septiembre 2020 - IV Año

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El Ateneo de Madrid y el bicentenario del Ateneo Español, 1820-2020

200 años del Ateneo de Madrid
Ateneo 1

El 14 de mayo de 1820, menos de dos meses después del restablecimiento por Fernando VII de la Constitución de 1812, tras el triunfo de la rebelión de Riego, inició sus actividades en Madrid el Ateneo Español. Su primer Presidente fue D. José Guerrero de Torres, un especialista en Historia de Francia, que intentó imprimir a la sociedad el carácter de centro difusor de las ideas ‘Ilustradas’ que figuraba en sus estatutos. Y su último Presidente, en 1823, sería el General Castaños, el vencedor de los franceses en Bailén (1808), cuyo retrato está colocado en una muy destacada posición, en el Salón de Actos, salón principal del actual Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid.

El gran historiador e insigne ateneista, D. Alberto Gil Novales, lo denominó ‘el Primer Ateneo’, y si bien consideró que se trataba principalmente de una de las muchas sociedades patrióticas que surgieron en 1820, el Ateneo Español tenía una peculiaridad distintiva especial. Pese a que no llegó a tener una sede propiamente dicha, si puso en marcha su organización en seis secciones, cuatro dedicadas a las ciencias, una a las artes y otra más a la filosofía. También puso en funcionamiento cátedras, demostrando un propósito específico de difusión de los saberes. En la reciente Historia del Ateneo de D. Víctor Olmos, último historiador del Ateneo, queda destacada con precisión, esta peculiaridad distintiva al definir ese propósito divulgativo, desde el inicio de su amplia referencia al Ateneo Español de 1820, con el título ‘Para Propagar las Luces’. Pero el Ateneo Español sería suprimido, en 1823, tras el restablecimiento de Fernando VII como rey absoluto, como sucedió con todas las sociedades patrióticas surgidas en el Trienio Liberal.

Sin embargo, y seguramente debido a esa peculiaridad, el espíritu del Ateneo de 1820 no pereció, quedó latente y sería a la postre el origen del Ateneo de Madrid, fundado en 1835, y que ha pervivido hasta hoy. D. Rafael Mª de Labra (1840-1918) que fue Presidente y primer historiador del Ateneo de Madrid, y el igualmente ateneísta e historiador del Ateneo citado, D. Víctor Olmos, lo han considerado también el antecedente inmediato del actual Ateneo Científico y Literario, y más tarde también Artístico de Madrid. En la obra de Víctor Olmos, en su primer volumen, se dispone de una amplísima y detallada referencia a la breve singladura, y exilio londinense, del Ateneo Español, entre las páginas 51 y 83. Y también incorpora interesantes interrogantes sobre la idea de ‘Primer Ateneo’ de aquel Ateneo, en las páginas 85 a 101, en el capítulo titulado ‘Viejo o Nuevo Ateneo’, al iniciar el relato del proceso de creación del Ateneo Científico y Literario creado en 1835, nuestro Ateneo.

ateneo2Esa peculiaridad que poseía el Ateneo Español estaba implícita en su propio nombre. El propio nombre ‘Ateneo’ es el mismo nombre con que se denominaba en la Antigüedad Clásica a los templos dedicados a la diosa Palas Atenea, la Minerva de los Romanos. La hija de Zeus y diosa de la Sabiduría, incluso la militar (de ahí el casco y el escudo que porta) y de las Ciencias y las Artes. La diosa protectora de Atenas, la capital de la Polis Ática, de la que la propia ciudad tomaba el nombre: ‘Atenas’, de Atenea. La fábrica de Minerva, la sabia Atenas del poema del Bachiller Rodrigo Caro ‘Canción a las Ruinas de Itálica’. La propia palabra ‘Ateneo’ hace así, inevitablemente, referencia a templo y centro de irradiación de la sabiduría y de las ciencias, bajo la advocación y protección de la diosa Minerva. Y obviamente, y a diferencia de las otras sociedades patrióticas del Trienio Liberal, cuyo bicentenario también se conmemora este año, el Ateneo Español tuvo desde sus momentos iniciales esa peculiar pretensión de constituirse en centro para la difusión de las ideas ‘Ilustradas’, de las ciencias y de la cultura, que no existió en las restantes sociedades patrióticas de la época.

La aparición de los Ateneos constituyó un hito, un momento de plenitud del movimiento Ilustrado. A fin de cuentas, la aparición de ese tipo de entidades, los ateneos, bien podía expresar la culminación de uno de los grandes proyectos del movimiento ilustrado: conseguir la máxima difusión de las ideas del llamado ‘Siglo de las Luces’ y, así, contribuir a la ilustración de las gentes. Y, aunque los ateneos afloraron a finales del siglo XVIII y, sobre todo, en los inicios del siglo XIX, no puede considerarse que fueran una expresión tardía de la Ilustración, un fruto extemporáneo en tiempos ya de romanticismo o prerromanticismo, pese a que el movimiento romántico tuvo un gran peso en el Ateneo. Más bien los ateneos fueron una creación propia de un momento cenital. Obviamente, la difusión de las ideas del movimiento ilustrado sólo podía abordarse en un tiempo inevitablemente posterior al de su surgimiento y al de su consolidación.

Duque de RivasDuque de RivasEn los planteamientos de los hombres que tomaron la iniciativa de crear ateneos, se agitaba una cuestión trascendental: el gran desafío planteado para el humanismo ilustrado liberal de lograr su difusión por el conjunto del Cuerpo Social, como entonces se decía. En suma, la divulgación de las ideas como parte del contenido esencial del lema de la Ilustración ‘sapere aude’ (atrévete a saber), tal cual lo definió Kant. Es decir, afrontar el reto de hacer posible, mediante la ilustración personal de cada uno, el despliegue libre y multidireccional de las capacidades de la personalidad humana, dentro de un ideal de hombre integral, desarrollado en todas sus potencialidades y completo, que es el ideal del ‘Hombre Ilustrado’.

Los ateneos serían un modo sobre todo eficaz de atender la creciente demanda popular que surgía entre los más amplios y diversos públicos de las sociedades europeas de la época. Una demanda generalizada de acceso al saber, al conocimiento y a las nuevas ideas ilustradas, a la que los ateneos pretendieron dar cumplida respuesta. La totalidad de los ateneos que conocemos fueron creados con el propósito declarado de constituirse en centros de intercambio de ideas y de irradiación del saber y de la cultura. Un propósito que permite entender cómo y por qué la práctica totalidad de los ateneos contaron y cuentan con importantes bibliotecas, es decir, porque están ideados como depósitos del saber. Una buena biblioteca, con alta calidad y abundante cantidad de libros, facilita enormemente la difusión del pensamiento, de las artes, de las ciencias y la de la cultura en general. Y a esas bibliotecas, además de sus necesarias salas de lectura y sala de lectura de prensa, se le añadían otros espacios para el debate, la discusión y el intercambio de saberes y de ideas.

En esos momentos iniciales, cuando empezaron a surgir aquí y allá los primeros ateneos modernos, el impulso creador no afectó a todos países europeos, y sólo encontró acomodo en algunos. Al parecer, los ateneos habían aflorado en la Francia revolucionaria, pero casi todos tuvieron una muy efímera existencia. Probablemente, la idea dar el nombre de Ateneo a una sociedad patriótica en España, en los años del Trienio Liberal, fuera una idea más bien de inspiración francesa. Y debe recordarse que, durante el Consulado y el Imperio (1798-1814), bajo Bonaparte, desde la Administración Imperial se impulsó y favoreció la creación de ateneos en Francia. Incluso alguna entidad cultural que aún existe, y que ya entonces era de prestigio, como lo es la actual Academia de Vaucluse, cambió su nombre inicial de Liceo por el de Ateneo de Vaucluse, en 1802. Pero en 1815, tras la última y postrera derrota de Napoleón, tomó el definitivo nombre de Academia de Vaucluse con el que ha llegado hasta el presente. Y en Francia, como en casi todo el resto del Continente, apenas han quedado rastros de ateneos. Algún centro de cultura municipal mantiene el nombre, como el denominado Ateneo Municipal de Burdeos. Poco más.

Mesonero RomanosMesonero RomanosEl más antiguo de los Ateneos que yo conozco es el Ateneo de Liverpool. Fue fundado en 1797. Y se creó precisamente con ese carácter de centro del conocimiento y de difusión de la cultura, a que antes se ha hecho mención. Así, el edificio de la primera sede, y también el actual, se hizo construyendo una gran Biblioteca, con sus Salas de Lectura, a las que se adosaban algunos otros salones auxiliares para charlas, debates y conferencias, y también con Sala para lectura de la prensa. Ha sido y es un muy selecto club, que cuenta con una importante y famosa biblioteca en el Reino Unido (https://theathenaeum.org.uk/).

El Ateneo de Londres (https://www.athenaeumclub.co.uk/) es el más famoso de los Ateneos británicos. Fue fundado en 1824. Dicen del Ateneo de Londres que, cuando se fundó, rompieron el molde. Es un distinguidísimo club con númerus clausus para la entrada de nuevos socios, que no pueden superar el número de 400. Hasta el año 2002, las mujeres no podían ser socias. Los asociados originales del Ateneo, que mantenía estrechas conexiones con las sociedades eruditas, eran personas que contaban con importantes logros personales, fueran científicos, económicos, artísticos, etc. Es una entidad que cuenta entre sus asociados con muchos personajes que han alcanzado el Premio Nobel, y esto es lo excepcional, en todas sus modalidades. Entre otros, Darwin, Dickens, Kipling, Churchill, y un largo etcétera de celebridades británicas fueron socios del Ateneo. Como sucede con otros ateneos, cuenta también con una importante biblioteca, una de las más importantes del Reino Unido. Su sede es asimismo un edificio emblemático, situado en el West End de Londres, en la zona del Palacio de Saint James, en el Pall Mall. Sobre su pórtico de acceso, ornamentado con bajo-relieves copia de los del Partenón de Atenas, se alza una gran estatua dorada de la diosa Palas Atenea.

Salustiano OlozagaSalustiano OlózagaEn los Estados Unidos de América también arraigaron los ateneos. En Nueva Inglaterra ha quedado activo hasta hoy día uno de los ateneos más emblemáticos de Norteamérica, el Ateneo de Boston (Massachusetts), fundado en 1807  https://www.bostonathenaeum.org/). Otro típico ateneo, conformado por una grandiosa biblioteca, una de las más importantes de USA, nada menos. De hecho, el propósito fundacional del Ateneo de Boston era el de atraer a todos los que buscasen el conocimiento, haciendo accesibles las colecciones y espacios de una biblioteca, que permitiera encontrar inspiración para la reflexión, el discurso y la expresión creativa. La relación histórica de sus asociados es asimismo impresionante. Entre ellos una mujer, Hanna Adams (1755-1831), la primera escritora norteamericana, y junto a ella, los dos Presidentes Adams, John y John Quincy, Emerson, Louise May Alcott, Oliver W. Holms, padre e hijo, el Presidente Kennedy…, todos ellos y otros muchos fueron socios del Ateneo de Boston.

Pero los ateneos se han mantenido y han pervivido sobre todo en España y en la América Hispana, aunque también existan algunos muy destacados en el mundo anglosajón, como ya se ha dicho, tanto en Gran Bretaña, como en los Estados Unidos. A la distancia de 200 años de la creación del Ateneo Español de 1820, se puede afirmar que el ateneismo se ha establecido sólidamente, con gran expansión y desarrollo, especialmente en el mundo hispánico, aunque no solo. Y el Ateneo de Madrid, heredero del Ateneo Español, ha conseguido ostentar en ese mundo ateneístico una indiscutible primacía, o mejor aún una primogenitura, reconocida por los muchos Ateneos que existen en el Mundo Hispánico, en España, América y hasta en Filipinas.

En España el comienzo fue muy incierto, como antes se vio. En efecto, tras su supresión, en 1823, aparentemente nada había quedado del Ateneo Español. Y todo podía haber quedado ahí.

Pero, como más arriba se ha dicho, el recuerdo de la experiencia de 1820-1823 permanecía latente, pues la idea de crear un Ateneo en Madrid había permanecido en muchos espíritus. Y también sucedía que, doce años después de 1823, vivían casi todos los personajes, políticos, científicos y literarios, que habían participado en el Ateneo Español, incluso que habían sido socios. Pero así estuvieron las cosas hasta el año 1835.

Ateneo de Madrid Salón de ActosEl 14 de septiembre de 1835, la Reina Regente Mª Cristina nombró sorpresivamente a Mendizábal (1790-1853) Primer Ministro. El nuevo gobernante consiguió desatascar el proceso de cambios para reconfigurar un sistema constitucional, iniciado bajo los gobiernos de Cea Bermúdez, Martínez de la Rosa y Toreno, pero en el que no se había avanzado gran cosa desde 1833. El gobierno de Mendizábal, aunque breve, fue muy productivo y adoptó o impulsó muchas iniciativas, públicas y privadas, y reformas que contribuyeron a la modernización de la sociedad española. Fue en ese entorno de recuperación del constitucionalismo español, en el que se llevó a cabo la ‘refundación’ del Ateneo, que es el término que utiliza para definirlo D. Eduardo Huertas, en su opúsculo ‘Ateneo de Madrid: Refundadores y Promotores de 1835’, publicado por el Ateneo en 2014.

Mes y medio después, el 31 de octubre de 1835, a propuesta de Juan Miguel de los Ríos, la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País propuso crear un Ateneo Científico y Literario para promover las ciencias y el pensamiento en España. El 16 de noviembre de ese mismo año, por Real Orden de la Reina Gobernadora, se ordenó su creación. Y, el 26 de noviembre de 1835, en sesión presidida por D. Salustiano Olózaga, el Jefe Político (Gobernador Civil) de Madrid nombrado por Mendizábal, se procedió a la creación de la nueva entidad. Todos los mencionados fueron socios del Ateneo de Madrid desde el mismo acto fundacional, pero había más y no menos importantes, en general y muy especialmente para la vida y la supervivencia del recién renacido Ateneo.

La Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País merece, en este punto, una mención especial. Fue esta entidad, fundada en 1775, y su Presidente, D. Juan Álvarez Guerra, la que tomó la iniciativa de proponer y materializar la creación del Ateneo, en 1835. La Matritense que consideró siempre al Ateneo de Madrid como una entidad hija directa y muy dilecta. El respaldo de la Matritense al proyecto ateneista, le dio solidez y garantías de éxito, como finalmente se vio. Y tampoco se puede dejar de destacar un hecho que diferencia, además, el Ateneo Español de 1820, del Ateneo de Madrid. El Ateneo de Madrid, en 1835, nacía con el patrocinio de la Corona, como señala Víctor Olmos en su Historia, pues la Orden de la Reina Gobernadora es el acta fundacional del Ateneo de Madrid. El Ateneo Español de 1820 no había nacido con semejantes parabienes de Fernando VII.

ateneo4Los promotores del Ateneo en 1835 fueron muchos, y lo hicieron desde diversas instancias, como recoge Víctor Olmos en su citada obra (págs. 85 y ss.). La misma idea de establecer un Ateneo en Madrid, fue muy bien acogida en todas partes. Y es que el recuerdo del Ateneo Español estaba vivo en muchos de los que estaban involucrados en el proyecto, y muchos habían sido socios del Ateneo Español de 1820, o lo habían conocido. Incluso hubo una polémica en esos momentos preliminares, entre Juan Miguel de los Ríos y Salustiano Olózaga sobre si el nuevo Ateneo de Madrid de 1835 era o no, y hasta qué punto, el viejo Ateneo Español de 1820, o su continuación.

Destaca Eduardo Huertas en su citado opúsculo, que los hombres que estuvieron detrás de la iniciativa ‘refundadora’, sin duda que en compañía y respaldados por otros muchos, los que verdad la impulsaron y evitaron que este segundo intento ateneístico se malograse, fueron sólo unos pocos, no más de seis. Algunos están recordados con sus retratos en el Salón de Actos, como el Duque de Rivas, primer Presidente, y Olózaga. A juicio de Labra, Olózaga, segundo Presidente y creador de la Sección de Ciencias Morales y Políticas, fue el alma del Ateneo durante los primeros años. De los restantes, sólo Mesonero Romanos tiene su efigie presente en la Galería de Retratos, en la que no figuran ni Juan Álvarez Guerra, ni el Marqués viudo de Pontejos, ni Juan Miguel de los Ríos. Cada uno de ellos tuvo su cometido, y muy importante, en la refundación y en los años inmediatamente posteriores, cuando el nuevo Ateneo estuvo a punto de desaparecer.

Juan Miguel de los Ríos fue el promotor oficial de la idea y quien figuró siempre al frente de la iniciativa; también fue él quien ejerció como Secretario Primero del Ateneo por primera vez. Pero más que ninguno, el motor de todo el proyecto fue D. Ramón de Mesonero Romanos, quien sería también el primer Bibliotecario de facto, pues fue el quien organizó también la Biblioteca, aunque sea el segundo formalmente. Mesonero Romanos fue quien incluso buscó el local de la C/ Abrantes, donde tuvo el Ateneo su primera junta general y su primera sede. Y, más aún, fue él quien habló con todos para incorporarlos al proyecto de refundación y quien realizó la mayor parte de los trabajos preparatorios. Y en los años 1837-38, cuando por situaciones cuyo detalle excede el propósito de estas líneas el Ateneo estuvo a punto de acabar su existencia, fue Mesonero Romanos la inteligencia para sobreponerse a la crisis y la voluntad que removió todos los obstáculos.

 

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