marzo de 2026

El esperanto y la Sociedad de Naciones a propósito del alemán (1926)

Francisco Azorín Izquierdo

Francisco Azorín, que como es sabido, fue uno de los más destacados defensores del esperanto en el seno del socialismo español, hizo una reflexión en su sección esperantista en el periódico El Socialista (número del 23 de marzo de 1926) a cuenta del esperanto y el idioma alemán en la Sociedad de Naciones. Nos interesa detenernos en la misma porque es un ejemplo del empeño del autor en defender la importancia del esperanto como medio para el entendimiento internacional, es decir, para evitar confusiones y enfrentamientos.

La entrada de Alemania en la Sociedad de Naciones generó un fuerte debate interno no tanto sobre la conveniencia de que ingresara en el foro internacional, sino porque su ingreso alteraba la organización interna, especialmente en relación con el núcleo de gobierno de la misma, ya que se pensaba que el nuevo miembro debía estar en el mismo. En este sentido, España estuvo en la polémica porque también quería ser un miembro permanente de dicho núcleo.

Pues bien, para tomar una decisión se planteó un aplazamiento para que se emitiera un informe sobre la organización de la Sociedad. No es esta la cuestión que nos atañe en esta pieza, sino el hecho de dicho aplazamiento, como nos informaba Azorín, había provocado también el aplazamiento sobre la cuestión del esperanto.

Azorín afirmaba que en la Sociedad de Naciones, “por la resignación franciscana de los demás Estados adheridos”, se había declarado que serían las lenguas “privilegiadas” y de exclusivo uso oficial, la inglesa y la francesa. Pero Alemania ya había anunciado que al ingresar emplearía su propia lengua, algo que también había planteado en la OIT. Estaba pidiendo los mismos derechos para su idioma que ya disfrutaban el inglés y el francés.

Azorín afirmaba que parecía lógico que España exigiera lo mismo y también otros Estados. Pero todo esto generaría mucha confusión y por ello se volvía a justificar la adopción del esperanto, como una solución lógica. Cada pueblo, su lengua, y después una “superlengua” para todos, neutra, sencilla y clara, “como el esperanto”.

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Archivo Entreletras

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