septiembre 2020 - IV Año

TRIBUNA

Adecentar la casa

despilfarroLa higiene física es una condición necesaria para garantizar la salud del cuerpo. De igual modo, la sociedad, que también es un organismo vivo, exige limpieza, una esmerada probidad ética en los comportamientos de los servidores públicos y de los ejecutivos privados.

Podemos abochornarnos al saber que Soros financia a tal periódico, a un partido político, o dos, para que desestabilicen el sistema y que da dinero para fomentar la violencia callejera catalana. Luego, tendremos que degustar otros sapos, tan asquerosos como el de Soros, al descubrir que un banco soborna a funcionarios públicos; que tales políticos han amasado un suculento patrimonio, injustificable sumando sueldo, dietas y complementos; que los prostíbulos se pagan con dinero que estaba destinado a elevar el nivel de competencias de la sociedad. Y las empresas privadas, antes de acudir al concurso público, integran en sus previsiones presupuestarias el 3 %, o más, como si se tratase de regalías ordinarias.

Si la corrupción genera angustia, el despilfarro, que puede tener intereses vergonzosos en el trasfondo, amenaza con derribar el tinglado. Uno se gasta 50 millones de euros en acondicionar un apartamento para uso privado, en una residencia pública, que luego no usa, avergonzado del disparate; otro construye radiales del Ave, de cientos de kilómetros, que después utilizan doce viajeros a la semana y tienen que clausurar; aquel fabrica un puente de varios millones que conecta una carretera con un camino de cabras; aquellos se gastan lo que les prestan estos en desprestigiar a sus prestamistas; el de más allá monta un aeropuerto que nadie necesita y carece de aviones, o está a 80 kilómetros de otro, o menos. Y así, sucesivamente. En estos casos, el atentado es contra la Ética y también contra la Estética, porque el político que debiera ser serio se trasviste en trilero.

Pareciese que la conducta humana carece de límites ante la oportunidad de obtener algún beneficio material. No es Soros, sino la voracidad del oro el propulsor de las acciones y proyectos de los servidores públicos y las prácticas de los agentes privados. Alguien, nadie, la indefinición ha tocado a arrebato y todo el que puede se ha lanzado al asalto, al pillaje, a saquear lo público y utilizar lo privado como herramienta de soborno. Sin miramiento alguno.

Dentro de tal marco, la Ética –de ethos, costumbre- se queda en un epicureísmo mal entendido, porque los antiguos epicúreos buscaban el equilibrio entre las pasiones y su satisfacción. Hoy la demanda pasional galopa sin acial, porque es insaciable. La corrupción y el despilfarro son fruto de un delirio: el planeta es inagotable en sus recursos y puede saciar todo antojo, los caprichos más ostentosos, la vanidad de todo quisque y la avaricia de cualquier mindango que, cuanto más irresponsable sea, mejor.

En estas tesituras, aplicar el imperativo categórico kantiano, no sólo garantizaría la higiene social, también realzaría nuestra categoría como sociedad europea de progreso. Sin embargo, exigiría comprender la Razón Práctica; para ello, es necesario tener amor al saber, disciplina de estudiosos, rigor y precisión en el discernimiento. Como quiera que todo esto no se improvisa, tendríamos que resucitar a Moyano para que diseñara, de nuevo, el plan de estudios del Bachillerato. ¡Demasiado pedir! Tendremos que conformarnos con la Cuesta de Moyano llena de libros viejos, que esperan lectores aplicados.

El mal de muchos puede ser acicate para encontrar soluciones concretas. La corrupción tampoco es un problema sobrevenido en España, un castigo de los Reyes Magos, que nos envía la Divina Providencia en forma de carbón, por haber sido mala gente.

sfoAunque se vayan los ingleses, que en esto de las prácticas de piratería son gente avezada, conviene que nos quedemos con su ‘UK Bribery Act’, de 2010, -nos llevan 10 años de adelanto- que fija penas de 10 años de cárcel tanto para el corrupto como para el corruptor, porque corrompido y corrompedor hozan en la misma pocilga. No satisfechos con esta Ley, los hijos de Albión han creado su ‘Serious Fraud Office’, toda una agencia permanente dedicada a investigar el proceso de putrefacción de la sociedad, algo así como la UCO de la Guardia Civil, pero mejor: está compuesta, Sr. Iglesias Turrión, por jueces profesionales independientes.

Nada que ver con los jueces del tercer turno que menudean por aquí. Además, es una agencia no gubernamental; es decir, que no depende de los políticos. Es de índole administrativa y puede sancionar, si sus inspecciones, periódicas y anuales, registran anomalías en la observancia de la normativa. Es como si los británicos tuvieran que pasar la ITV contra la corrupción, todos los años, sea un mero profesional libre, empresas no inglesas que operan en UK y las inglesas aunque trabajen fuera de UK. Todas pasan la ITV anticorrupción.

En 2016, Francia les copió a los ingleses el invento: creó la Sapin II; tienen su Agencia Anticorrupción y su correspondiente Comité de Sanciones. Esperar estas gollerías, supone retrotraernos a las Cortes franquistas, aquellas que supieron hacerse el haraquiri para dar paso a la democracia que tenemos. Entonces, había un líder, Torcuato Fernández Miranda (o tal vez fueran varios), que tenía un eslogan –de la Ley a la Ley- y un proyecto para regenerar toda una sociedad. Al frente del mismo cargo, encontramos hoy a Meritxel Batet, una mujer preciosa, vestida con primor, mejor peinada, catalana ejerciente y casada con uno del PP.

No obstante, la falta de Ética es una grave amenaza contra la salud de la sociedad y ésta tiene el derecho de preservarse contra los agentes patógenos que amenazan su estabilidad. El despilfarro faraónico, en un país que ya debe casi el 100% del PIB, es un proceso autolítico. Y la casa…, ¿quién limpia la casa?

Mi respuesta es llana: los moradores, usted, yo y quienes no lean este artículo, pero pueden pensar por sí mismos que no deben seguir dando su confianza a los esbirros de Soros, a los depredadores del presupuesto nacional, a los ineptos y a los avariciosos de la casta. Los antiguos romanos sabían elegir para pretores, cónsules y magistrados a los ‘homo novus’ que surgían y ostentaban la toga cándida con toda legitimidad. Eran ‘homines novi’ porque eran ‘homines albi’, candidatos blancos, hombres limpios del polvo del camino.

La partitocracia es una versión posmoderna del antiguo caciquismo, un dolor; pero, los partidos tienen agrupaciones provinciales y éstas, a su vez, agrupaciones locales. Participemos. Entremos ahí con la escoba, el jabón y el asperón, dispuestos a hacer limpieza, porque la Ética y la Estética han de prevalecer sobre las ideologías, como bien dijera, con impostada acritud enfática, el Sr. Iglesias Turrión, reivindicando la preeminencia de la Ley. Y nuestra casa no es un muladar, ni una cuadra.

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN TRIBUNA