letras

Confesiones de un crítico de libros

Letras

En torno a ‘Sombra de Luna’ de Francisco Álvarez ‘Koki’

Letras

Alda Merini, vivir al borde de la sombra

Letras

Literatura de cordel

Letras

Demian. Herman Hesse

Letras

Hilario Martínez Nebreda, el poeta silencioso

Letras

La literatura y sus soportes (I)

Letras

La literatura y sus soportes (y II)

Letras

La Escuela Nueva y el centenario de Ruskin

Letras

Don Quijote y el mar

Letras

Elizabeth Barrett Browning, una poeta victoriana

Letras

Por qué escribo

Letras

Ángel González: la ácida ironía de un poeta

Letras

Carmen Posadas y su feria de las vanidades

Letras

El caso Miguel Hernández

Letras

Quevedo en sociedad y III.- Obra y vinculación cívica

Letras

Quevedo en sociedad II.- La crítica como ‘función’ social

Letras

Quevedo en sociedad I.- El hombre, la sociedad

Letras

VII Certamen de Novela Histórica de Úbeda

Letras

Antología poética. Alfonsina Storni

Letras

Ángel González: palabra sobre palabra

Letras

Galdós y el melodrama

Letras

IV encuentro de Poesia a Sul

Letras

Feminismos: la mujer sobre la letra

Letras

El Hidalgo: literatura y pobreza

Letras

‘Celia en los infiernos’, la obra socialista de Galdós (y II)

Letras

‘Celia en los infiernos’, la obra socialista de Galdós (I)

Letras

El nazismo para Antonio Ramos Oliveira en 1930

Letras

Ana Caro Mallén: una esclava en los corrales de comedias del siglo XVII

Letras

José Rodrigues Miguéis, casi olvidado

Letras

Tristeza que es amor. Alusión a Don Quijote

Letras

George Sand: ‘Un invierno en Mallorca’

Letras

José Ángel Valente: una estela inmortal de palabra poética (y II)

Letras

José Ángel Valente: una estela inmortal de palabra poética (I)

Letras

Imagen de José Ángel Valente

Letras

Valente, sin aditivos

Letras

Valente: Qué la palabra sea solo verdad

Letras

José Ángel Valente, en ‘el borde de la luz’

Letras

John Berger: ‘Un hombre afortunado’

Letras

Los desafíos de Lou Andreas-Salomé

Letras

La primavera y su sombra

Letras

El Conde de Montecristo, historia de una venganza

Letras

Luis Martín-Santos y James Joyce

Letras

Los cimientos culturales del abolicionismo: Harriet Beecher Stowe

Letras

Pinceladas sobre Agatha Christie

Letras

Juan Ramón Jiménez, escritor de epístolas (y II)

Letras

Juan Ramón Jiménez, escritor de epístolas (I)

Letras

Thomas Mann: Una Europa que se derrumba

Letras

El eterno romanticismo

Letras

Qué es ser agnóstico

Letras

Pedro Garfias: La poesía desgarrada del exilio

Letras

El descenso a los infiernos de Dorothy Parker

Letras

El Conde de Oxenstiern, a quien llamaron el Montaigne del Septentrión

Letras

La sonrisa del Quijote (Una concesión a la melancolía)

Letras

Antonio Machado que estás en los libros

Letras

‘Agua’: Virginia Woolf y Alfonsina Storni

Letras

Críticos literarios, dueños del espíritu humano

Letras

El papel del lector en la posmodernidad

Letras

Poesías. Catulo.

Letras

Los vínculos entre Américo Castro y Jovellanos

Letras

Michel de Ghelderode y las Vanguardias del siglo XX

Letras

El trabajo entre las raíces, mirada sobre la creación literaria

Letras

La frase del escritor

Letras

Un cuarteto literario en clave de sol

Letras

Oía hablar a los árboles

Letras

El ‘slow’ de Pessoa (o las vicisitudes de la melancolía)

Letras

Claudio Rodríguez: del camino, del hombre

Letras

Sobre las Brontë

Letras

Borges en Ginebra

Letras

Philippe Jacottet: ‘Pensamientos bajo las nubes’

Letras

Juan Goytisolo: ‘sobre asuntos sociales y personales’

Letras

Miguel Hernández en Portugal

Letras

Mi Gloria Fuertes

Letras

Robert Walser, el paseante espiritual

Letras

‘Al menos, memoria’: Juan Ruiz de Torres

Letras

Cela, celador, celando, celar

Letras

Miguel Hernández: ‘Cancionero y romancero de ausencias’

Letras

Rafael Montesinos, renovador

Letras

Bartolomé Soler, lo amargo de la diosa

Letras

Rubén Darío, poeta de las dos orillas

Letras

Jovellanos, poeta

Letras

Un paseo por los ‘jardines’ de Eloy Tizón

Letras

Azorín, sobrevivido

Letras

Rosalía de Castro, la mejor de los mejores

Letras

Eugenio Gerardo Lobo, el ‘capitán coplero’

Letras

Galdós: una conciencia histórica lúcida

Letras

Desde el silencio, a Nicolás del Hierro

Letras

Salustiano Masó, la fuerza del tiempo

Letras

Los ‘Rubaiyat’ de Omar Khayan

Letras

Carmen Laforet, esa chica explosiva del Ateneo

Letras

Gabriel Celaya, el sueño de trabajar la poesía

Letras

Ramón Hernández, un diamante literario en las calles de Madrid

Letras

María Teresa León, el papel de la melancolía

Letras

Luis Felipe Vivanco, un poeta de los que siempre regresan

Letras

Rafael Pérez Estrada, el poder de la imaginación