junio 2021 - V Año

LETRAS

Ernesto  Herrera  Lascazes: dramaturgo uruguayo, transgresor… y un tanto bohemio

En nuestro país existe un profundo desconocimiento, muy vinculado al desinterés, por la literatura latinoamericana. Es sustancialmente clamoroso por lo que al teatro se refiere. Una falsa sensación de superioridad hacia lo que ocurría allende los mares era letal y, nos sumía y aún no sigue sumiendo, en una visión distorsionada con pocas, más notables excepciones. Sin darnos cuenta hemos ido cayendo en un penoso aislamiento que nos ha ido privando de ponernos en contacto con cuanto de vivo y vanguardista se producía en Europa… y en Latinoamérica.

Creo que sería muy útil analizar con rigor, la recepción que en los países latinoamericanos tenía el teatro que se hacía en la Península y, a ‘sensu contrario’, establecer correlaciones entre lo que se estrenaba y obtenía reconocimiento de crítica y público en países como Argentina, Chile o Uruguay y que… ofrecía interesantes perspectivas en cuanto se refiere a la recepción de las Vanguardias europeas y, también en lo que se ha dado en denominar vigencia  y crisis del teatro criollo.

Llega a maravillar la gigantesca capacidad de olvido, que por lo que respecta a la cultura, existe en las sociedades actuales a uno y otro lado del charco. Quizás, por eso, sea más necesario que nunca visitar los sótanos o almacenes de la memoria e interesarse por lo que lleva mucho tiempo sepultado.

Ernesto Herrera fue una figura no sólo interesante sino muy representativa de los años convulsos de principios del siglo XX. Fue un transgresor, un bohemio y en su literatura no es difícil tropezarse con elementos paradójicos. Es muy crítico con la sociedad uruguaya del momento histórico que le tocó vivir y a un tiempo muy fiel a determinadas tradiciones de índole telúrica, es decir, muy clásico y muy moderno. Parte de su vigencia consiste en rescatar el pasado y proyectarlo al futuro.

Me parece sumamente interesante su afán por no perder el paso de la historia… lo que acaba por convertirlo en un cronista fiel y riguroso de las contradicciones de su tiempo.

Es igualmente digna de estudio ‘su carpintería dramática’, la construcción artesanal de sus obras teatrales… así como un enfrentamiento dialéctico entre el peso de la tradición y las ‘demandas’ de incorporarse a la modernidad de unas sociedades latinoamericanas en esos años vivas, pujantes, contradictorias… y que quizás, por primera vez, se atrevían a mirar al futuro dejando atrás ancestrales complejos.

Un mérito suyo incuestionable, es que supo exponer en sus obras la lenta  descomposición de un modo de vida que agonizaba, quizás porque el futuro aún no había llegado y el pasado daba ostensibles muestras de decrepitud.

Sus textos dramáticos son motivadores. Lentos a veces, a veces hipnóticos pero casi siempre, transcendiendo la anécdota para plantear, de forma inmisericorde, las heridas abiertas y aún mal cicatrizadas en la sociedad montevideana.

Se le puede considerar un fustigador de la moral convencional imperante, un dramaturgo que sabe entrelazar el realismo con determinados principios libertarios. Siempre fue un ‘verso suelto’ y un anarquista que acostumbraba a ir a su aire… cabalgando a lomos de su imaginación, de su afán justiciero y de su visión frenética de la realidad.

Olvidado, injustamente preterido, siguió la estela de tantos bohemios. Supo, sin embargo, portar con dignidad la antorcha de la cultura. Sus ideas son, en más de una ocasión, gallos de pelea con los espolones bien afilados.

Antes de seguir adelante, me gustaría exponer que sería una buena idea, representar en algún teatro público de nuestro país alguna obra suya a no mucho tardar.  Tienen especialmente, dos o tres de ellas, aspectos muy actuales, quizás revisando y actualizando, ligeramente el texto, y con tal de que no se intentase hacer un montaje arqueológico probablemente, conectaría muy bien con la sensibilidad de un espectador español del 2021.

Es un dramaturgo que cree y se identifica con el poder y la eficacia de la palabra oportuna para provocar en el espectador, introspecciones unas veces y otras, para moverlo a la acción. Me parece, por ejemplo, de mucho interés la brecha que abre alguno de sus textos entre confesionalidad y laicismo… así como que el hombre, por diversas razones, es o puede convertirse en un ‘ser expatriado’, en mucha mayor medida de lo que solemos creer.

Pone el dedo en la llaga, cuando muestra con habilidad como los soberbios y los que se creen fuertes… también se equivocan y su falsa seguridad  ‘es más frágil de lo que sus máscaras sociales suelen dar a entender’.

Fue un rebelde. Se atrevió a representar con pleno convencimiento, como la sumisión limita el horizonte de esperanza. Hace falta valor e inteligencia para plantear sin tapujos que el fundamentalismo no es otra cosa que una habitación sin ventanas y donde se respira un aire rancio.

De forma consciente, sus textos provocan debates sobre la condición humana, sus motivaciones, la moralidad de sus acciones… ¡Bienvenido sea un teatro que acierta a provocar tales reacciones!

Preguntémonos ¿en qué consistía y consiste el buen teatro? En despertar la inteligencia del espectador, en realizar ejercicios de introspección, estimular el pensamiento, comunicar y enfrentar ideas  y… lo que es más importante, sembrar dudas.

Visitó España, con mejor o peor fortuna, en varias ocasiones. Me parece digno destacar que se entrevistó con Benito Pérez Galdós, a quien admiraba y, también con la actriz Margarita Xirgu. Entre las muchas cosas de las que hablaron le interesaba especialmente, explorar su apoyo para que se estrenara en Madrid “La moral de Misia Paca” una de sus obras de mayor calado, donde critica la moral tradicional y el espacio cerrado y asfixiante que porta consigo. No consiguió su propósito. Por nuestra parte solo podemos lamentar una magnífica ocasión perdida para haber conocido el impacto que hubiese tenido en nuestro país, una de sus obras de mayor enjundia.

En los aproximadamente cinco meses que permaneció entre nosotros en ese viaje, disponemos de un documento privilegiado para seguir, no sólo sus andanzas sino sus reflexiones y su estado de ánimo, se trata de las cartas que dirigió a Gilberto Gil. Invito al lector interesado en conocer esas epístolas que tienen un interés biográfico indudable.

Otras obras dramáticas que merecen la pena releer y revisar son “El león ciego” que trata el espinoso asunto de las Guerras Civiles uruguayas entre ‘blancos y colorados’ poniendo de relieve como la pasión política que no se controla… puede ocasionar conflictos sociales traumáticos.

Es prácticamente desconocido, que estrenó en nuestro país “El pan nuestro” de contenido social y que coincidió con el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Estoy convencido de que merecería la pena ‘bucear un poco’ y rescatar las crónicas, críticas y comentarios que suscitó. Seríamos así conscientes de lo que portamos en nuestra mochila y de lo infundado y estúpido de tantos prejuicios.

Si su literatura nos resulta hoy tan atractiva es porque plantea dudas y preguntas que tienen un alcance mucho mayor que las certezas. La realidad en aquellos años como en estos, presentaba un ostensible ‘perfil sucio’.

Puede decirse que fracasó en varios de sus intentos, más globalmente considerada su obra, es de tal interés que aguarda ser recuperada por un futuro que es nuestro presente, ya que el pasado fue tan duro con él.

Hoy como ayer seguimos ‘bailando’ en medio de un carnaval macabro y fantasmagórico que  no va a ninguna parte. Su producción literaria tiene, a mi modo de ver, dos características básicas: la forma valiente de plantear sus discrepancias con la sociedad de su tiempo, dando alas al malestar social oculto pero palpitante y su anarquismo, encubierto unas veces y más a las claras otras. Estos dos son vectores se hacen sistemáticamente presentes en el conjunto de su obra.

Al igual que muchos hombres de letras, presenta un perfil literario muy amplio. Principalmente fue dramaturgo sí, más también, un periodista literario que participó de forma muy activa en el panorama cultural de su tiempo,  todavía hoy se le recuerda como uno de los fundadores de la relevante publicación periódica ‘Bohemia: una  revista de arte’.

El desdén hacia lo latinoamericano, afortunadamente ha de ser pasajero. Hemos de valorar más y mejor todo lo que de interés se produce al otro lado del charco para poder disfrutar de un futuro bastante mejor que un pasado basado en la desconfianza y la ignorancia.

Por el contrario, es justo destacar que sus escritores e intelectuales han tenido y tienen un buen conocimiento de la literatura clásica en castellano, especialmente por lo que respecta a los siglos XVI y XVII. Así Ernesto Herrera firmaba con distintos pseudónimos más, cervantista como era, me parece relevante que uno de ellos es, nada más y nada menos, que ‘Ginesillo de Pasamonte’. Lo que lo conecta no sólo con Cervantes sino con la novela picaresca. Recordemos que aparece en las dos partes de El Quijote, en la primera como uno de los galeotes liberados y en la segunda como el embaucador que va de pueblo en pueblo, acompañado de un mono con supuestas dotes adivinatorias.

Si pretendemos aproximarnos más a su psicología y carácter e incluso responder a la pregunta ¿Por qué Ernesto se convirtió en escritor? Digamos que fue un niño solitario, con una salud delicada y con asma, por lo que fantaseaba con historias, algunas de las cuales llegó a escribir más tarde, tras dejar que madurasen.

Fue un hombre agradecido. Amigo de sus amigos y de profundas lealtades. Admiró a Rafael Barrett, novelista y ensayista y, en honor suyo puso a su único hijo el nombre de Barrett.

Es de justicia recordar que Herrera escribió magníficos cuentos. Estos relatos breves que fueron apareciendo en ‘El deber cívico’ los reunió, posteriormente, en forma de libro que lleva por título “Su majestad el hambre”  y como subtítulo “Cuentos brutales”, donde se pone de manifiesto, a veces de forma desgarrada la lucha por la vida, la explotación, la brutalidad y la injusticia social.

Son igualmente interesantes, aspectos de su vida un tanto obscuros y que lo presentan con un perfil de hombre de acción, de aventurero en suma. Está, por ejemplo, sin esclarecer a qué fue debida su estancia en la cárcel Modelo de Barcelona, lo que motivó que fuera deportado.

Cuando se estrenaron algunas de sus obras alcanzaron un éxito notable, tanto en Montevideo como en Buenos Aires. La prestigiosa compañía de Enrique Arellano-Ángela Tesada, fue la encargada de llevar a la escena, algunas como “El estanque”. Su mayor éxito lo alcanza con “El león ciego” una de sus obras más ambiciosas y mejor construidas, donde recalca y explicita la contienda armada que tuvo lugar en Uruguay entre ‘blancos y colorados’, que también, fue estrenada por la misma compañía.

De su carácter polifacético así como su formación literaria y cultural dan buena prueba el que fuera nombrado profesor de Literatura en el Liceo Departamental de Soriano, al final de su vida.

En sus artículos y dramas no es infrecuente encontrarse con la enajenación y la explotación. Es peligroso condenar el pasado y más aún considerarlo superado. De una u otra forma, se las arregla para reaparecer o resucitar. De ahí, que sea muy conveniente saldar las cuentas con él, antes de pasar página.

Atacó duramente a ‘los guardianes de la ortodoxia’ y a ‘los defensores, a ultranza, de la moral tradicional’. La suya era una época de cambios, en que se manifestaban con crudeza las viejas tendencias que darían lugar, a que reverdecieran enfrentamientos intestinos, que parecían superados pero que estaban firmemente enraizados.

Tuvo una vida agitada y convulsa. Ya hemos aludido a su misteriosa estancia en la cárcel Modelo de Barcelona. Podemos añadir que antes tuvo otra experiencia notablemente arriesgada, intentó viajar como polizón a Europa, fue descubierto y obligado a abandonar el barco. En cierto modo, su vida aventurera recuerda a algún personaje galdosiano o Zalacaín, uno de los héroes de ficción predilecto de Pío Baroja. En su estancia en Brasil participó en los periódicos anarquistas “A Lenterna” y “A Folha do Povo”, lo que quizás completa la ecuación.

Murió en febrero de 1917, en plena Primera Guerra Mundial y con el estallido adicional de la Revolución Rusa. Querámoslo o no, su vida fue ‘romántica’, vivió intensamente y como los preferidos de los dioses murió muy joven.

Fue un ciudadano del mundo, que  no cesó de moverse de un lado a otro, así residió varios años en su Montevideo natal, más también en Buenos Aires y en otros lugares de Latinoamérica. Se ha podido constatar su presencia en Lisboa, en París y en Madrid, como ya hemos apuntado. Se consideraba un ciudadano del mundo y lo demostró fehacientemente. Tal vez, algo de lo que estamos señalando queda patente en su obra “El Moulin rouge”  donde puede percibirse y casi respirarse el aire, el reflejo de la bohemia parisina y los rescoldos de una época brillante que en breve va a precipitarse a un periodo de decadencia. Por desgracia, de esta obra sólo se ha podido rescatar y conservar una parte. El resto de la información hemos tenido que obtenerla de lo que comentan de ella algunos críticos, de hemerotecas  y de correspondencias epistolares.

A la hora de recapitular su significado e importancia en la literatura uruguaya, cabe señalar que algunos medios lo calificaron de sucesor del dramaturgo Florencio Sánchez, tanto por sus ideas anarquistas como por la influencia que tuvieron en Ernesto Herrera, obras como “Ladrones”, “Puertas adentro”  y otras varias.

El Ateneo de Madrid, en esa época era una Institución Cultural emblemática. Es digno de destacar que, precisamente en sus dependencias Ernesto Herrera, pronunció una interesante conferencia sobre el insigne dramaturgo Uruguayo.

Estrechar lazos culturales con los países latinoamericanos es algo más que una obligación, es una opción de futuro, innegable y fructífera. Compartimos una misma lengua. Es admirable que las Academias de la Lengua de los diversos países mantengan contactos periódicos y lleven a cabo proyectos comunes. No hemos de conformarnos con esto y hemos de extenderlos a otros ámbitos, por ejemplo, el editorial y el intercambio cultural.

Sería igualmente deseable que hubiera un mayor conocimiento del pensamiento y de la literatura de estos países. Me parece descabellado que en los libros de texto apenas se haga alguna mención del pensamiento y la cultura de estos países, desde que lograron su independencia… y, va para largo.

Este breve ensayo sobre Ernesto Herrera es solo un ejemplo de lo que puede dar de sí ese ampliar horizontes y asomarnos a la brillante, imaginativa, a veces barroca pero siempre, fascinante literatura hispanoamericana. Si sabemos mirar con objetividad, no exenta de curiosidad, constataremos  que ha habido y hay  ‘un constante toma y daca’ y un cruce de influencias. Lo demás es retórica barata empezando por las invocaciones a la desfasada y caduca denominación de ‘madre patria’.

Por eso, aunque haya que vencer resistencias propias de un nacionalismo ramplón y soberbio, de quienes siguen aludiendo a las  ‘gestas imperiales’, merece la pena abrirse a un mayor contacto y conocimiento e incluso a una fecundación mutua.

He sentido el acuciante deseo de dedicar este breve ensayo a Ernesto Herrera cuyas obras dramáticas me interesaron vivamente. ¡Va por usted, maestro! Se lo merece.

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