septiembre 2020 - IV Año

TRIBUNA

Muere en accidente Santiago Bastos, el militar de Inteligencia que truncó la involución en las FF.AA.

Destacó en la lucha contra la organización terrorista ETA, que intentó atentar contra él. En el accidente murió también su esposa.

Bastos

Muchos comunistas, socialistas y progresistas deben su vida a Santiago Bastos Noreña, general de Brigada y ex subdirector del Centro Superior de Información para la Defensa, CESID, fallecido 48 horas después de su esposa Lourdes Amigo, tras sufrir ambos un accidente de carretera el pasado 17 de julio cuando regresaban de vacaciones en la costa de Murcia. Bastos contaba 87 años de edad. El militar fallecido dirigió el Área de Involución de la División de Interior en los años más duros del golpismo, donde sectores castrenses fascistas perpetraron entre 1981 y 1985 varios intentos de golpes de Estado, de intencionalidad cruenta encaminada a la aniquilación y neutralización de todo vector democrático progresista, conjuras que Santiago Bastos y su equipo de agentes de Inteligencia lograron desbaratar. Se da la circunstancia de que otro alto jefe militar vinculado a los servicios de Inteligencia e impulsor de la creación del CESID, Manuel Gutiérrez Mellado, vicepresidente del Gobierno con Adolfo Suárez y declarado antigolpista, murió en accidente de carretera en la provincia de Guadalajara en diciembre de 1995.

Hijo de un militar fusilado durante la guerra civil por negarse a colaborar con la República, Santiago Bastos Noreña, militar de carrera del arma de Infantería desde 1952 y diplomado de Estado Mayor en 1960, inició su trayectoria castrense como teniente en el Regimiento de Montaña Galicia 63 de Jaca, en Huesca. En unas pruebas de paracaidismo de un curso de operaciones especiales, tras un salto se fracturó varias vértebras y tuvo que abandonar aquella instrucción para pasar al mundo de la Información militar.

En 1972, quedó integrado en el Servicio de Central de Documentación, SECED, adscrito a Presidencia del Gobierno, que incluía la vigilancia de los principales sectores sociales y políticos comprometidos con el antifranquismo, desde el estudiantil al sindical y eclesiástico incluidos. El militar fallecido se desempeñó en el sector que vigilaba los movimientos registrados en el interior de la Iglesia católica en aquel momento. Bastos Noreña perteneció al movimiento denominado Forja que, desde la Academia Militar de Zaragoza y bajo la dirección de su creador, Luis Pinilla, integraba a militares con inquietudes sociales, algunos procedentes de los cursos de operaciones especiales de Jaca y, asimismo, de ulterior trayectoria en la cúpula de los servicios secretos, como Javier Calderón y José Luis Cortina. Los integrantes de esta corriente se reclamaban católicos adscritos a un cierto modernismo moral y progresismo social, bajo la influencia de pensadores franceses como Emmanuel Mounier, Michel Quoist o Pierre Theilard de Chardin.

Con posterioridad a la muerte en atentado de ETA, en diciembre de 1973, del Presidente del Gobierno Luis Carrero Blanco, mentor del SECED donde Bastos trabajaba, este servicio secreto fue fusionado en 1977 con la Tercera Sección del Alto Estado Mayor, dedicada a la Inteligencia en el exterior. La fusión fue capitaneada por el Alto Estado Mayor y aleccionada desde los planes occidentales, señaladamente estadounidenses, para hegemonizar políticamente la salida del franquismo. El organismo fusionado recuperó a los miembros más cualificados del SECED, como el propio Santiago Bastos, para dar lugar al Centro Superior de Información para la Defensa, CESID, convertido en el primer servicio de Inteligencia homologable a los servicios europeos de la época.

En el CESID, Bastos Noreña pasó a dirigir el Área de Involución, integrada en la denominada División de Interior, con secciones como Antiterrorismo, Guerra Psicológica y otras. Después de distintas jefaturas de los generales, Burgón y Mariñas, y la del coronel Narciso Carreras, el CESID, quedaría en manos de Javier Calderón, Secretario general y de José Luis Cortina, responsable de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales, AOME. Durante el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 y según miembros del AOME, el Área de Involución, creada para el seguimiento de las actividades golpistas dentro de las Fuerzas Armadas, se vio cegada de la información procedente de agentes y colaboradores. Empero, tras conseguir mayor capacidad operativa y de información, el 28 de octubre de 1982, víspera de las elecciones que llevarían al PSOE al Gobierno, este área, regentada por Bastos, a través de su equipo de oficiales de Inteligencia, cosechó un evidente éxito: el descubrimiento y desmantelamiento de una conjura militar previa a un golpe de Estado, intencionalmente cruento, cuyos ejecutores, oficiales y jefes de las Fuerzas Armadas, olvidaron el plan de acción golpista en el interior de un automóvil, del que fue extraído y fotografiado por agentes de Bastos durante una cena castrense a la que algunos de los conjurados asistían en el barrio madrileño de Cuatro Caminos. Los conjurados se proponían ‘neutralizar’ –eufemismo del término aniquilar- a militantes comunistas, socialistas y liberal-progresistas, tras perpetrar masivas redadas e internamientos en estadios. También en 1985, miembros del equipo dirigido por Bastos truncaron otra intentona golpista en la que mandos militares planeaban atentar con explosivos contra el rey Juan Carlos y el alto mando militar durante la conmemoración del Día de las Fuerzas Armadas en A Coruña.

Finalizada la amenaza involucionista, Santiago Bastos pasó a dirigir la División de Interior, cuyas actividades de seguimiento informativo contra ETA fueron incesantes. Un intento de atentado contra él, por parte de la banda, fue abortado.

Cuando Emilio Alonso Manglano cesó al frente del CESID en 1995, tras 14 años de actividad, Santiago Bastos presentó su renuncia de manera irrevocable. Había intentado, sin éxito, persuadir a Juan Alberto Perote, ex jefe de la AOME con el que tiempo atrás había trabajado para el Centro, para que abandonara su enfrentamiento de entonces con el CESID.

‘Santiago Bastos era un ejemplo de rectitud, integridad moral y disciplina al servicio del Estado’, señala un coronel que trabajó a sus órdenes durante los peores años del golpismo. ‘Carecía de ambición política y su compromiso profesional con las tareas de Inteligencia le procuró fama de eficacia, objetividad, disciplina y obediencia’, añade. ‘Por otra parte’, subraya ‘aquel compromiso le procuraría numerosos desaires procedentes de sectores golpistas, franquistas y afines’.

Santiago Bastos Noreña y su esposa tenían cinco hijos, entre ellos José Antonio Bastos, dirigente de Médicos sin Fronteras.

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