marzo de 2026

‘Los nuevos Bartleby’, de Daniel Gascón

Los nuevos Bartleby
Daniel Gascón

Editorial Rosamerón, 2026
200 páginas

Daniel Gascón ha demostrado en algunos de sus libros anteriores que es un fino observador de la realidad que nos rodea. En novelas como Un hípster en la España vacía y en su continuación, La muerte del hípster, describía con ironía y humor el choque de lo posmoderno y el mundo rural. Gascón, además, ha publicado libros de relatos y algún otro ensayo.

Este Los nuevos Bartleby se adentra en la alienación que provoca el trabajo abusivo, las tensiones entre generaciones y, sobre todo, el futuro incierto para la juventud del siglo XXI.

Con gran aparataje documental, estadístico y crítico, con un acerado tono irónico y no exento de humor, el autor nos hace un repaso certero por las problemáticas relaciones del ciudadano actual —sobre todo de la juventud— con los dispositivos que marcan el modo de vida de las sociedades desarrolladas.

Pero lo que confiere al libro de Gascón una índole más literaria y sugerente es la conexión entre este ciudadano agobiado por el entorno y la figura del personaje creado por Herman Melville a mediados del siglo XIX. El copista Bartleby ha sido analizado en detalle por decenas de escritores, filósofos, sociólogos y representa la figura del individuo de la renuncia. Su famosa frase, «preferiría no hacerlo», se ha convertido en una especie de consigna de la resistencia.

Un gran acierto de Gascón en este ensayo «sociológico» es poner esta relación con el escribiente Bartleby en el primer plano de la sintomatología contemporánea, de modo que el posicionamiento vertebral del texto se instaura desde la perspectiva literaria. Quizá nada ha desvelado más el devenir del ser humano como la literatura. El escritor argentino Juan José Saer definía la ficción literaria como una «antropología especulativa», un modo de mirar el mundo como «un entrecruzamiento crítico ente verdad y falsedad».

De este modo Gascón, al introducir la figura de Bartleby, potencia el elemento simbólico en la ecuación de lo social y lo personal. El posicionamiento radical del escribiente de Melville se convierte así en una posible salida del ciudadano atormentado por los problemas del aparato capitalista.

Hay, por tanto, en esta doble vertiente del ensayo de Gascón, una aproximación más filosófica que sociológica, más poética que estadística. Lo que proporciona así la figura ancilar de Bartleby es una salida, una escapatoria de la alienación amenazadora de una sociedad extremadamente tecnificada y carente de todo escrúpulo.

La inclusión del relato de Melville (Bartleby, el escribiente) en el libro ayudará a aquellos que no lo hayan leído antes a entender el alcance que la metáfora del enigmático oficinista posee para explicar la potencialidad de su renuncia a seguir copiando textos. Gascón cita a Deleuze para definir al personaje: «Bartleby es el hombre sin preferencias, sin posesiones, sin propiedades, sin cualidades, sin particularidades: demasiado llano como para que se le pueda adherir alguna particularidad».

De este modo el escribiente se convierte en la contracara del individuo contemporáneo, que está sometido a la “necesidad” de tener más posesiones (apremiado por el consumismo), a mostrar más cualidades (exposición obsesiva en redes) y a definir sus preferencias (continua demanda de likes al exhibicionismo ajeno).

Bartleby es la antítesis del ciudadano moderno. Es un ser que renuncia, que se niega a tomar posiciones, que se aparta del régimen de productividad social, aunque nunca explica por qué prefiere no hacerlo. Es también un emblema de cierta juventud renuente a aceptar las consignas del compromiso sin horizonte.

Gascón nos da todas la claves para entender a qué renuncian los nuevos Bartleby. En su análisis de los males sociales del mundo moderno, el autor pone sobre la página decenas de ejemplos, multitud de datos y un gran artefacto de citas de estudiosos de todo tipo. Antropólogos, sociólogos, economistas, poetas, sí, han desmenuzado el devenir del ser humano en las últimas décadas. La amplia bibliografía detallada al final del libro da buena cuenta del sustrato intelectual del ensayo.

Los nuevos Bartleby es un profundo y entretenido ensayo con ese toque de humor y de ironía que muestra Gascón en sus habituales análisis de la actualidad. En el texto, el autor repasa los principales males de la sociedad actual: la precariedad laboral, la aceleración, la decadencia de la cultura, el sometimiento a lo visual, la ausencia de un futuro sosegado para los jóvenes, la ineptitud del poder político para dar alternativas optimistas.

Ante este panorama, la presencia del renunciante Bartleby puede dar una pista de cómo salir del atolladero. Quizá su radicalidad sea demasiado arriesgada y traumática para el individuo del actual siglo, pero sí puede representar una llamada de atención, un resquicio, una potencial deriva para el ciudadano perturbado.

Daniel Gascón nos deja este estupendo estudio crítico a la vista de quien quiera enterarse de cómo van las cosas y nos da certeras claves para interpretar el futuro.

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