julio de 2026

‘2030’, de Javier Díaz Gil

2030
Javier Díaz Gil

Fotomontaje y Fotobordado de Piluca Martínez de Velasco
Editorial Lastura, 2026
88 páginas

«Ya no hay plan B»: 2030 y la poética del Antropoceno

«A tu jardín ya está llegando / la arena del desierto» (p. 73), lee uno de los versos más evocadores de 2030, la nueva publicación del internacionalmente reconocido poeta Javier Díaz Gil, con fotomontaje y fotobordado de Piluca Martínez de Velasco. La excelencia, el compromiso y la interculturalidad caracterizan la trayectoria y el quehacer poético de Díaz Gil en el variado panorama de la poesía española. Su trayectoria poética y cultural fue reconocida en 2024 con la Medalla de San Isidoro, el más alto honor de la Unión de Escritores de España, compartido con el profesor emérito de la Universidad de Granada y poeta Antonio Carvajal Milena. A este distinguido reconocimiento se suman los premios que la obra de Díaz Gil ha recibido a lo largo de los años, como el Premio Manzanares el Real (2013), el Primer Premio Humberto Tenedor para el poemario Humo (2000), y el Premio Nicolás del Hierro por el poemario Hallazgo de la visión (también en el 2000) entre otros.

Como ha dicho el autor Públicamente, 2030 surgió a partir de un diálogo entre el poeta y uno de los contertulianos en Rascamán, la tertulia que ha dirigido durante más de dos décadas. Desde la poesía, el libro ofrece una respuesta a la Agenda 2030, el pacto de desarrollo sostenible de la ONU frente a la dura realidad del Antropoceno, y vislumbra los objetivos y metas de la agenda mediante el verso.[1] El imaginario de 2030 es por lo tanto de carácter global y establece una dialéctica entre la localidad y experiencia particular del poeta y de cada lector, y la meta colectiva de la humanidad de salvar la Tierra ante el cambio climático y los retos de la guerra y la pobreza extrema.

Quienes como la presente autora conozcan al autor y su obra, verán en 2030 una evolución desde El mapa de tus cicatrices (2019) y Morir en Iguazú (2022), con acuarelas de Carmen Padín, ambos en segunda edición por Ediciones Lastura. 2030 profundiza y amplifica la metáfora cartográfica que ha venido desarrollando Díaz Gil en su obra, ya que la ubicación de una persona no sólo se trata del espacio geográfico donde se encuentra, sino que también es una síntesis del paisaje interior de la misma y el entorno que la rodea. «Las metáforas cartográficas son imágenes que son reconocidas como mapas aunque su función no sea representar geografías, sino más bien, otros temas como si fueran geografías» como apunta la crítica Carla Lois. 2030 intenta ordenar el espacio caótico de la época del Antropoceno tomando también la medida del tiempo: el título, además de indicar la fecha límite de los objetivos de la agenda, subraya el momento de un ahora compartido entre el poeta y el lector antes de que sea demasiado tarde. A la vez, apunta hacia un pasado dejado atrás a favor del progreso del futuro, aunque ese futuro no esté garantizado desde un presente desgarrador: «Un continente de plástico flota a la deriva / en mi garganta. / Hay gritos que se ahogan en pupilas ciegas / llantos solitarios que nadie escucha» (p. 61).

Piluca Martínez Velasco y Javier Díaz Gil. Fotografía cortesía de Javier Díaz Gil

El trastorno planetario de la naturaleza no sólo amenaza con ahogar la voz del poeta, sino también el futuro, representado por la niñe, un tema que Díaz Gil comenzó a tratar en Morir en Iguazú. Virna Texeira, la poeta y traductora de Iguazú, apunta que «la mirada» de Díaz Gil es «ajena, pero cercana, humanista, que no solo se conmueve con la belleza natural de Brasil, sino también con los niños pobres que sobreviven en las calles del país» (p.2). Los niños son igualmente protagonistas en 2030. El poeta se detiene frente a los más vulnerables, como los niños que son obligados a luchar en una guerra en el poema «Niños soldado»:

Un niño no elige la guerra.
No elige matar o morir.
….
La guerra nos hace esclavos.
Nadie elige matar.
Nadie, morir.

El lirismo directo y conciso de Díaz Gil magnifica el sufrimiento de los niños soldado en la guerra, una que «nos convierte en esclavos». La reflexión implícita sugiere que aun fuera del campo de batalla, la guerra esclaviza a los civiles, aquellos que no portan armas, y a quienes incluso la observan desde lejos.

La capacidad de identificación con el otro y la interculturalidad del poeta, evidenciada en las múltiples colaboraciones de Díaz Gil con poetas y artistas de otros países, vuelven a surgir en poemas como «Vivir con un euro al día», donde mediante el recurso del apostrofe, la voz poética interpela directamente a uno de los 138 millones de niños que hoy día trabajan en vez de ir a la escuela según la ONU. «Cómo salir del círculo / que te devuelve al barro y la intemperie. / Luchar por no caer enfermo. / Pelear / para que el fuego no se apague. / Sobrevivir / no puede ser / la única opción»(p. 9). La indignación ética del autor ante esta situación rechaza el aceptar este orden como natural o sostenible. La poesía de Díaz Gil no solo acerca esta realidad mediante la mirada poética, sino que reta al que quiera apartar la suya, como en «Vendrá», un poema de denuncia contra la indiferencia. «Caminas confiado, / repites que todo es mentira… / Estás seguro de que el mal / escoge sólo a los débiles, / a quienes lo merecen y lo buscan» (p 45). Mas el poeta desengaña a quienes quieren distanciarse éticamente del prójimo, recordando que la indiferencia ante la injusticia de un crimen es también criminal.

«Vivir con un euro al día». Fotografía cortesía de Javier Díaz Gil

Los poemas de 2030 invitan al lector a un viaje introspectivo que a la vez no retira la mirada de los cataclismos que suceden casi a diario y del pasado oscuro que puede regresar de no estar alerta. «No recuerdan noches / en las que el sueño venciera al hambre. / Noches interminables / en las que era imposible / recuperar el calor de las manos…» (p. 13). Del encuentro con la destrucción de la naturaleza, la injusticia y lo aterrador de la existencia —lo que Longino hace siglos llamó lo sublime— en 2030, Javier «mapea» pensar y sentir en la Tierra, utilizando el verso para trazar los contornos del planeta, medidos entre la palabra y el silencio, y situarse junto al lector en un aproximamiento que a la vez se siente como un abrazo solidario. En esa entrega mediante la palabra, en la complicidad de poeta y lector, el futuro aparece en el reflejo del ave que sobrevuela el deseo por la florescencia de la semilla: «Cómo ha de teñir de verde el colibrí su vuelo. / Cómo alfombrar de rojo el coral, el mar… / si me faltas».

[1] https://www.dsca.gob.es/en/agenda-2030/conoce-la-agenda

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