julio de 2024 - VIII Año

La Francmasonería, un método para la búsqueda del conocimiento, la verdad y la felicidad. Tal vez, la utopía de encontrarse a sí mismo y mejorar la sociedad

Registro masónico. 1876

El cerebro no es un vaso
que rellenar, sino una lámpara que encender.
Plutarco

La francmasonería tiene sus raíces en los gremios medievales de operarios de la construcción, artistas, arquitectos, ebanistas, canteros, que trabajaban en la construcción de los grandes edificios monumentales y especialmente en las catedrales en la edad media. La palabra viene del francés maçon, persona hábil que moldea algo, albañil, o que también con su trabajo de pulir la dureza de la piedra, suaviza y perfecciona en el arte de generar belleza.

La gran mayoría de los francmasones, a medida que transcurría el tiempo, y ya no era tan necesario mantener sus oficios en secreto, como medida de protección de su saber, de sus habilidades y de sus oficios y en la certeza de que la verdadera necesidad era tal vez que el conocimiento de todo tipo alcanzara a todas las personas, porque de esta manera se podría conseguir un ser humano, más tolerante, más sabio, más bello interiormente, un ser humano que abraza la razón y el discernimiento inteligente, lo analiza, contrasta la información que recibe, lo observa desde distintos ángulos, como hace la ciencia, y tras la observación y la reflexión comprueba la veracidad, alcanza dicho conocimiento, tal vez, verdaderamente puro, sin duda, su propia verdad.

No todos los seres humanos tienen el mismo conocimiento, las mismas habilidades, el mismo pensamiento, que a veces es antagónico; las mismas ideologías y sus diferencias pueden ser precisamente lo enriquecedor, el contraste, la exploración de distintas fuentes, de puntos de vista contrarios, todo ello puede conducir a un conocimiento más veraz y profundo de las cosas y del todo.

Por otra parte, el lenguaje tiene una carga simbólica, las palabras están cargadas de un significado, una carga a veces social y cultural que da lugar a una interpretación, muchas veces sesgada ¿y si la interpretación del significado no lo hiciésemos solo a través de las palabras y lo hiciésemos a través de símbolos, y que cada uno y cada cual, lo interpretase a su modo? un paralenguaje que facilite la afloración de un pensamiento libre.

Una forma de pensar que se despoja de toda basura cognitiva que esta acumulada en nuestra mente, de cualquier dogma, de cualquier pensamiento prefijado, de cualquier afirmación dudosa o basada en la especulación arbitraria y no en la especulación científica, empírica y no condicionada; alcanzaríamos entonces un verdadero pensamiento libre, alejado de cualquier actitud interesada, obsesiva, obtusa o simplemente de una mente poco abierta.

El conocimiento obtenido a través de  la investigación, el análisis, la lectura o la experiencia observada desde distintos ángulos, como en el Aleph de Borges, lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos”, un espacio que lo contiene todo en un laberinto psicológico de intrincada solución, que solo puede resolverse, mediante la observación, más allá de la percepción, desde el análisis sin condicionamiento o la deducción de cualquier otro, mediante la esencia del saber, mediante el viajar y aprender de todo y todos.

El secreto del cambio es enfocar toda tu energía, no en luchar contra lo viejo sino en construir lo nuevo. Sócrates

Los francmasones en origen comenzaron a aceptar miembros «especulativos» u honorarios para enriquecer sus trabajos de análisis y los proyectos, con una amplitud de miras y un conocimiento variado y contrastado. La encarnación moderna de la francmasonería se remonta a la Ilustración del siglo XVIII, también conocido como el Siglo de las Luces, cuando los ingleses cultos perseguían estar en comunión con otros y debatir cuestiones filosóficas, religiosas y vitales en un entorno organizado.

Durante la primera mitad del siglo XVIII la francmasonería francesa, aunque goza de una autonomía diferenciadora, permanece fiel en lo esencial a los usos que vienen de Inglaterra y que la  caracterizan, y bajo el nombre de Rito de los Modernos, las prácticas masónicas constituyen algunas de las más antiguas que se conocen, introduce el uso de la espada y confiere a la ceremonia de recepción, innovaciones que hoy están universalmente extendidas, en Francia adquiere una dimensión más social y camina hacia un humanismo universal, que se encuentra alineado con los valores de la república.

La Masonería, es a la vez, una sociedad de carácter iniciático integrada dentro de la gran corriente del Hermetismo (tradición filosófica de Hermes Trismegisto, referida a una amplia variedad de contenidos que buscan la verdad absoluta, tal vez divina, pero que constituye un camino para alcanzar la utopía sincrética del origen y el destino del todo, el porqué de los primeros porques). Aunque filosóficamente pueda tal vez, acercarse a una confluencia filosófica del pensamiento pitagórico, al que después podría sumarse el de Baruch Spinosa, Inmanuel Kant y sobre todo de Karl Christian Friedrich Krause.

Karl Christian Friedrich Krause

La francmasonería es un método de perfeccionamiento y mejora del ser humano, extrayendo lo mejor de él mismo, desde sus niveles más profundos del inconsciente y modelando el comportamiento visible en la realidad de su conciencia, que se trabaja de manera grupal, muy similar a la ideada por Jacob Levy Moreno, concebida como una terapia grupal, teatralizada mediante la representación de un mito expresado ritualmente. (Psicodrama)

Parafraseando a Baruch Spinoza, la felicidad es: Un bien verdadero que aumenta la potencia y la felicidad de la persona porque afirma de manera plena la naturaleza humana, como el mismo conocimiento adecuado.

Para Aristóteles la felicidad resulta ser: un bien supremo, es un fin en sí mismo; y para I. Kant: el deber se sostiene en la voluntad que es un fin en sí mismo.

Tras estas citas, cuando alguien ingresa en la masonería para ser iniciado, persigue una mejora a la que se obliga para aproximarse a la felicidad, a la verdad y al conocimiento. Para lograr ese objetivo, se compromete o jura en su iniciación, seguir el camino, tal vez utópico, mediante el cumpliendo del método, las enseñanzas, las normas, usos y las costumbres que constituyen un proceso progresivo de desarrollo humano para conseguir un ser propio, que junto fraternalmente a otros, podría, algún día, conseguir una humanidad más justa, lógica, equilibrada, solidaria, igualitaria y más iluminada.

La inteligencia no se manifiesta por tener un determinado nivel de estudio, sino por la capacidad de guardar silencio cuando el ignorante hacer ruido.

Infringir esa promesa conduciría a la práctica de un dogma, que lleva a una mente condicionada y atormentada, a un individuo moldeado socialmente hacia la mediocridad. Por consiguiente, la masonería es un compromiso con uno mismo y con los demás, más allá de lo profano, más allá de cualquier obligación social que no esté relacionada con el deber; ese deber que Kant consideraba imprescindible, el deber al compromiso afectivo o estrictamente familiar, más allá de la obligación del trabajo o la justicia, ceñido a la ética y su objetivo de mejora. Desvirtuar el objetivo conlleva la práctica de un trampantojo.

Es por ello que la francmasonería, constituye un compromiso consigo mismo y con los seres a los que ama, por encima de cualquier otra circunstancia y es por eso que el pensamiento libre, hace a las personas más libres e igualitarias, alejadas de cualquier influencia, creencia o ideología dogmática, sectaria o condicionante. De alguna manera, es la herramienta que acompañada del esfuerzo personal al que se ha comprometido el masón iniciado, contribuye a generar el camino y a construir de alguna manera su propio destino.

Si estas premisas no fuesen cumplidas, tal vez contribuiría al autoengaño, pero si se cumpliese, conduciría por un camino ético a la mejora sostenida en la búsqueda del equilibrio y la felicidad.

Es sin duda una utopía que ayuda a concebir el tránsito por la vida, con un sentido de alguna manera lógica que nos permita aceptar con felicidad la harmonía del universo y la magia increíble del todo.

Del caos al todo, del origen al infinito, del yo a los otros, más allá de la incógnita, más allá de cualquier misterio, encontrar en el conocimiento, la libertad y la certeza de la existencia humana, no es más que una micronésima de segundo y aún menos en el tránsito universal de la naturaleza.

Mantener la mente abierta, escuchar, leer, investigar sobre lo que frecuentemente no sale a la luz, es la clave del éxito.

La francmasonería es un espacio de encuentro iniciático y progresivo para el crecimiento interior como ser humano, donde buscar dentro de uno mismo, descartando los egos y los deseos personales, para conjugarlos en un todo fraterno con los demás miembros, trazando nuestro propio destino. No hay lugar para el yo, ni para mi manera de pensar, ni para mi recóndito deseo de alcanzar una meta profana en un espacio común, como el del Aleph o justo en el centro Stonehenge. Somo yo y el todo.

No es fácil, definir un espacio de vivencia, un camino iniciático, una entidad compleja y sencilla a la vez, la francmasonería, no es una organización clásica, es ante todo, un espacio metodológico, donde escudriñar filosóficamente y especular sobre la propia existencia, un espacio común de socialización con el objetivo de encontrar el espíritu y la razón de la existencia misma.

Lucho contra los gigantes, la injustica, el miedo, la ignorancia. Don Quijote de La Mancha, Miguel Cervantes

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