mayo de 2024 - VIII Año

Radiografía sociopolítica del barrio de Salamanca

Un mosaico de la fragmentación burguesa de Madrid
Presiones inmobiliarias expulsaron a sus moradores originarios
La extrema derecha alentó su declive y gentrificación en los años 70

El denominado barrio de Salamanca, en realidad un distrito municipal con seis barrios, proyecta hoy la imagen de un espacio clasista, socialmente discriminatorio, ideológicamente uniforme, icono de una clase dominante madrileña abducida por la extrema derecha. Ello parece confirmarlo el hecho de que la calle de Núñez de Balboa, arteria simbólica del barrio, y la plaza de Colón, en plena erupción de la pandemia, fueran sendos escenarios del negacionismo de numerosos individuos que se manifestaron allí desoyendo e incumpliendo premeditadamente las recomendaciones de las autoridades sanitarias. Se niegan a usar mascarillas y mantener las distancias interpersonales con las que evitar contagios. Con tales actitudes, abiertamente antidemocráticas, no solo se ponen en peligro mortal muchos de ellos sino, sobre todo, hacen peligrar criminalmente a toda la ciudad por las potenciales infecciones que pueden provocar con la consiguiente extensión de la pandemia COVID 19 derivada de sus actos.

La mentada plaza de Colón fue asimismo el lugar elegido en octubre de 2019 para la fotografía conjunta de los dirigentes de extrema derecha y derecha, Santiago Abascal y Pablo Casado, más el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, unidos ante las cámaras en una manifestación contra el Gobierno democrático de coalición. En primera fila figuraba el alcalde de Madrid, Martínez Almeida, con una bandera de España anudada al cuello.

Pese a los episodios comentados, las percepciones sobre el carácter del barrio de Salamanca que su imagen proyecta, el supuesto clasismo y su conversión en feudo de la extrema derecha, no se corresponden con la realidad del distrito, que exige un examen histórico, ideopolítico y sociológico más detallado. Desde el punto de vista electoral, el partido más votado en las pasadas elecciones municipales fue, curiosamente, Mas Madrid. Este partido de izquierda, escisión de Podemos, cuenta allí con 10 concejales, frente a los ocho del Partido Popular, seis de Ciudadanos, cuatro el PSOE y dos Vox. Tal aritmética da, sin embargo, el gobierno de la Junta de Distrito al Partido Popular.

Desde una perspectiva social, la composición del barrio de Salamanca es heterogénea como la de algunos otros distritos de la ciudad de clase burguesa media o alta como Chamartín o Chamberí. La elevada renta que las estadísticas le asignan corresponde, no solo a los muy altos niveles reales de ingresos de algunos de sus residentes, sino también a las cifras relativas a las rentas de firmas multinacionales y ejecutivos extranjeros que pagan los altos alquileres vigentes, con acceso al consumo suntuario que proporciona la red de establecimientos de lujo que pueblan los cuatro barrios más prestigiados del distrito: Recoletos, Castellana, Lista y Goya. Los otros dos barrios del Distrito de Salamanca, La Guindalera y Fuente del Berro, no gozan de la misma acreditación simbólica de los cuatro anteriores considerados como espacios urbanos señoriales. Entre todos ocupan una extensión de 5,7 kilómetros cuadrados de superficie. Los cuatro barrios señalados constan de una geometría urbanística ortogonal, con vías públicas arboladas y caserío de amplias manzanas de patios abiertos; su población se estima en 146.000 moradores. La densidad es de 27.194 habitantes por kilómetro cuadrado, el tercero más densamente poblado de Madrid. Su trazado reticular solo se ve replicado en la ciudad en el distrito de Argüelles-Chamberí.

Consumo suntuario, hostelería, servicios y, sobre todo, oficinas de firmas multinacionales, componen hoy la especialización funcional de los cuatro principales barrios del distrito de Salamanca. Se encuentran bien comunicados con el centro urbano y está considerado, desde el punto de vista inmobiliario, como uno de los más caros de la ciudad, así como el de renta más alta después del de Chamartín. Frente a los 31 hoteles de lujo de los que consta, sus seis barrios tan solo poseen 2 bibliotecas públicas y 3 centros deportivos municipales.

Plaza de Felipe II en los 70 con el Palacio de los Deportes al fondo (hoy WiZink Center)

Presencia de la extrema derecha

Conocido feudo de la extrema derecha durante la transición de la dictadura franquista a la democracia –la denominaban Zona Nacional-, la presencia fascista causó durante varias décadas la estigmatización y el declive del barrio, acentuados por la devaluación de las viviendas de sus moradores. Ello determinó la fuga de los más acomodados a otras zonas de la ciudad, como a Chamartín primero o a la periferia, La Florida, la Moraleja y los inquilinos de menos ingresos, a barrios periféricos al de Salamanca, sometidos a presiones inmobiliarias dentro de un proceso especulativo desaforado que encareció el suelo urbano tras rehabilitar internamente la edificación, ya que fachadas y cajas de escalera permanecían protegidas por la ley y resultaban ser intocables.

Precisamente en la calle de Núñez de Balboa -aún en primera línea de la actualidad-, la revista franquista de ultraderecha Fuerza Nueva, estableció su sede. Su líder sería el notario Blas Piñar. A esta organización pertenecía el guardaespaldas del notario, Fernando Lerdo de Tejada, prófugo de la justicia pese a haber sido condenado en el proceso por el múltiple asesinato a quemarropa, con pistolas-ametralladores Martin Marietta, de cinco abogados comunistas del bufete laboralista y vecinal de Atocha, el 24 de enero de 1977. Su condena prescribió en 2015. “Todo madrileño demócrata se abstenía entonces de frecuentar el barrio de Salamanca”, según fuentes del comercio local, “aquello nos dañó mucho”, añaden.

Los émulos de la organización Fuerza Nueva marcaron su territorio en el barrio, hecho que proyectó en torno suyo una imagen hosca, clasista, inamistosa y agresiva así percibida desde otros distritos madrileños, donde la extrema derecha no manifestaba tener arraigo. Incidentes en los que afloraban armas de fuego fueron frecuentes en la zona y aledaños, con profusión de pintadas de simbología fascista y enseñas preconstitucionales y lemas antidemocráticos. El estudiante progresista Enrique Ruano, vecino de la calle de Conde de Aranda, moriría en poder de la Policía política franquista en enero de 1969. Por otra parte, en el barrio recuerdan con horror el atentado del GRAPO contra la cafetería California 47, en mayo de 1979, con nueve muertos y 61 heridos.

La estigmatización simbólica inducida al barrio de Salamanca por la presencia ultraderechista y la violencia, contribuyó a devaluar la estimación social y económica de la calidad residencial del barrio durante una etapa prolongada en los años 60-70. Y ello pese a que gran parte de su población originaria, de extracción burguesa media o pequeñoburguesa, era apolítica o meramente conservadora; además, se hallaba envejecida, empobrecida y, en muchas ocasiones, venida a menos y forzada a emigrar del barrio.

Calle del barrio de Salamanca

Origen pequeño-burgués

Las viviendas de los edificios del barrio procedían del llamado Ensanche de Castro, una expansión de la ciudad que databa de 1860, que asentó primero a una incipiente pequeña-burguesía desplazada del centro de Madrid por la aristocracia, que ocupaba el casco antiguo con sus palacios y conventos. Luego accedería a asentarse un segmento social burgués medio o alto. El caserío del barrio de Salamanca, mayoritariamente, se expandió a comienzos del siglo XX. Sus casas poseían, y muchas conservan aún hoy, suntuosas fachadas en las que se percibe la estratificación social con las buhardillas y chez de bonne de los áticos dedicadas a la servidumbre y los pisos principales a los burgueses acomodados; grandes portales, en ocasiones ideados para el acceso de caballerías; estructuras a base de vigas de madera; ausencia de ascensores. Se trataba de pisos con varios centenares de metros cuadrados de extensión, con largos pasillos, así como numerosas habitaciones de techos altos; terrazas o balcones extensos; además de amplias cocinas y zonas de acceso y salida diferenciadas para discriminar socialmente al servicio doméstico de sus propietarios o inquilinos. Los locales solían ser profundos y espaciosos, dentro de manzanas rectangulares con fachadas a cuatro calles, con patios abiertos y ajardinados.

Con el tiempo, las viviendas, alquileres de renta antigua, sin opciones de compra, procuraban escasos ingresos a los propietarios de los inmuebles, que se oponían a reparar las instalaciones y los servicios deteriorados de sus inquilinos. En numerosas ocasiones, los caseros se negaron a pasarles los recibos. Sobrevino la posterior ruina de muchos edificios. Esta fue aprovechada por grandes consorcios inmobiliarios, empresas de apartamentos y hoteles, para adquirir, a bajos precios, los enormes pisos que, una vez rehabilitados y fragmentados en numerosas estancias, hicieron crecer exponencialmente sus precios.

Surgió así un proceso pionero, imperfecto y encubierto, de lo que la socióloga británica Ruth Glass denominaría gentrificación, bien que con características propias. El concepto se aplica a aquellos barrios céntricos cuya población es de extracción social baja o media baja, sometida a un proceso intencionado de estigmatización seguido por la expulsión de moradores originarios, a la que sigue un encarecimiento especulativo exponencial de pisos y locales. Su resultado suele ser el de un repoblamiento del barrio rehabilitado con nuevas clases emergentes de mayor poder adquisitivo.

Lo específico del barrio de Salamanca era que sus moradores originarios pertenecían -y algunos de los que se quedaron, aún pertenecen- a la clase media baja o media alta, con niveles de ingresos, estadísticamente hablando, superiores a los de otros barrios de la ciudad, aunque también más envejecidos que los de aquellos. Pero el barrio, pese a todo experimentó, un fenómeno con características semejantes a la gentrificación, habitualmente sufrida por clases sociales deprimidas, operada en barrios céntricos de ciudades como Londres y París y, en Madrid, en otros barrios como Malasaña o Lavapiés.

De Gran Vía a Serrano

Según ha escrito Jesús Leal Maldonado, catedrático emérito de Sociología Urbana de la Universidad Complutense, a mediados de los años 80 del siglo XX sobrevino en Madrid un cambio de escenario del comercio chic, hasta entonces ubicado en la Gran Vía, cuyos establecimientos de consumo suntuario migraron hacia la calle de Serrano. El consumo y los gustos de la gente joven, durante varias décadas, se centró en el barrio de Salamanca donde adquiría su vestimenta, calzado y seguía las modas allí fijadas, sobre todo en el área de la calle de Goya.

En el barrio de Salamanca, tal proceso gentrificador cobraría una tonalidad y unas características singulares puesto que, a diferencia de otras ciudades europeas, no implicó un asentamiento de artistas, intelectuales, bohemios y yuppies, ni una intensa vida social o cultural–“a las ocho de la tarde hoy el barrio está muerto”, dice Miguel Ángel, un vecino de Goya esquina a Núñez de Balboa- , sino que forzó una terciarización de su espacio urbano, dedicado a partir de entonces al consumo suntuario y a los servicios dentro del esquema global del capitalismo financiero que hizo perder al barrio su primigenio carácter residencial. Leal Maldonado destaca en sus escritos una particularidad inesperada del barrio de Salamanca: “en él se aloja una población inmigrante considerable, que ha elegido para vivir habitaciones bajeras, sótanos, chiscones y casas de porteros esparcidas por el distrito”.

Hasta los grandes patios que caracterizaban las manzanas decimonónicas pasaron a ser ocupados por almacenes, instalaciones comerciales, industriales, incluso fabriles, que llevaron a litigar, en caros y arduos pleitos judiciales, a los vecinos que resistieron los primeros embates encaminados a desalojarlos del barrio que ocupaban, tras rechazar alternativas habitacionales en otros barrios y, a veces, a distintas indemnizaciones. Las presiones especulativas fueron muy fuertes.

Sus originarios moradores serían mayoritariamente sustituidos por nuevos inquilinos económicamente pujantes, sobre todo potentes firmas comerciales. Hoy, son muchos multimillonarios suramericanos, buena parte de ellos  en fuga fiscal de sus países de origen, quienes pugnan por adquirir, vía compra, el control inmobiliario del distrito.

Tras numerosas vicisitudes, a partir del año 2000, el barrio de Salamanca, convenientemente transformado su valor de uso residencial en valor de cambio comercial, experimentó una reevaluación de su cotización económica y su acreditación simbólica, asociada ésta a cierto carácter de estética señorial. Sin embargo, las recientes manifestaciones ultraderechistas y negacionistas proyectan sobre este escenario urbano, de nuevo, la imagen de un clasismo agresivo y discriminatorio. Las conductas observadas por los manifestantes contra las recomendaciones sanitarias para combatir la pandemia, han convertido en rehenes de la extrema derecha a los moradores actuales del barrio de Salamanca. “No saben el daño que nos hicieron y el que nos hacen”, señala un comerciante jubilado que prefiere mantenerse en el anonimato. “Ahuyentan al público de nuestros comercios”, añade.

La ‘prisión Torrijos’ en la calle Conde de Peñalver donde estuvo recluido el poeta Miguel Hernández. Hoy es una residencia de mayores.

Franco, March, Ortega, Aranguren y Rato, vecinos del barrio

Uno de los moradores próceres del barrio de Salamanca sería Juan March, conocido por sus negocios de altos vuelos y por su apoyo al golpe de Estado de los generales Emilio Mola y Francisco Franco de julio de 1936, cuyo fracaso desencadenó la Guerra Civil. March adquirió o se hizo construir varios palacios cerca de la plaza madrileña dedicada al promotor del barrio.

Durante la contienda civil, el 10 de enero de 1938, tuvo lugar una explosión aterradora en los subterráneos del Metro de Lista, una de las estaciones del barrio de Salamanca, donde al parecer había instalada una fábrica de municiones. Nunca se supo con certeza si se debió a un sabotaje de la llamada Quinta columna franquista o bien se trató de una deflagración accidental; el caso fue que ni el bando de Franco ni el Gobierno republicano, por motivos distintos, informaron del número de muertos, calculado por el vecindario en numerosos centenares.

No lejos de allí, en la calle llamada entonces de Torrijos y hoy Conde de Peñalver, estuvo preso al finalizar la guerra el poeta comunista Miguel Hernández, en un convento-colegio convertido en prisión. Años después, en plena clandestinidad, en el sótano de ese convento estuvo el aparato secreto de propaganda del Partido Comunista de España. Durante la Guerra Civil este partido mantuvo su sede en la esquina de las calle de Serrano y Columela, entre otras razones porque los golpistas que hostigaron Madrid a cañonazos diarios durante tres años, eludían bombardear el barrio de Salamanca, por albergar a muchas de las familias de los alzados contra la República. Tras la legalización de los partidos políticos y de los sindicatos, en 1977, el PCE estableció su sede en el barrio de Salamanca: en la calle de Castelló, primer domicilio oficial desde la Guerra Civil.

Francisco Franco, de soltero y de recién casado, vivió año y medio entre 1926 y 1928 el barrio de Salamanca, en la calle de Marqués de Villamejor, apenas a cincuenta pasos del obrador de plancha de la calle de Serrano donde se celebraron algunas de las reuniones previas al alzamiento militar de 1936. Gente de Falange asistía a aquellas reuniones clandestinas. A su líder, José Antonio Primo de Rivera, nacido en la cercana calle de Génova, cuando estaba preso en la cárcel de Alicante, Franco le negaría la posibilidad de ser rescatado por un comando falangista, con apoyo de un submarino italiano; en el comando figuraban el boxeador vasco Paulino Uzcudum y Perico Ansoátegui, machaca de Ramón Serrano Súñer. El bi-ministro falangista de Franco, del que era cuñado, -su cuñada Carmen Polo, esposa del dictador, residiría de soltera en la calle de Jorge Juan- fue vecino permanente del barrio de Salamanca, donde tuvo su domicilio en la entonces llamada calle del General Mola, hoy Príncipe de Vergara, portal con portal con el del que años después ocuparía Luis Bárcenas, tesorero condenado a prisión por corrupción y guardián de los secretos de la financiación ilegal del Partido Popular.

No lejos de esas viviendas, también dentro del barrio de Salamanca y en la calle de Villanueva, vivió José María Gil Robles, líder de la Confederación Española de Derechas Autónomas y ministro de Defensa en el bienio negro republicano; vecino próximo de su casa fue el ministro franquista de Industria y de Exteriores, Gregorio López Bravo; y en la calle de Jorge Juan ha vivido Rodrigo Rato, nacido en la calle de Claudio Coello, ex vicepresidente del Gobierno de José María Aznar, actualmente en la prisión de Soto del Real y condenado por las tarjetas black de Bankia. También residió en el barrio una de las hermanas del ex rey Juan Carlos I.

Pero no todos los vecinos de nombradía social fueron de la misma extracción ideológica. Moradores, por nacimiento o residencia, lo fueron también el general liberal Serrano, la escritora naturalista Emilia Pardo Bazán; los poetas Gustavo Adolfo Bécquer, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado y Pablo Neruda; los escritores Vicente Blasco Ibáñez y José Bergamín; el conde Romanones; José Ortega y Gasset; Gregorio Marañón; los políticos Manuel Azaña, Alejandro Lerroux y Juan Negrín; la marquesa de Llanzol, Sonsoles de Icaza, madre de Carmen Díez de Rivera; el filósofo José Luis López Aranguren; el teórico del Estado Luis Díez del Corral; el administrativista Eduardo García de Enterría; arquitectos como Fernando García Mercadal y Jaime Tarruell; el editor Jesús Polanco; el notario Enrique Giménez Arnáu; el abogado del Estado, Antonio Melchor de las Heras; bufetes de abogados de Joaquín Ruiz Giménez y Matías Cortés; los periodistas Nicolás González Ruiz y Juan Luis Cebrián; y, más cerca de nuestros días, los cineastas Julio Diamante y Elías Querejeta, entre muchas otras personas de renombre. Embajadas como las de Estados Unidos, Francia o Italia, tienen en el barrio sus legaciones. Los arquitectos Ruiz de la Prada y Miguel Oriol, construyeron modernos edificios en las calles de Lista y Hermosilla.

Por otra parte, el barrio albergó también algunos de los colegios-viveros de la burguesía madrileña, como el Pilar de Castelló, aún activo, de donde surgiría una de las generaciones punteras de la Transición; el de los Sagrados Corazones, de Villanueva; o el Apóstol Santiago, en Velázquez; el Calasancio, en Conde de Peñalver; los colegios femeninos de Jesús María, en la calle de Juan Bravo; La Asunción, en la de Velázquez; el Loreto, en Príncipe de Vergara; las Ursulinas, de la calle de Lagasca; las Marianistas, en María de Molina y las Jesuitinas, de la calle de Ayala, entre otros. La mayor parte de los edificios que albergaron estos colegios, todos religiosos, procedía de cesiones o donaciones a congregaciones emigradas desde Francia durante etapas laicistas de primeros del siglo XX, que grandes rentistas, como la duquesa de Sevillano, terrateniente en Vicálvaro, les legaron en herencia al morir.

Congregaciones religiosas como los jesuitas, en la calle de Serrano, tuvieron su principal templo y residencia madrileña, o los dominicos, la iglesia del Cristo de Ayala. Iglesia célebre también, la de la Concepción, que tiene en sus criptas los enterramientos de sus principales donantes. Dos iglesias protestantes, una luterana alemana y otra presbiteriana británica, se encuentran dentro del barrio.

Calle del barrio de Salamanca

De las vaquerías al consumo de lujo

Los primeros locales comerciales del barrio, vaquerías con reses lecheras ordeñadas in situ, son hoy tiendas de artículos de lujo. Una de las arterias comerciales más importantes del barrio de Salamanca era y es la calle de Goya. Durante años, fue uno de los principales tontódromos de la ciudad, por donde transitaban adolescentes burgueses con ánimo de cortejar o de ser cortejad@s. La referencias de atuendo, peinado, poses y calzado a la moda hallaban allí su pasarela, trasladada años después, ya en pleno auge de la psicodelia, a la calle de Don Ramón de la Cruz, conocida como Moncho Street, también ubicada dentro del barrio y posteriormente al centro de Madrid, a la calle de Fuencarral.

Pocas librerías en un barrio grande: Aguilar, hoy desaparecida, en Serrano con Jorge Juan; Neblí, en Serrano, considerada la librería del Opus Dei; una librería francesa cerca ya de O’Donnell; y Pérgamo, en General Oraa, que ha resistido el embate y permanece aún en activo. De los museos, salvo el Arqueológico Nacional, en Serrano, tan solo el Lázaro Galdiano, en su esquina con María de Molina. Y entre las galerías de Arte destacó Kreisler, en Hermosilla. El barrio ha contado con dos emisoras de radio, Intercontinental en Diego de León y Radio Libertad, de José María Ruiz Mateos, en la calle de Velázquez. Radio Nacional estuvo durante algunos años en Castellana, 40, en el perímetro del barrio. El diario ABC tuvo su redacción en el edificio de Prensa Española, en la calle de Serrano. También el diario Madrid se asentó en su lar, al igual que la primera redacción de El País, en la calle de Núñez de Balboa. Clínicas como la Ruber de Juan Bravo o el Rosario, de Príncipe de Vergara, se asientan asimismo dentro del perímetro del distrito, al igual que clínicas como Covesa o maternidades como Santa Cristina.

Los pubs más conocidos eran, entre otros, Balmoral, en Ayala, típicamente british, y el Dickens, enfrente del citado diario Madrid. Este pub, donde se reunía gente progresista, era conocido con el sobrenombre de La hoz y el Martini. De las discotecas, fue muy concurrida Don Daniel, en la esquina de Núñez de Balboa, frente a la iglesia de la Concepción. Y de sus cines, destacaron el Velázquez, el Richmond, el Oraa y el Peñalver. Los bares y cafeterías del barrio abarcaban un espectro muy amplio, desde el aristocrático Mansard, en Alcalá o el clásico Roma, en Ayala con Serrano, hasta Mozo, sobre esta misma vía, o Chikito, en Velázquez; Chócala y Sakuskiya, en la de Alcalá, frente al Retiro o Samuel, en la calle de Lagasca, conocido por sus patatas bravas.

De los hoteles del barrio destacaba el Mayestic, en Velázquez, donde estuvo empleado Juan Pujol, Garbo, el espía que engañó a Hitler sobre el desembarco de Normandía; por cierto, en la calle de Jorge Juan tuvo su sede la sección española del Abwher, servicio secreto militar alemán del almirante Canaris, cerca de los hoteles Velázquez y el Wellington, nodo de la afición taurina madrileña, edificado sobre el palacete con torreón donde residiera el escritor madrileñista Ramón Gómez de la Serna hasta su exilio a Argentina, a raíz de la Guerra Civil, donde moriría tras una fugaz vista a su Madrid. Por cierto, el torero Antonio Bienvenida, vecino del barrio, vivió en el arranque de General Mola, hoy Príncipe de Vergara, al igual que la bailaora folclórica Lola Flores, vecina de la calle de María de Molina.

Como cabe ver, la extracción social de los moradores del barrio de Salamanca no permite establecer unilateralmente que sea hoy un feudo de la extrema derecha, salvo en una corta pero tensa etapa histórica, sino más bien compone un caleidoscopio ideológico de la muy fragmentada burguesía madrileña. No obstante, la extrema-derecha-extrema trata de patrimonializar simbólicamente el lugar de un barrio cuya ordenada geometría ortogonal de sus calles poco tiene que ver con la errática irracionalidad del negacionismo, del autoritarismo, la antidemocracia y el fascismo.

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