septiembre 2020 - IV Año

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El espionaje reaparece en la escena literaria española

Tres novelas de Grandes, Marías y De Cora encaran el mejorable género del secreto político

Por Rafael Fraguas.- | Octubre 2017

CoraLa reciente presentación en Madrid del libro El estornudo de la mariposa, del periodista y escritor gallego José de Cora, refuerza el acceso del género espionaje al primer plano de las tramas literarias hispanas, como lo muestran los últimos libros de Almudena Grandes y Javier Marías. El libro del autor gallego, recién editado por Edhasa, recobra la figura de quien fuera, presumiblemente, el barcelonés más influyente del siglo XX, Juan Pujol García, alias Garbo, un hombre clave en la derrota de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial. Su influencia, que cabe calificar de histórica, se debió al hecho de haber intervenido activamente en el programa Double cross, una sutil estratagema orientada a intoxicar al Alto Mando militar alemán. Aquella celada, urdida desde el ingenio y la participación de Juan Pujol, resultaría decisiva para la consolidación del desembarco de Normandía, militarmente crucial para el derrocamiento del Tercer Reich.

Juan Pujol García, nacido en 1912 en la calle de Muntaner de Barcelona, hijo de un tintorero acomodado y de una dama muy religiosa, tuvo una juventud disoluta. En la Guerra Civil, desde la primera línea republicana y provisto de altavoces, alentaba a los combatientes franquistas a desertar. Al declinar la contienda, cruzó al bando fascista y, tras ser internado en un campo de concentración en Miranda de Ebro, un cura amigo de su madre lo libera y pasa, como chófer, al Cuartel General de Franco en Burgos. Empleado luego en un hotel madrileño de la calle de Velázquez, pugna por convertirse en agente secreto a favor de Inglaterra. No lo consigue. Se le niega tal acceso y se adentra en el espionaje alemán. Lo bautizan como Arabel. Aprende todas las técnicas de la información secreta y comienza a trabajar para los nazis a los que, desde Lisboa, proporciona información falsa -pero siempre verosímil- que él asegura enviar desde Londres: inventa una falsa red de una veintena de agentes pro-nazis que él regenta.

Aún en Portugal y por mediación de un agregado naval estadounidense, Juan Pujol consigue acreditarse ante los ingleses que, al comprobar su ingenio, lo fichan, le apodan Garbo, lo llevan a Inglaterra y comienzan a monitorizar su falsa red para proporcionar a la Wehrmacht informes siempre verosímiles y, a veces, veraces, pero militarmente inocuos. Con ellos, Garbo ganará crédito ante los nazis.

BertaEl 6 de junio de 1944, seis horas antes de zarpar la flota aliada destinada al desembarco en Normandía, Garbo transmite a Berlín que un contingente de buques se dirige a las playas normandas; pero, inmediatamente, alerta al mando alemán de la necesidad de no desguarecer militarmente Calais, donde los nazis mantienen el grueso de la fortificación artillera y acorazada germana. Garbo les miente: ‘el verdadero desembarco aliado en Europa va a desarrollarse por Calais, siendo el de Normandía una mera operación de diversión‘, les cuenta. Los alemanes le creen, no mueven su sistema artillero acorazado asentado en Calais y los aliados rompen la resistencia germana, de tal manera que consolidan las cabezas de playa en el litoral noroccidental francés de Normandía. La invasión militar aliada de Europa es ya viable.

Garbo será interpelado por Berlín, pero se defiende y reitera que avisó con antelación del desembarco en la costa normanda. Alega que, siendo una maniobra de distracción, la resistencia germana no fue eficaz y que, sobre la marcha, los aliados cambiaron de planes y abandonaron el despliegue sobre Calais para centrarse en Normandía. Obtiene mucho dinero de sus monitores nazis, le otorgan la Cruz de Hierro y se esfuma. Al terminar la contienda, tras visitar Washington, hace decir que ha muerto de malaria en Angola y abandona a su familia, a su mujer Araceli y a tres hijos, para establecerse como comerciante en Venezuela. Trabaja allí para la petrolera Shell, se casa y tiene tres hijos más.

Cuatro décadas después, el escritor inglés Nígel West le localiza en Venezuela. Garbo acepta una invitación madrileña para contar su historia, que El País publica el 12 de septiembre de 1984, la jornada siguiente a aquella Diada. Luego, viaja a Londres y le es impuesta la Orden del Imperio Británico. Juan Pujol visita Normandía y llora en los cementerios. «No pude salvar a tantos más…», se lamenta. Regresa a Venezuela y muere en Caracas en 1988.

Un género mejorable

Como señalaba antes, el género de novela de espionaje vuelve a la primera línea del interés de los novelistas españoles. Posee todos los ingredientes para hacerlo seductor: intriga, secreto, lealtad, traición, heroísmo, amores…pero, generalmente, los novelistas no rebasan el tramo de la descripción emocional-policial y en muy pocas ocasiones se adentran más allá, en la urdimbre sustancialmente geopolítica y mucho más enjundiosa –casi siempre con alcance histórico- que patronea el hondo mundo de los secretos estatales.

LospacientesHoy surge fundadamente la pregunta: ¿pudo ser Garbo un agente triple, también a favor de la URSS? Durante la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética soportó el mayor peso del hostigamiento por parte de las divisiones hitlerianas sobre su territorio. El interés de Stalin era obvio sobre la necesidad de que se abriera un nuevo frente aliado en Europa occidental: pero Churchill lo demoraba, ya que ansiaba que Hitler acabara con Stalin. Resultaba crucial para la viabilidad del futuro desembarco aliado -tan favorable a los intereses soviéticos-, la contribución del espionaje inglés: la URSS ya tenía allí infiltrada la importante Red de Cambridge, formada por Harold Kim Philby, Don Mclean y Anthony Burgess, entre otros.

Este importante espía comunista, Harold Kim Philby, durante la Guerra Civil española se había desempeñado como periodista de algunos medios ingleses, por lo cual frecuentaba el Cuartel General de Franco en Burgos, donde, curiosamente, Garbo va a ser chófer de un general. Por otra parte, quien se hará cargo de monitorear a Garbo como importante intoxicador contra Hitler desde Londres será Tom Harris, experto en la pintura de Goya y donante del Museo del Prado. Por cierto, Harris era íntimo amigo de Philby. Tras haber sido enlace de los servicios secretos británicos en Washington y atenazado por las sospechas, Kim Philby cruzará el monte Ararat y se adentrará en la URSS a pie en 1963, tras huir de Beirut. En Moscú alcanzará el grado de coronel del KGB. Su amigo el pintor-espía Tomás Harris, que pastoreó muy de cerca a Garbo antes de Normandía, morirá en un extraño accidente de automóvil en Mallorca después de la huida de Philby a la URSS. Harris-Garbo, ¿trabajaban para la URSS?

Esto es tan solo un ejemplo de un supuesto político, fundado y verosímil, que cabría incluir en el tratamiento, por el momento, novelesco, de un asunto como el que las múltiples historias en torno a Garbo ofrece. Pero, much@s novelistas se muestran, hasta ahora, algo reservad@s al respecto. Cabe pensar que tal timoratez narrativa podría obedecer a la cada vez más difícil tarea de adquirir verdadera cultura política estatal, carencia que, desgraciadamente, no solo afecta a much@s escritor@s español@s, sino que se expande peligrosamente por amplios estratos de la denominada sociedad civil. Si, con el tiempo, lográramos entre tod@s que no únicamente l@s novelistas, sino también y sobre todo la clase política hispana casi en su conjunto, supieran distinguir entre lo que es un Gobierno y lo que es un Estado, o las diferencias entre legalidad y legitimidad, o entre nacionalismo y racionalismo, podríamos felicitarnos de tener una sociedad política básicamente instruida. Pero todo indica que queda mucho camino por recorrer. Ojalá las recientes novelas sobre el género de espionaje – la escrita por De Cora versa sobre la figura de Araceli González Carballo, esposa de Garbo– den un paso adelante y fundamenten sus obras en la enjundiosa entraña del secreto, cuya forma suprema la alcanza en su dimensión estatal, cuya razón, la Razón de Estado, explica la parte más sustanciosa y desconocida de la Historia de todos los tiempos.

Libros:
José de Cora. El estornudo de la mariposa. Edhasa. (20.90 €)
Javier Marías. Berta Isla. Alfaguara. (20,80 €)
Almudena Grandes. Los pacientes del doctor García. (Tusquets. 21,75 €)

 

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