septiembre 2020 - IV Año

TRIBUNA

Cataluña en la encrucijada

Salvador Illa, Secretario de Organización del PSC, analiza en este artículo publicado en Entreletras la necesidad de abrir un camino de diálogo, negociación y pacto en Cataluña

sancheztorraEstamos asistiendo estos días a la conmemoración por parte de algunos del primer aniversario de los distintos hitos que jalonan un camino -el emprendido por el gobierno de la Generalitat presidido por Carles Puigdemont y vice presidido por Oriol Junqueras- que llevó a Cataluña al borde del abismo.

La emotividad con la que se pretende rememorar los acontecimientos del 20 de septiembre o del 1 de octubre del año pasado contrasta con los intentos de silenciar las bochornosas jornadas vividas el 6 y el 7 de septiembre en el parlamento de Cataluña y es inversamente proporcional a las dosis de reflexión y objetividad con las que se aborda un balance de lo que ha sucedido este último año en Cataluña.

Ideologías y planteamientos políticos al margen, es difícil aproximarse con un mínimo de objetividad a esta tarea de hacer balance sin reconocer que la operación política emprendida por los independentistas -el intento de secesión de Cataluña- es la peor de toda la historia contemporánea de Cataluña. Sin matices.

En efecto, Cataluña está hoy más dividida, casi por mitades, entre aquellos que siguen optando por la secesión y aquellos que pensamos que no tiene sentido la separación de España y de Europa. Cataluña está hoy más empobrecida económicamente, con más de 4.000 empresas que han cambiado su sede social alarmadas por la inestabilidad política e institucional y por la falta de la mínima seguridad jurídica que requiere el normal desarrollo de sus proyectos empresariales. Y Cataluña está más desprestigiada en Europa y en el mundo sin que ningún gobierno de ningún estado –ninguno- haya reconocido verosimilitud ni ningún tipo de amparo a unas pretensiones secesionistas que no gozan ni tan siquiera de mayoría social entre los catalanes.

Y sorprende que pese a tan devastador balance haya quien, un año después, todavía se empeñe en persistir por la vía fracasada de la unilateralidad y la ilegalidad en lugar de intentar el camino, abierto por el gobierno presidido por Pedro Sánchez, del dialogo, la negociación y el pacto.

illa1Persistir en el error

Como dice Miquel Iceta, primer secretario del PSC, los políticos no podemos comprometernos a no cometer errores, pero sí deberíamos comprometernos a no repetirlos. No es el caso del president Quim Torra, de Carles Puigdemont y de todos aquellos que, en el ámbito independentista, van a la busca y captura de un nuevo «momentum» para declarar la secesión.

La próxima sentencia del juicio a los responsables políticos que lideraron el intento de secesión se les antoja, a tenor de sus manifestaciones públicas, como el momento idóneo para sus propósitos. Persisten en el error y, cartografiados ya hace un año los límites de la aplicación del artículo 155 de la constitución, las líneas rojas del respeto al marco de convivencia que dibujan el Estatut y la propia Constitución están firmemente establecidos. Confundir la predisposición al dialogo de algunos con una disposición a saltarse estas líneas rojas es un grave error. Por aquí vamos al abismo.

Diálogo, negociación y pacto

Hay otro camino, el del dialogo, la negociación y el pacto. Los socialistas hace años que venimos abogando por él. La toma de posesión del presidente Pedro Sánchez le ha conferido un empuje que deberíamos esforzarnos todos en aprovechar.

No es un camino ni fácil, ni corto, ni exento de riesgo. Pero es un camino transitable y no conduce a ningún abismo.

Exige, antes que nada, respeto. Respeto al estado de derecho, al pluralismo político en Cataluña, a un espacio público que es de todos y en el que todos nos debemos sentir cómodos. Un respeto que debemos promover en primer lugar desde las Instituciones y partidos políticos y, en segundo lugar, desde los medios de comunicación públicos.

maniSólo en un clima de respeto aún hoy insuficiente en Cataluña podremos abordar un intento serio de reconciliación entre catalanes. La imposición de una mitad de la población sobre la otra mitad no puede ser nunca una solución satisfactoria, por cuanto deja frustración en cuando menos la mitad de la población. Por eso es urgente huir de los falsos planteamientos binarios (independencia sí o no) para intentar un nuevo consenso entre catalanes. Y entre catalanes y el resto de españoles.

Este nuevo consenso, que algunos pensamos que debe de consistir en una profundización del autogobierno de Cataluña, hará necesaria una etapa de reformas en Cataluña y en España. No hay que temerlas. Reformar con consenso es el camino adecuado. Ni el inmovilismo ni la ruptura. El reformismo. Del Estatut, con toda seguridad, para corregir la anomalía de que el catalán es el único en vigor distinto del que refrendaron los ciudadanos de Cataluña en las urnas. Y de la Constitución Española, pensamos los socialistas, para actualizarla tras cuarenta años de éxito colectivo que han ayudado a modernizar España.

Esta es la encrucijada en la que se encuentra Cataluña: persistir en el error de la vía unilateral e ilegal o iniciar el camino del dialogo, la negociación y el pacto aprovechando la ventana de oportunidad abierta por el gobierno del presidente Sánchez.

Decía recientemente el ministro Josep Borrell en un coloquio en una universidad americana que en Cataluña, si acertamos el camino, tardaremos unos veinte años en normalizar la situación. No puedo estar más de acuerdo. Una política seria exige fijar horizontes razonables y decir, siempre, la verdad a los ciudadanos. Estamos ante un problema grave que tardará años en solucionarse. Lo clave, ahora, es acertar el camino. Ojalá no nos equivoquemos.

 

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