septiembre 2020 - IV Año

LIBROS

‘Las dudas del francotirador’ de Pedro Sáez Serrano

fracontiradorLas dudas del francotirador
Pedro Sáez Serrano
Colección Quisquillae
Calumnia Edicions, 2018

 

 

Las dudas del francotirador es el inquietante título del libro de Pedro Sáez Serrano publicado en el sello mallorquín Calumnia Edicions. Ignoro si los francotiradores tienen dudas a la hora de ejercer su desalmada y letal tarea, pero creo que Sáez Serrano no ha tenido ninguna al disparar los cuarenta y nueve poemas, distribuidos en cuatro capítulos, que contiene este excelente poemario. Logrando llegar con ellos a lo más hondo de quien se interna en sus páginas.

La poesía que el autor nos ofrece en este libro, rastreando sus propias palabras, es ‘poesía útil’. Esa poesía que Pedro Sáez parece haber rescatado adrede para componer, sin indecisión alguna, estas acertadas dudas. De esta forma, si fijamos la mirada en el poema Poesía dominical quizá hallemos la clave. En este poema nos habla el autor de la poesía que retiene en su memoria literaria, aquella hacia donde nos conducen sus versos: ‘Añoro la poesía capaz de sernos útil / la que es posible llevársela puesta / sacarla de paseo por la calle / un día cualquiera / usarla sin prisas / sin pausa’. Una poesía para hacer frente a esa realidad, apacible o desabrida, que nos exige a veces ‘…tener a mano una poesía bien cargada de sentido’. Por ello, en Las dudas del francotirador encontraremos poemas escritos para ‘…que te toquen y te miren, / que hablen con tu mundo y contigo, / de nada, por ejemplo,..’, poemas cargados de fuerza expresiva, como por ejemplo Escritura apañada, que contiene los últimos versos citados.

Este poemario es un libro vibrante y oportuno para estos tiempos complejos. Los versos de Pedro Sáez llevan consigo ese saber que proporciona la experiencia de lo vivido, unido a una reflexión inteligente sobre el mundo que nos rodea. En la recámara de Sáez Serrano descubrimos poesía elaborada con destreza, un lenguaje diáfano y un léxico escogido con acierto, para construir un discurso poético directo, sin artificios, honesto. Sorprende, así, esta voz poética pensada y reposada que parece querer hacer frente a esta sociedad del vértigo, como señalaría el poeta uruguayo Jorge Arbeleche.

Desde los primeros versos es posible percatarse de la visión del poeta sobre el sentido último de la existencia. ‘Al final todo es imposible / o se rompe. / ¿Cómo decirlo?’, escribe, porque ni los parques, ni las avenidas, ni las vidas ‘…llevan a ningún sitio’. Solo tenemos ‘…la sucia certidumbre de que no se regresa’, nos dice en el poema Regresos 1. Y como vivir no es sencillo, lo apunta el autor en su poema Imprecaciones a un poeta polar, baste con estar Entretenido haciendo esas ‘…cosas que no puedo evitar: / leer, subir montañas,/ tomar cañas con los amigos,/ estar solo, reírme, enfadarme / y añorar a un perro.

El poeta, a través de sus versos, retrocede en el tiempo hasta ese cruento conflicto bélico que fue la guerra de la extinta Yugoslavia. En aquellos días, como aquí se rememora, el Bulevar Mese Selimovica de Sarajevo fue rebautizado como ‘avenida de los francotiradores’, donde ‘…cada mañana disparaban sobre la vida indecisa’. La figura de los francotiradores fue una de las aciagas imágenes de aquel enfrentamiento en el corazón de Europa que parecía no tener fin. Esto ocurría cuando el poeta, según nos cuenta en sus versos, vivía en Londres. Sin embargo, Yugoslavia, aquel país que desapareció bajo el dolor de las bombas y las balas, da título a un poema donde Pedro Sáez asevera ‘Yo quería ser yugoslavo, igual que Mirza Delibasic’, célebre jugador de baloncesto nacido en Bosnia-Herzegovina. Poemas que hablan de aquella contienda librada entre 1991 y 2001 en la que resurgieron, como fantasmas llegados del pasado, los temidos ‘chetniks’, partisanos que acuñaron su aciaga reputación durante la II Guerra Mundial: ‘…chetniks en el bosque, hay chetniks en el bosque’, anota Sáez. La imagen de aquella fatídica guerra unida al baloncesto, ‘Un deporte que quitaba la vida’, se hace presente en varios momentos del libro, como en el poema Once Brothers, donde el poeta resume en pocos versos el trasfondo del conflicto: ‘Así en Srebenica. / Los compañeros de colegio de repente ya no / estaban, / o no eran amigos, / sino serbios, bosnios o croatas. / Ya no eran amigos’.

En Las dudas del francotirador hay celebración, atisbos de esperanza y, sobre todo, resistencia. A pesar de que el poeta tiene aquí la certeza de ser ‘…un animal en peligro de extinción / sobre un terreno que mengua a cada instante.’ El libro contiene poemas sobresalientes, uno de ellos es Ciclistas. Un poema acabado, sin fisuras, desde el primer verso hasta el último, dedicado a una figura que ‘…no puede imaginar un cielo sin pedales, / como yo no imagino una tierra sin ella.’ Del mismo modo, hallamos poemas con un marcado acento épico, como La aventura equinoccial de Lola Aguirre, una epopeya urbana que comienza ‘Un año cualquiera en la calle Princesa, una anciana cualquiera en su papel de peatona/ […] que ahora sigue su camino, / más hermosa que nunca, / inalcanzable ya, / vestida de guerrillera’. Lola Aguirre como la indómita Rosa Parks, ‘un gesto rebelde’, o sea.

Nos habla el poeta en este poemario de su vinculación con la montaña, ese ámbito propicio donde el viento en las alturas, al igual que el autor de estos versos, llega en su poema Alpinismo ‘…lleno de preguntas’, para discernir que ‘Aquel que regresa a sí mismo es que no ha / aprendido nada. / He vuelto, pero soy otro’. Montañas como destino final. Entre ellas, Montón de trigo, que ‘…también será testigo de la nada, / allí en la sierra de granito, / el alto Guadarrama nos espera,/ viendo valles y ciudades a lo lejos…’, anuncia en otro poema, Los ríos y la mar. Montañas ‘…que huelen a presagios’ en las que emerge el Esplendor de la nieve, esa ‘…nieve púrpura y violenta del atardecer’ por la que podemos deslizarnos desde la cumbre hasta el valle.

El tema del amor aparece también en estas dudas, ese amor que ‘…es lo contrario de espacios ínfimos y / mezquindad’. Versos de una belleza triste: ‘Desde que no vemos la lluvia he decidido no llover, / desde que no contestas a mis mensajes tengo el corazón / lleno de sequías.’ Amor que, como no puede ser aquí de otra forma, adquiere un tono elegiaco en poemas como 27 años en Mallorca o 27/Julio/2015.

Vemos en Las dudas del francotirador un ejercicio de memoria histórica, para reivindicar o invitarnos a no olvidar episodios como el protagonizado por ‘La Nueve’, la 9ª compañía blindada de la División Leclerc, compuesta por republicanos españoles que fueron los primeros en liberar París de los nazis. Para alentarnos a recordar ‘…aquella otra España, / la improbable, / la que se enfrentó al fascismo sola, es decir, / con las manos atadas,…’ o a esos republicanos a los que no ‘…les daba vergüenza decir España’ aunque ‘…habían perdido todas las guerras,…’. Poemas cono Historia, En el frente, Spanski Borci, La Paz o Regresos 2 son muestra de ello.

En cualquier caso, a la hora de hacer Balance aunque el poeta ha ‘…perdido todas las batallas’ en las que ha participado, no se resigna. Mantiene intacta, o casi, su convicción en el ser humano como expresa en el poema Shackleton 1914: ‘…en el culo del mundo / un puñado de hombres / escribían sobre el hielo una gran lección: podemos vivir juntos, / podemos sobrevivir juntos, / podemos hacerlo.

Quizá por ello, para el poeta el futuro es ‘…ser al fin un árbol ciudadano que nunca se conforma.’ Compromiso cívico que recorre el libro como una corriente subterránea hasta desembocar en el penúltimo poema Manifiesto recursivo. Sin embargo, a tenor de los versos que cierran el libro, no resulta posible poner punto y final a estas dudas del francotirador. Pedro Sáez Serrano, amparado por la montañas del Guadarrama, seguirá a buen seguro leyendo a sus poetas de cabecera, Juan Gelman, Antonio Orihuela o Jorge Riechmann, pero advierte: ‘Con el trabajo concluido, / me reservo la última bala’. Quién sabe cuándo volverá a disparar nuevos poemas.

 

 

 

 

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