septiembre 2020 - IV Año

ENSAYO

Walter Benjamin, fracturas de la modernidad

Por Félix Recio (Profesor titular de la UCM. Psicoanalista).-

w2Walter Benjamin, aborda la modernidad desde diferentes ángulos : el barroco, como umbral de lo moderno, en su libro sobre «El Trauerspiel, el origen del drama barroco alemán». La eclosión de la mercancía en los pasajes parisinos del siglo XIX, en «El Libro de los Pasajes», libro que quedó inacabado. También abordó, el progreso y la historia, en «Las tesis sobre la filosofía de la historia».

En otros muchos textos, de menor extensión se aborda la modernidad, en «Calles de dirección única», este libro, construidos con fragmentos a la manera de un collage, tiene un parentesco, por su modalidad de escritura, con el Libro de los Pasajes. La influencia del surrealismo y del montaje cinematográfico del cine soviético, hace, que Benjamín, monte un libro, creando una «constelación», que revele una «iluminación profana», el «aura» que encontrará en la fotografía de Eugène Atget, lo efímero redimido del tiempo fijado por medio de un ojo mecánico. Dar lugar a lo excluido, redimirlo, operar contra el olvido, será una constante en su pensamiento. Para Benjamin, «el historiador tiene como tarea la interpretación de los sueños» siendo su misión «provocar el despertar de las ensoñaciones colectivas». Despertar a lo que queda excluido de las ensoñaciones del progreso y de las mercancías, critica a la modernidad que enlaza con la realizada por Adorno y Horkheimer, en su «Dialéctica de la Ilustración»: «la Ilustración desviada de su camino, deviene en un mito». Ensoñación o mito, de nuestro presente, el propio Adorno, escribirá un libro fragmentario «Mínima moralia», como su maestro Benjamin pues el presente es poliédrico y tiene muchos ángulos de abordaje.

Benjamin, se ocupará del lenguaje, de la violencia, de la infancia, de la arquitectura de hierro y cristal, de la fotografía, de Brecht, de Baudelaire, de Kafka, etc. de todo aquello que le permita hacer un diagnostico de nuestra modernidad.

BaudalaireEl libro sobre el Trauerspiel, el inacabado sobre los Pasajes y las Tesis sobre la filosofía de la historia, tienen en común un concepto eje que atraviesa su obra, este concepto es la teoría de la alegoría. Esta teoría se formula en su libro sobre el barroco, para modularse como fantasmagoría en el libro de los Pasajes y como trauma en el Ángel de la Historia, es la teoría de la alegoría, lo que da forma al pensamiento dialéctico de Benjamin, como una dialéctica en suspenso, solidaria de la dialéctica negativa de Adorno. Dialéctica en suspenso, pues no hay síntesis, ya que horada y perturba, al igual que la alegoría, lo que ella misma representa.

El Barroco, como umbral de lo moderno, es el intento de responder a la caída de algunos referentes y certezas instaladas. La reversibilidad de la realidad con la ficción y el sueño, la melancolía barroca, el desengaño y la duda, son respuestas a una crisis de valores. De Cervantes a Calderón, pasando por Descartes. La increencia barroca es solidaria de una certeza, que Benjamin considera propia de «la historia natural». Certeza de la erosión, de la ruina, de las dentelladas del tiempo. La calavera será una imagen relevante en el topos barroco, baste recordar la calavera en anamorfosis en el cuadro «los embajadores» de Holbein, cuadro que es en sí mismo una alegoría de «la vanitas».

La alegoría a diferencia del símbolo, remite a la historia y dialectíza aquello que representa, introduciendo una tensión en lo representado. Para Benjamin, la alegoría es una «imagen que piensa», una «dialéctica en suspenso». Pues lo representado solo es con su envés. Solo hay luz a partir de la sombra.

walter-benjamin1Los pasajes parisinos del siglo XIX se construyeron como un lugar donde exhibir el brillo de las mercancías. Calles interiores pues atraviesan una manzana de edificios, lo exterior y lo interior, se conecta por esta solución arquitectónica. Innovación espacial adecuada a la naturaleza de la mercancía, a su forma de ser fantasmagórica. Benjamin, va más allá del carácter fetichista de la mercancía, señalado por Marx, pues al fetichismo se añade la fantasmagoría o ensueño que la mercancía produce, coloniza así el «espacio interior» del ensueño colectivo.

Para Freud y para Marx, el fetichismo es un desplazamiento metonímico. La mercancía o el objeto fetiche obtienen su valor velando el origen de este. El trabajo o la sexualidad transfieren su valor a la mercancía, o al objeto, de tal manera que parece que «el valor emana de la mercancía misma», velando el trabajo que la ha producido. La mercancía, para Benjamin, anuda el fetichismo a su carácter fantasmagórico, pues estas más allá de su materialidad son imágenes desiderativas, se muestran a la contemplación en los escaparates de los pasajes, pero ente el público y la mercancía exhibida hay un cristal «ver y no tocar», promesas incumplidas que alimentan el deseo de su cumplimiento. Adorno, decia «el capitalismo promete mucho y miente más». Cuando Benjamin escribe el Libro de los Pasajes, muchos de estos ya han sido demolidos pues la mercancía se expande por todo el conjunto de la ciudad. El Pasaje es así metáfora que revela el carácter desiderativo de la mercancía. El capitalismo, no solo requiere incorporar la fuerza de trabajo en la producción, también necesita estandarizar los deseos para sostener el consumo de lo que produce.

angelus-novus-de-paul-klee-y-retrato-de-walter-benjaminAngelus novus de Paul Klee y Walter BenjaminEl angel de la historia, en las «Tesis sobre la filosofía de la historia», tiene las alas desplegadas, está a punto de tomar vuelo pues la historia y el progreso le empuja de forma irremediable hacia delante y no obstante el ángel mira, con ojos desorbitados, hacia atrás. Lo que observa no lo vemos, queda fuera de la representación, es todo aquello no representado, pero convocado por la mirada desorbitada del angel. Las ruinas, lo excluido, la barbarie, como el lado de sombra del progreso mismo.

El ángelus novus, es una pequeña acuarela, pintada por Paul Klee, que acompañó siempre a Benjamin, nunca se desprendió de ella. Pues, en sí misma, es una imagen alegorica, una dialéctica en suspenso sin posibilidad de síntesis. El ángel está en el entre-dos, entre el progreso de la historia y su envés, una «imagen que piensa».

Para abordar la modernidad hay que dirigir la mirada a los restos, a esos restos que se producen y a su vez se olvidan. Producción y olvido, son mimbres del sueño del capitalismo, de «la ilustración devenida en mito» (Adorno y Horkheimer).

La alegoría recorre el pensamiento de Walter Benjamin, he querido trabajarla a través de tres calas, donde esta se puntúa y se matiza de forma diferente. Pensamiento alegórico como caducidad, como fantasmagoría y como trauma: La alegoría barroca, en el libro sobre el drama barroco alemán, con la presencia de la caducidad, aportada por «la historia natural», allí donde lo estable e instituido hacen su despliegue. Las imágenes desiderativas de la mercancía, cebo que vela su no cumplimiento, pues se trata solo de expectativas soñadas, en el libro de los Pasajes. Por último, el carácter traumático del ángel de historia, un trauma es lo que siempre retorna, lo irrepresentable que puja por ser representado, lo que no cesa de no escribirse. El ángel de la historia lo convoca a través de su mirada, lo redime haciéndolo presente. No olvidar lo excluido para así provocar el despertar.

 

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