julio 2022 - VI Año

‘Polvo, humo y desesperanza’ de Fernando Novalbos Sánchez

Polvo, humo y desesperanza
Fernando Novalbos Sánchez
Ondina Ediciones, 2022

El silencio acompaña también después de tanto rugido. Fernando Novalbos Sánchez nos dice con sus versos que no nos va a dejar solos. Que nos cogerá de la mano y nos hará cruzar el puente que va de una vida a otra vida. Para mirarnos con los ojos de espejo del reflejo del mar. Para hacernos sentir alguien. Aun en medio de las cenizas, en medio de las casas desaparecidas, al final de un camino que aún tenemos que andar. Para eso sirve la poesía. Y Fernando, en un poema único, pero siempre distinto, nos late en un destino de sueños para hacerlos alcanzables, aunque se astillen las estrellas. Y la tristeza nos envuelva. Afirma el poeta: “no será el morir lo que más duela”.

Efectivamente, no es la muerte, sino cómo llegamos a ella. La realidad que genera el sufrimiento, soledad, virus infames, desencuentros, lava que quema, cielo negro sin estrellas. Pero, antes de hablar y llegar a la muerte, hablamos y celebramos la vida. De cómo la gestionamos. Y, para eso, nadie mejor que los poetas. Los que ponen versos al sentimiento y emoción al silencio. Los que recuerdan el futuro y beben del elixir del viento. Los que hablan de amor, pero lo callan. Los que rellenan los vacíos con los espacios en blanco entre palabra y palabra.

Ahora, en estos tiempos postpandémicos, llega un volcán de “Polvo, humo y desesperanza”. Más desesperanza. Para que no nos olvidemos de que esto no es fácil. Y se puede perder una casa en una ola de fuego, y volver al principio en cada instante. Porque la naturaleza nunca estará acabada.

Eso nos cuenta Fernando Novalbos Sánchez. Que la naturaleza es poesía en constante movimiento y, por tanto, se nos puede mostrar impúdica, vergonzosa o acechante. “Los poemas que escribe la vida tienen vida propia”, y nos sorprende, y se defiende, y se rebela, y hace que la necesitemos cómplice para cuidarla, y que deje de ser nada, “muerte, silencio y olvido”, contranatura de la felicidad esperada.

De cualquier manera, todo será más llevadero si afrontamos juntos estas penalidades, así en la tierra como en el cielo, rezaba la plegaria, contigo, cerca de ti, aunque físicamente estemos lejos. De ahí la finalidad de este poemario. Mitigar los efectos del dolor de la desolación, y sentirse parte de un sueño en el camino. Camino de poemas que llegan de forma paralela a las coladas incendiarias de fuego, pero que estos (los versos) no arrasan, sino que buscan los besos, descubren el valor de las palabras que acompañan, los “te quiero, me quieres, nos queremos”. Poemas de un segundo emocionado. Poemas dejados encima de la mesa, poemas que proclaman que algo prosigue vivo. Que no están bajo la ceniza, que tenemos muchas “tareas pendientes que hilar al sentimiento” y haremos florecer la hierba sobre la lava ya apaciguada cuando llegue su momento.

La voz de Fernando Novalbos Sánchez en estos versos encadenados, sin puntos, sin mayúsculas, sin estrofas, sin rima, como decía León Felipe, “quitadle hasta la idea misma. Aventad las palabras”, y lo que queda, es y será la poesía.

La del no silencio, la de las no sombras, la no despedida, el no desamor, la del mañana, la del aire, la que nos haga ver el sol no abrasador cuando amanece y sentir, estemos donde estemos, en Madrid, en La Palma, en Toledo, en la meseta, en la isla, bajo las sábanas, en un callejón sin salida, en medio de la niebla del bosque, en mitad del río, en mitad del volcán, que hablamos con los versos del poeta que nos mantienen vivos.

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