febrero de 2026

‘Aquel vivir del mar (el mar en la poesía griega)’, de Aurora Luque

Aquel vivir del mar (el mar en la poesía griega)
Aurora Luque
Ed. Acantilado, 2023 (reimpresión)

Grecia es, también, el espíritu del paisaje de mar. Horizonte y destino, enigma y acabamiento tienen su ser a la vez en el espacio que identifica y llama. Un destino ontológico.

Aquí, en este libro, amplia y detalladamente se recogen poemas –muchas épocas y simbolizaciones, mucho pensar trascendente en sensibilidades distintas- que, teniendo como alusión o referente el mar, nos invitan a un viaje poético que vale la pena recorrer como pensamiento, como reflexión

De Eurípides se recogen dos ejemplos bien visibles:

“Yo, Poseidón, aquí estoy, he venido del fondo
salado de Egeo,
de allí donde los coros del Nereidas
despliegan las bellísimas huellas de sus pies”

O bien, aludiendo a la vieja Troya destruida:

“La Troya que te vio nacer en fuego se consume
y sus acantilados junto al mar
gritan con ecos como chillaría
un ave que ha perdido a sus criaturas;
aquí por los esposos, por los hijos aquí
y aquí por las ancianas madres.
Se han perdido tus baños frescos como el rocío
los paseos de tus gimnasios”.

La belleza sencilla de las palabras sencillas, la evocación reiterada de carácter dramático por cuanto se alude a una pérdida irreparable, la elegancia rítmica que define, alude y precisa convocan siempre a la sensibilidad del lector que, gracias al verso claro, transmite con elegancia el contenido de un discurso nunca excluyente, sí próximo.

Hesíodo, en su Teogonía, quiso imaginar (y cantar con unción poética) el nacimiento del mar antes que la historia de su patria acogiese en su seno, en su sensibilidad, en sus textos, la presencia inequívoca de este como paisaje, como referencia pensante, como intuición y sueño y destino:

“Gea parió primero a Urano rico en astros,
igual a ella en tamaño –que en todo su contorno
la cubriera
para que fuera sede por siempre inconmovible
de los dioses felices. Engendró las magníficas Montañas,
refugios gratos de las Ninfas que habitan en las cumbres arboladas.
Y después parió al Mar infatigable,
bravío de oleajes, al Ponto,
sin ayuda de cópula gozosa”

Y lo nacido vivió eternamente, vive: el Mar (de la filosofía, del Destino, de la certeza y la literatura, del sueño del hombre).

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Archivo Entreletras

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