noviembre 2020 - IV Año

ENSAYO

Guillermo de Ockham… es mucho más que su célebre navaja

ockamLa figura de Guillermo de Ockham (1280-1349), me ha parecido siempre enormemente atractiva y repleta de complejidad y contradicciones. En este periodo de crisis en que estamos sumidos, es lógico y explicable que volvamos los ojos hacia otros momentos conflictivos que se han vivido en la historia del hombre y del pensamiento.

La existencia de Ockham transcurrió a finales del siglo XIII y en la primera mitad del XIV. Hacía tiempo que la lechuza de Minerva no remontaba el vuelo. Hubo de crecer y desenvolverse en un universo cerrado que, sin embargo, presentaba síntomas de resquebrajamiento. Todavía no había penetrado la luz que acompañó al periodo Renacentista, pero por muchos y diversos motivos el mundo del Medievo se iba agrietando.

Lo que podríamos denominar el ámbito cultural permanecía estancado… y, sin embargo, otro concepto de la naturaleza, del hombre y del pensamiento estaba a punto de hacer su aparición.

El teocentrismo medieval daba sus primeros pasos hacia el antropocentrismo con el que el pensamiento humano se agigantaría y tomaría conciencia de sus posibilidades y de la responsabilidad que esto conllevaba.

Quizás, por eso, la relación entre fe y razón se va arrumbando, pierde interés y los esfuerzos más significativos del escolasticismo ya no están destinados a las demostraciones de la existencia de Dios y otras cuestiones conexas.

Por esos años aparece la figura de un franciscano humilde, no dogmático que destaca en las artes de la lógica y muy especialmente en lo concerniente a Filosofía Moral y a interesarse más por los asuntos históricos y políticos que por los estrictamente teológicos.

En ocasiones, tenemos tendencia a simplificar en exceso. A Guillermo de Ockham se le suele despachar con algún comentario, más o menos, certero sobre su famosa navaja. Una navaja sirve para cortar pero… ¿qué significado adquiere en Ockham? Para adentrarse en ámbitos nuevos es preciso desalojar, echar por la borda lo viejo, lo caduco… hay que dejar espacio para lo que está llegando y se hace, por tanto, necesario prescindir de lo que está a punto de fenecer.

No hay que multiplicar los entes sin necesidad, defendería Ockham ‘Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem’. Cobra fuerza la idea de que este franciscano, que tiene ciertas concomitancias con el protagonista de El nombre de la Rosa, de Umberto Eco, es consciente de que vive un periodo de transición donde lo viejo no acaba de morir y lo nuevo apenas está empezando a ver la luz.

nombrerosaEste espíritu inquieto nacido en el Condado de Ockham, próximo a Londres, irrumpe lleno de frescura, con una actitud antimetafísica que puede traducirse en un enfoque precientífico basado en la observación minuciosa de los hechos. Es un ágil polemista, un dialectico hábil y un observador atento a todo lo que sucede a su alrededor.

Se le considera un ‘filosofo nominalista’. Voy a atreverme a señalar, sin embargo, que, desde mi punto de vista, hay que situarlo nítidamente, también, como uno de los precursores del empirismo , que creía firmemente que el pensamiento debe orientarse hacia la investigación.

Ockham concede una enorme importancia a la experiencia y a todo lo que puede dilucidarse desde ella y a través de ella, para confirmar el valor del conocimiento. En cierto modo, la experiencia actúa como una especie de mayéutica, para sacar a la luz y elevarse por encima de la casuística glacial de una metafísica… que ya no era más que un juguete roto.

Creo que Ockham estaba convencido de que había que construir los cimientos de otra forma de pensar sobre los escombros del Medievo. Quizás, por eso, su filosofía no es nada convencional y está llena de hallazgos colosales.

La capacidad de conjeturar no debe confundirse con la búsqueda de respuestas. Si se sigue un método correcto las indagaciones, pueden y deben, conducir a resultados que satisfagan, al menos parcialmente, la curiosidad intelectual.

Se dice que cuando algo acaba, algo comienza… aunque lo que agoniza se resista a desaparecer. Por eso, es de tanta importancia discriminar el valor de las cosas. Ockham es, desde luego, un hombre alerta que pretende esclarecer, aunque sea parcialmente una realidad ensombrecida.

Desde mi punto de vista, su pasión por los objetos individuales está en la base de su actitud investigadora. En las circunstancias de las cosas puede, también, encontrarse la verdad. Cuando las realidades individuales y concretas se ponen en valor… la abstracción pierde sentido.

Puede y debe tenerse en cuenta que Ockham se siente a gusto en contacto con el pensamiento crítico. De ahí, que su pluma afilada, combata inteligentemente el agustinismo y el aristotelismo tomista.

ockham2Debe tenerse, asimismo, en consideración, la idea de que la religión es el ámbito de la fe, pero la Filosofía, el pensamiento, es quien debe ocuparse del mundo y de cuanto en él acontece. Por tanto, intenta dar respuesta a los problemas epistemológicos, sociales y políticos que le salen al paso.

No de menor originalidad son sus planteamientos innovadores en el terreno de la Ética. La suya es una concepción voluntarista que supone una ruptura con las concepciones vigentes. Destaca la primacía de la voluntad sobre el entendimiento y hace hincapié, en que la libertad es el fundamento de la voluntad.

Las consecuencias son claras. La moral, la ley moral se debe exclusivamente a los seres humanos, lo que de hecho significa que no es algo fijo ni inmutable y que puede evolucionar y cambiar a lo largo de la historia. La voluntad puede inclinarse y obrar de forma contraria al hábito y a las costumbres.

Pocas veces se ha puesto tan en valor la libertad del hombre que puede ir más allá de la inclinación y de los hábitos. O, dicho de otra forma, defiende la libertad de la voluntad frente al juicio del entendimiento.

Puede afirmarse que la recta razón es para él la norma de moralidad. Precisamente ahí, radica a mí entender, el inicio de una actitud antropocéntrica frente a una visión omnipresente de Dios en la que no hay lugar para el ejercicio de la voluntad ni de la libertad humana.

En esta enumeración apresurada de los aspectos por los que Ockham debe ser repensado, ya que es un precursor de la modernidad, están sus textos sobre lo que podríamos llamar, pensamiento político.

No es un teórico de la política pero sí un precursor de la Ciencia Política cuando, por ejemplo, defiende la diferenciación nítida entre poder temporal y espiritual y, afirma que no es legítima la supremacía del Papa sobre el Estado. Ahí, están presentes algunos planteamientos propios del Humanismo Renacentista.

No conforme con esto, sostiene la falibilidad del Papa, quizás, por los abusos del papado de Avignon que padeció en carne propia y, lo que es más importante, extiende esa falibilidad a los asuntos de doctrina.

ochkam4Se muestra, decididamente, partidario de las teorías políticas más avanzadas e incluso va más allá y las supera. Sostiene que sólo el pueblo puede legitimar el poder de los emperadores o reyes que es tanto como respaldar el principio de la soberanía popular. Si los reyes o emperadores maltratan a sus súbditos o cometen abusos, pueden y deben ser derrocados.

Me parece curioso que frente a tantas elucubraciones y casuísticas medievales se base y elija como fundamento de sus puntos de vista el Derecho Romano.

Su influencia es constatable en las dos corrientes de la modernidad, el Racionalismo y el Empirismo. Su huella es perceptible en Descartes y en Kant pero se hace, especialmente, palpable en John Locke y en David Hume.

Por otro lado, su Filosofía Moral es abiertamente progresista y, también, en este campo abre caminos al futuro. Su defensa de la libertad debe igualmente, ser tenida en cuenta, pues hay que salvaguardarla frente a los filisteos del pensamiento.

Avanzando en esta línea, puede decirse que contribuyó a las ideas constitucionalistas, ayudando a sentar los cimientos de las ideologías democráticas liberales.

Muchas de las ideas y supuestos que he ido comentando, soy consciente de que pueden y deben ser ampliadas y matizadas. Quizás lo haga en sucesivas entregas. Lo que creo que no admite muchas replicas es que Ockham va, considerablemente, más allá de su tópica y célebre Navaja. Son muchos los motivos para repensar y explorar más detenidamente sus hallazgos en el terreno del lenguaje y su figura como precursor de la ciencia y como un hombre clave que cierra un periodo y… abre una etapa fecunda para el humanismo y para la ciencia prescindiendo de muchos prejuicios existentes.

 

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