junio de 2024 - VIII Año

‘Mientras veo atardecer’ de Alfonso Peláez

Mientras veo atardecer
Alfonso Peláez
Oportet Editores, 2023

La vida tal cual es

Escribir relatos es una actividad que supone un noble empeño y a la vez una sufrida urgencia por la necesidad de contar. Es una manera de unir el pensamiento con el encuentro azaroso de un personaje para poder configurar, a través de la palabra, la posibilidad de convertir lo imaginado en una historia verdadera que no tiene por qué ser real. Con un instinto de supervivencia asombroso irán surgiendo esas historias que tienen como objetivo conmovernos, intranquilizarnos, remover nuestros instintos, odiar sin escrúpulos o admirar apasionadamente. Narraciones que crecen para abandonar la oscuridad donde se ocultan en la mente creativa y perversa del escritor.

Escribir relatos es concentrar con habilidad un hecho fortuito que, desde su particularidad, se hace transcendente, se universaliza, mostrando, de un modo convincente, unas relaciones sinceras entre su contenido y el mundo. Una concepción espacio-tiempo, deliberadamente corta, que nos enseña a sentir lo esencial desde el primer momento.

Quiero citar a Richard Ford porque su opinión sobre esta forma de escritura creativa, nos ayuda a entender mejor su significado: «Por naturaleza, los relatos son  pequeños y osados instrumentos que casi siempre representan una correspondiente osadía en sus autores (…), dejan fuera mucha vida y tratan de que no nos preocupemos por ello (…) y nos hacen creer que esas vidas enteras pueden cambiar bruscamente de dirección en razón de un prefabricado y fugaz momento de clarividencia. Sobre la base de esta evidencia se podría decir que su característica fundamental, además de su brevedad, parece ser su audacia».

Este preámbulo, junto con la cita de R.F., nos puede ayudar a entender mejor la intención que subyace en el libro de Alfonso Peláez donde, con un correcto estilo narrativo, se configuran distintas  experiencias vitales que se sustentan en la soledad, la melancolía, la parodia, el amor prohibido, la ironía y la memoria histórica. Un interesante recorrido existencial bajo el marchamo de un realismo subjetivo, pero extrapolable a la benévola predisposición del lector, rendido a la autoridad del autor por su capacidad de trasmitirnos precisión, claridad e intuición cuando se habla de la vida, de las diversas formas de estar en la vida.

El primer relato cuyo título bien pudiera parecer la petición en un bar de tapas de Una de croquetas nos descubre una profunda soledad, una desoladora frustración por el trabajo y una enorme minuciosidad a la hora de elaborar una buena fuente de croquetas. Un ser humano tridimensional e insomne que tiene que seguir viviendo a pesar de «la magnitud de su derrota».

El siguiente, que da título al libro, es Mientras veo atardecer y cuenta el encuentro de dos personas que beben y cuya relación inicial se realiza a través del silencio, donde se van fraguando la comunicación de los problemas humanos, aquellos que quizá no tengan solución, pero sí la necesidad de ser comunicados, mediante  la exteriorización de la nostalgia y de la herrumbrosa melancolía. En una atmósfera costumbrista, uno de ellos se va mostrando desde la recapitulación de su infancia y adolescencia, primero, por el recuerdo de alguien muy importante y de honda referencia en su vida: un peluquero cuya personalidad marca al muchacho; y segundo, por otra experiencia más íntima: un primer amor que no tuvo continuidad.

En clave de burla o esperpento (como señala el autor en una cita inicial) entramos en un humor directo que sirve de contrapeso a una historia que no por irrisoria deja de ser menos dramática: El Ferrari que causó tu desgracia. Su gravedad humaniza al personaje y al mismo lector, en un contexto de crueldad que, paradójicamente, provoca la risa, que también forma parte de la vida misma. La confesión final de arrepentimiento no está exenta de mala conciencia.

El contenido de El barco de Toyuso evidencia que el medio ambiente está muy deteriorado, que el cambio climático es un hecho. Pues bien: hay gente que lo niega. He visto una maldad del tipo «hasta el más tonto se da cuenta». Toyuso cree oportuno utilizar su tiempo junto con sus «conocimientos», de una manera intuitiva, para salvarse. Sus convecinos llenos de asombro y mofa no consiguen entender lo que está ocurriendo.

Salto cualitativo para adentramos en el terreno de la amoralidad, del engaño, de la utilización del otro en una situación de alto riesgo. Ahí, donde el compañerismo y la confianza son elementos esenciales para conservar la vida y protegerse del peligro, algo falla. Lo que debería llevar al respeto, se rompe. La venganza aquí no es un plato que se sirve frío sino todo lo contrario: se fragua en el calor de un descontrolado y oportuno incendio. Su título La Jenny. Hay finales que nos remiten a considerar el grado de deshumanización que encierran pues reflejan un comportamiento que se desliza desde una situación excepcional, hasta una conducta transformada en cínica normalidad.

En La ventana discreta quiero citar la reflexión de su protagonista: «Pero lo que verdaderamente me fascina (…) es la violenta coexistencia de elementos contradictorios en un mercadillo de la vulgaridad que, pese a todo, trasmite un equilibrio y un sosiego difícil de explicar». Quizá en esta reflexión pueda estar todo el sentido del relato. Y vuelvo a R.F. cuando dice: «Escoger no representar «toda» la vida, no caer en el exceso, sino dar forma a partes discretas de tu vida y enfocar en ellas nuestra atención y nuestra sensibilidad (…)».

Una historia en apariencia simple describe las reacciones y los impulsos humanos desde una visión entre lo histriónico y lo doloroso. Comportamientos reconocibles y, a la vez, despreciables. Desde el primer momento  hay una percepción de la estupidez que se hace intolerable. Frente al despecho, un desagravio envuelto en un recuerdo de algo parecido a la felicidad que, en realidad, fue el comienzo de un fracaso. Cayo Largo, reconocido título de película. Nada que ver.

«Dejadlos: son ciegos que guían a ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo (Mateo 15,14).» Fue Pieter Brueghel el Viejo quien pintó este versículo. En fila india se  revela como la expresión de representar, una vez más, la condición humana. «Gente animosa, como usted y como yo. Nada más que gente buscando su oportunidad.» Mientras todo se va oscureciendo, se pone de manifiesto la debilidad y la resignación.

La conformación de la propia personalidad, el encuentro con uno mismo, la aceptación de un comportamiento que determina, de cara a los otros, el cómo queremos que nos vean. En definitiva: «la redención de la insignificancia». Este es el hilo conductor de Insignificante. Hasta hoy. El motivo es un hecho, desgraciadamente, muy actual. El protagonista se define con un «perfil humano disminuido, indecoroso, incluso vergonzante, oblicuo, insustancial, propio de un sujeto pusilánime, apenas perceptible, salvo cuando surge la ocasión de perjudicar al prójimo». Definirse de esta manera responde, como decía Borges: «A  las fantasías de la conducta y del sentimiento o, como ahora malamente se dice, psicológicas.» Veo un Bartleby inverso: «necesariamente tengo que hacerlo». Como se dice en el relato: «Es asombroso el prestigio que otorga la impiedad».

Inmerso en el género policial, Desde la cuna nos descubre con generosidad la utilización de la imaginación para que ciertos hechos puedan parecer verdaderos. ¿Es creíble la empatía entre una comisaria «templada y humana» y un yonqui que ejerce de canguro? La imaginación, bien utilizada en la construcción de cualquier relato, crea mundos compatibles. Los hechos, fuera de la lógica de un informe policial, detallan una circunstancia insólita que va más allá de lo que acontece paralelamente: una redada en busca de drogas en un barrio chabolista. Una representante de la ley deja en manos de un drogadicto un bebé para que siga cuidándolo. No deja de ser sarcástico.

En Cenizas se esconde una sorpresa. Con una agilidad medida para describir la situación, hechos y personajes se perfilan hacia lo inesperado. Breve historia de relaciones en torno a un suceso funesto que sirve como excusa para ir más allá de lo que la realidad muestra. Su efectividad es su giro para transformar lo violento en entrañable. La escritura no solo sirve para manifestar aquello con lo que se está de acuerdo, sino también para enseñar a aceptar a los demás lo que no les gusta.

Una aparente facilidad en su construcción, una accesibilidad completa y el tono entre jocoso y serio en la representación de unos hechos descritos con naturalidad y realismo identifican Salida de humos, donde el lector sacará sus propias conclusiones. Libertad total para extraer juicios de valor sobre el comportamiento de gente en su inevitable convivencia.

La condición de héroe puede tener distintas caras. Lo único que se le exige es que perdure, que, como símbolo que encarna, no se deteriore y sirva de referente de una manera impecable, ya sea en la imaginación de un niño o en el ejercicio de su  profesión que podría ser mal interpretado. No es aburrida, en ningún caso, la actividad de El padre de Mateo.

En el contexto de la guerra civil española, surgen unos personajes bien construidos, prototipos que llegan con una verdad inalterable desde una realidad remota, pero incorporada en nuestro imaginario colectivo. Por eso son reconocibles y aceptados, por eso también nos conmueven. Operación Colmenar se visualiza perfectamente. Es una de sus características. Influye su género, su estilo literario. Elaborado entre la ficción y la historia como elementos aglutinadores, busca un compromiso definido para resaltar la condición de aventura de cualquier guerra y su fondo idealista, bajo la sombra del fracaso. Todo está sujeto a las veleidades del azar, a lo que creyéndose perfectamente controlado se desvanece frente a lo inesperado.

Con este título se cierra el recorrido por este libro de relatos. Ecléctico en sus temas y macerado con precisión. Historias que buscan nuestra aceptación y nos obligan a reflexionar. La imaginación necesita de nuestra complicidad.

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