mayo de 2024 - VIII Año

Coaching y educación, algo de filosofía

No hay un consenso que unifique los inicios del coaching como práctica, pero sí una idea compartida de que surge como una inquietud generalizada en el ser humano por encontrar las potencialidades intrínsecas de cada individuo. Desde esta premisa, han sido muchos los grandes pensadores que han aportado los pilares con los que poco a poco se ha ido consolidando y creando una metodología para trabajar sólidamente desde el coaching.

A partir de esta idea encontramos sus orígenes en los grandes filósofos griegos como Aristóteles, Platón y Sócrates. La sabiduría de Sócrates no consistía en la simple acumulación de conocimientos, sino en revisar aquellos que se tienen para una construcción más sólida de los mismos. El coaching parte de la base de que el conocimiento está en nuestro interior. Debemos entenderlo como el producto de una conjunción de conocimientos adquiridos a lo largo de la historia del pensamiento, en estrecha relación con el desarrollo del potencial de los seres humanos. «Yo no puedo enseñaros nada, solo puedo ayudaros a buscar conocimientos dentro de vosotros mismos, lo cual es mucho mejor que traspasaros mi poca sabiduría» (Sócrates).

Los coaches ayudan a que los estudiantes examinen sus vidas para que merezcan ser vividas en un sentido tanto práctico como esencial y vivencial. La metodología se basa en el Arte de la Mayéutica, a través del cual nuestro cliente encuentra su verdad o la verdad (dependiendo de la visión propia del mundo), con una función práctica para su vida personal, profesional y espiritual. Consideramos, así como Sócrates, que no existe la enseñanza, sino solo el aprendizaje, y éste solo surge reconociendo que el conocimiento no está en el coach, sino en los propios coachees o aprendientes.

Quizás para entender la profundidad del trabajo del coach tengamos que hacer una búsqueda más amplia y reflexiva para alcanzar en toda la dimensión su actuación. En este sentido, el coaching es un recipiente vacío, donde mientras más abierta sea esta metodología, mayor será el trabajo del que lo recibe. En caso contrario, sería limitado y deficiente. Pero quizás el aporte más trascendental de este pensamiento socrático es que nuestro “cliente” sea capaz de asumir sus limitaciones, donde en ciertos momentos nuestros clientes sean conscientes de sus incompetencias, para luego estar en mejor posición frente a la consecución de sus objetivos. En este sentido, saber que no sabemos nada es siempre un punto de partida imprescindible de la buena práctica del coaching y la mejor manera de no llegar a crear falsas expectativas en el otro.

Si atendemos al pensamiento de Platón reconocemos una metodología coachingniana a través de sus diálogos, en los que la pregunta es el eje fundamental del desarrollo de la sabiduría y a través de ella encaminará todo su pensamiento. Podemos reconocer en ellas sesiones de coaching primitivas.

Podemos observar una técnica reflexiva desde la cual el conocimiento y el saber parten del interior de cada individuo como potencialidad que desarrollar, y que dará sentido a la práctica del coach. Una de las conclusiones más evidentes del análisis de los diálogos platonianos es la importancia de las preguntas como herramienta de trabajo que potencia las conversaciones (diálogos) y que sirven de método para la adquisición del conocimiento en nuestros clientes.

Dentro de esta estructura, en la que se produce una apertura al conocimiento, encontramos en la metodología de Platón lo que después serán en el coach las dos herramientas o habilidades más importantes que se deben aprender para transformarse en un verdadero catalizador de las preguntas poderosas y la escucha activa. De hecho, gran parte de la formación en coaching consiste en el desarrollo y fortalecimiento de estas habilidades profesionales.

Son catalizadores del autoconocimiento, tanto del espíritu como del cuerpo, la mente, el corazón y las relaciones sociales de nuestros clientes. El conocimiento de uno mismo es el marco a través del cual pueden acceder a un desempeño extraordinario, producto de un proceso de aprendizaje fuera del alcance técnico y formal. De esta manera, el autoconocimiento se transforma en la fuente real de todo proceso. Si atendemos a la herencia de Aristóteles, refiriéndonos a la máxima de que el hombre puede llegar a lo que desee, nos explica que podemos pasar del ser, entendiéndolo como -lo que nos viene dado-  o primera naturaleza, al deber ser, nuestra segunda naturaleza. Finalmente, Aristóteles señaló que la metodología básica para llegar a ser lo que debes ser es la acción, donde sin ella las sesiones de coaching no tendrían sentido alguno.

Pero sus orígenes no se limitan a nuestros grandes pensadores griegos. Como hemos dicho anteriormente, podemos encontrar en la filosofía existencialista que a través de la toma de conciencia de nosotros mismos se posibilita el replanteamiento de nuestro propio proyecto de vida. Como determinó la filosofía existencialista, el eje central del coaching es la existencia individual, es decir, los seres humanos tenemos la capacidad de darnos cuenta o tomar conciencia de nosotros mismos. Por ello, es fundamental esta reflexión y toma de conciencia interna y del entorno que nos rodea.

Si Aristóteles nos enseñó que la acción ayuda a la construcción de nuestro propio ser (a través del hábito), la filosofía existencialista nos presenta la otra cara de la moneda: la reflexión.

Otra influencia propia de esta filosofía es que en nuestro trabajo nos orientamos al qué y al cómo, y no tanto al porqué de las cosas y las conductas. Este principio es un axioma fundamental de la metodología del coaching.  De la misma manera, esta metodología se aleja de los conocimientos técnicos o preconocimientos para conseguir que la intuición se manifieste y, así, poder percibir a la persona como un todo.

Habla el mismo lenguaje que la Psicología Humanista con conceptos como: conciencia, libertad, voluntad, autorrealización y liberación del potencial. El construccionismo nos ha enseñado a facilitar la creación del conocimiento del mundo exterior e interior en nuestros clientes. Sintetizando, nos encontramos ante una nueva metodología basada en procesos de aprendizaje catalizadores del desarrollo del ser humano.

La dificultad para establecer los orígenes del coaching radica justamente en un acercamiento del todo a la nada en un sinfín de teorías del desarrollo humano. Esto ocurre porque al ser el axioma fundamental en el resultado de una conjunción de conocimientos adquiridos, se basa en la observación y subjetividad de la acción humana para su desarrollo desde una perspectiva personal y privada.

Se ha enriquecido de todas las prácticas de un estado a otras más deseables y favorables donde este es muchas cosas a la vez (tutor, monitor, entrenador, acompañante, testigo…), y se ha fortalecido en todas las actividades consistentes, preparando, motivando, entrenando, estimulando y fortaleciendo. Es una competencia que te ayuda a pensar diferente, a mejorar las comunicaciones que mantienes y profundizar en ti mismo. Se podría decir que el coaching es el arte de trabajar con los demás para que ellos obtengan resultados fuera de lo común y mejoren su actuación. Es una actividad que genera nuevas posibilidades para la acción y permite resultados extraordinarios.

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