septiembre 2020 - IV Año

LIBROS

‘Los enemigos del comercio, una historia moral de la propiedad’ de Antonio Escohotado

portada Enemigos Comercio III A Escohotado 201609151158Los enemigos del comercio, una historia moral de la propiedad
Volumen III, de Lenin a nuestros días
Antonio Escohotado
Espasa Calpe, 2016

 

 

 

La publicación a finales de 2016 del tercer volumen de «Los enemigos del Comercio», ha sido el mayor acontecimiento cultural del año 2016. Con ello, Escohotado ha terminado una investigación concebida hace casi veinte años, según ha precisado el propio autor, que comenzó pretendiendo ser una historia moral de la propiedad y ha terminado siendo la inmoral historia de los enemigos de la propiedad.

Tras una muy laboriosa preparación, a finales de 2008 apareció el primer volumen de «Los Enemigos del Comercio» en lo que constituyó ese año, sin duda, uno de los más destacados acontecimientos en el ámbito de la producción teórica. En 2013, apareció el segundo volumen del proyecto que ahora se ha visto culminado con la aparición del tercero y último.

Antonio Escohotado es jurista y filósofo. Trabajó en la Asesoría Jurídica del Instituto de Crédito Oficial, ocupación que abandonó para dedicarse a la Filosofía. Catedrático de Filosofía y Metodología de la Ciencia, en la UNED, ha traducido al español a Hobbes, a Newton y a Jefferson, y es autor de una amplia obra, entre la que se ha de destacar «Historia General de las Drogas», reeditada en 2008, y «Caos y Orden» (Espasa, Madrid 1999), además de otras obras como «De Physis a Polis», «Majestades, crímenes y víctimas», «Filosofía y Metodología de las Ciencias Sociales», o «El espíritu de la comedia» (premio Anagrama de ensayo).

El propósito de Escohotado fue rastrear la historia nunca estudiada del movimiento comunista, para comprenderlo. Como señala él mismo «El objetivo era precisar (…) quiénes, y en qué contextos, han sostenido que la propiedad privada constituye un robo, y el comercio es su instrumento. Varios años más tarde -tras averiguar quiénes fueron esas personas y grupos desde el siglo XIX- comprendí que su tesis era muy anterior, que había reinado largos siglos sin oposición y que el estudio de esa zona del árbol genealógico comunista era pertinente para no confundir allí el tronco y las hojas, lo perenne y lo caduco».

Una obra de esas proporciones no podía comenzar por los antecedentes de Marx, pues cuando Marx empezaba a balbucear, el comunismo tenía una historia milenaria. Porque el comunismo ha sido y es, aún en sus variantes «progres-light» de comienzos del siglo XXI, la gran ideología reaccionaria y retardataria de la historia de la humanidad. Su enemigo han sido las sociedades comerciales y abiertas, en las que crecen la riqueza y el bienestar. Como lo es la actualmente denominada sociedad de consumo, tan reciente en el tiempo y que, pese a sus muchos detractores, ha tenido tanto éxito que la inmensa mayoría ha olvidado que viene precedida de milenios de miseria y privación. Milenios en los que triunfaron sistemas morales y políticos que, o despreciaban el comercio, o lo proscribían. Sólo a partir del siglo XVIII se han conocido en el mundo crisis de sobreproducción, tras decenas de miles de años en que siempre las crisis eran de todo lo contrario.

A partir del siglo XVIII, la propiedad se industrializó. Simultáneamente apareció el moderno comunismo ateo, de la mano de los ideólogos de la Ilustración francesa. En el siglo XIX, Marx establecería las bases del «socialismo científico» y se asistió al auge de los denominados socialismos (anarquismos, socialismos, comunismos, fascismos y nacional-socialismos).

Siempre que alguna sociedad ha alcanzado niveles de riqueza y bienestar crecientes, ha surgido ese tipo de oposición: Esparta contra Atenas, ebionismo pobrista frente a espíritu comercial de los antiguos. O el integrismo milenarista cristiano y las herejías, contra la evolución comercial bajo-medieval, o el protestantismo contra el Renacimiento y, tras la ambigua Ilustración, la Revolución Francesa contra la Revolución Americana, etc…, hasta llegar al comunismo laico y pretendidamente «científico» de Marx, enemigo de toda libertad, que triunfó en Rusia en 1917, y se expandió imparable por más de medio mundo a lo largo del siglo XX.

Antes del comunismo laico y ateo generado en el siglo XVIII, emergente en el siglo XIX y triunfante en el XX, habían existido numerosos comunismos, unos de matriz religiosa, otros de raíz militar, a veces unidos, a veces disociados, en prácticamente todas las épocas históricas, con momentos de auge y momentos de repliegue, a medida que se desarrollaban formas sociales más abiertas.

Como también existió, y parece que casi nadie lo recuerda ya, la Unión Soviética, de trágico recuerdo, que extendió el horror más absoluto durante más de setenta y dos años. Y que se extendió China y a muchos otros países. Que prometió la libertad y la abundancia, pero creó el GULAG y el racionamiento

A la par, pero sin separarse del inicial propósito de establecer la genealogía del comunismo, dibuja Escohotado el cuadro histórico del despliegue de las sociedades comerciales. Y es que en «Los Enemigos del Comercio se destacan también los momentos de la historia en que se produjeron los grandes avances en el desarrollo de las sociedades comerciales. Historia ésta indisociable de la historia de las «clases medias», tan mal comprendidas en general, pese a la abundante literatura que hay sobre ellas.

Las clases medias no se definen en términos de renta. Las clases medias son las que no ocupan posiciones por criterios de sangre, creencia, casta o privilegio. Las conforman individuos que no pertenecen a los órdenes nobiliarios, ni a los viles. Personas que no forman parte de las castas sacerdotales o militares, que no forman parte ni de las élites patricias, ni de las masas empobrecidas. Las clases medias las formam quienes se dedican al comercio, a las artes, la industria, las profesiones, las finanzas, etc. Y la historia del comercio y del desarrollo de la propiedad privada ha sido siempre el proceso de formación y desarrollo de clases medias. Al igual que su desaparición, en las ocasiones en que esto ha sucedido, a veces por largos siglos, ha determinado siempre la atenuación cuando no el final del comercio, el hundimiento de la industria y el declinar de la propiedad individual y de las sociedades.

En suma, una obra notable, apasionante por momentos y entretenida siempre. Escohotado, junto a una envidiable erudición, exhibe un rigor y un orden expositivo destacables, a lo que une un magnífico sentido del humor, junto al acierto estilístico de parcelar en textos de pequeña extensión, cada uno de los epígrafes o subepígrafes en que desglosa cada uno de los temas que trata en las páginas de esta más que recomendable obra.