septiembre 2020 - IV Año

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Los dictadores y liberticidas son nefastos para las naciones

Bicentenario del Pronunciamiento del Coronel Rafael de Riego

coronelriegoEl 1 de enero de 1820, el Coronel Rafael de Riego protagonizó, en Cabezas de San Juan (Sevilla), un levantamiento, que meses más tarde obligó al Rey Fernando VII a jurar la Constitución de 1812 y a pronunciar la célebre frase ‘Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional’. Así dio comienzo el llamado Trienio Liberal (1820/1823) del que ahora se cumple el bicentenario.

Hace años un profesor de Historia del Pensamiento Filosófico Greco-latino, acostumbraba a repetir en sus clases, que había que basarse en hechos, a ser posible contrastados y rigurosos y, posteriormente, dar las interpretaciones de esos hechos desde diversos puntos de vista, siempre que los análisis fueran objetivos y no se desvirtuara la realidad. Es decir, los hechos están ahí y luego se puede entrar a una interpretación ideológica o política.
Sabemos cómo acabo el ‘Pronunciamiento de Riego’. Fernando VII, un monarca, caprichoso, infame, voluble, reaccionario e ignorante que ha pasado a la historia como ‘el rey felón’, se puso en contacto con potencias extranjeras que, en el Congreso de Verona, acordaron enviar tropas a España para extirpar de raíz el brote de liberalismo y constitucionalismo.

Así entraron a España los llamado ‘Cien mil hijos de San Luís’ al mando de Luis Antonio de Borbón, Duque de Angulema, reponiendo a Fernando VII como monarca absolutista por la Gracia de Dios. Emprendió una sanguinaria persecución de liberales que fueron asesinados, encarcelados o tuvieron que emprender el camino del exilio, inaugurando una etapa de terror, donde las bandas de matones realistas, campaban a sus anchas sin ningún control.

Rafael de Riego fue sádica y cruelmente ajusticiado en la plaza de la Cebada de Madrid, tras ser ahorcado fue decapitado. ¡Así se las gastaban!

En El sueño de la razón, de Antonio Buero Vallejo, hay una escena a un tiempo ridícula, trágica y reveladora. Fernando VII, mientras borda, pide a Francisco Tadeo Calomarde que le cuente, una y otra vez, como Riego se tambaleaba y tropezaba al subir las escaleras del cadalso. Obviamente, la descripción de esta ‘hazaña’ distraía y complacía enormemente al tirano. Lo que no es óbice para que unos latidos marquen el miedo que angustiaba, tanto al pintor Francisco de Goya, protagonista de la obra y a los liberales, como al liberticida que, ni siquiera, tras los muros de palacio se sentía seguro.

La extensión de este ensayo, es por fuerza reducida. Por tanto, me limitaré a poner de relieve algunos aspectos que considero de calado. Rafael de Riego ha logrado pasar a la historia como uno de los mayores defensores de las libertades civiles y como un mártir de la feroz represión que se llevó a cabo organizada y dirigida por ‘el rey felón’ y sus secuaces. Citaré sólo algunos hechos representativos: el fusilamiento de Torrijos en las playas de Málaga, sin juico previo, el exilio de Goya o de Fernández de Moratín o los apaleamientos y agresiones que tantos constitucionalistas sufrieron por parte de las desenfrenadas hordas fernandinas.

riego2Vayamos a las interpretaciones. Lo sucedido en Cabezas de San Juan, en enero de 1820, para algunos es un deplorable golpe de estado, perpetrado contra Fernando VII y que impidió que una flota que estaba preparada para sofocar una insurrección en las Colonias, cumpliera su propósito. La cosa se enreda más si los que defienden a Fernando VII, se dicen constitucionalistas, ya que fue una sublevación contra el absolutismo y a favor de la Constitución de 1812.

Se presta, asimismo, a interpretaciones en que los que se dicen ‘muy españoles’ apoyen el que Fernando VII solicitara la intervención de potencias extranjeras ¡En qué quedamos! No es serio esgrimir simultáneamente un argumento y su contrario.

El denominado ‘Himno de Riego’ da también lugar a diversas controversias. Fue adoptado por los liberales durante la monarquía constitucional y posteriormente por los republicanos, llegando a ser el himno oficioso durante la II República. Ni que decir tiene que hoy levanta sarpullidos entre los sectores reaccionarios que han dado en llamarse constitucionalistas.

La ignorancia y el desprecio, hacia nuestra historia es muchas veces patético. Se tergiversan hechos, se ensalzan personajes infames y se oculta, conscientemente, a otros. Lo que da lugar a manipulaciones interesadas y embrutecedoras, propias de un cerrilismo agudo que confunde, palpablemente, patriotismo con patrioterismo.

Quienes más descalifican suelen tener la piel muy fina cuando se les ataca a ellos. ¡Qué le vamos a hacer! El pasado no es ningún misterio, pero hay que saberlo leer y descifrar sin caer en descalificaciones en blanco y negro. Los farsantes y los demagogos están demás. Es muy poco estético el detalle de caer una y otra vez en una ‘apropiación cultural’ que sería risible de no ser dramática.

A Fernando VII debemos otros ‘logros’ de infausta memoria. Su autoritarismo sanguinario fue feroz, así como su afán persecutorio, ya que creía ver enemigos por doquier. Es conveniente que se sepa que restauró el siniestro Tribunal de la Inquisición y que gobernaba entre ‘Tedeum’, olor a incienso y privilegios a la Iglesia que se apoderaba de inmuebles y terrenos, como puede apreciarse ‘nihil novo sub sole’

A sus dudas y vacilaciones se debe el nacimiento y fortalecimiento del Carlismo, movimiento ultra reaccionario, que ensangrentó y llenó de barbarie, buena parte del siglo XIX y del que muchos españoles sabemos más por Los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, que por numerosos manuales, excesivamente complacientes con los crímenes perpetrados por los militares golpistas y por la derecha clerical, con sus furibundas diatribas contra todo lo que sonara a tolerancia, laicismo o libertad.

riego3A Riego y a otros representantes cualificados del Liberalismo político, debemos agradecer su compromiso con una España ilustrada y civilizada. Así como su intento fallido, pero no por eso menos noble, de abandonar ‘el purgatorio de silencio y olvido’ al que estaba sometida cualquier idea de progreso.

Fernando VII, al igual que otros tiranos posteriores, era un enajenado con la mirada turbia que reinó, como monarca absoluto, unos años malintencionados, dañinos y llenos de oprobio y miseria.

También, puede considerársele precedente de la escasa capacidad de raciocinio de quienes han continuado su senda de opresión, persecuciones y arbitrariedades.
Creo que ha llegado el momento de conceptualizar, rigurosamente, qué es y qué no es un sistema constitucional. En tanto que valga todo y se confunda todo, este falso debate no será otra cosa que un engaña-bobos.

Hoy me da por pensar no sólo que el espacio y el tiempo son convenciones epistemológicas sino que la realidad es circular y que estamos anclados y presos de algo que da vueltas y más vueltas sobre el mismo eje.

La libertad y el constitucionalismo han tenido muy mala suerte en España. Epicteto en sus Disertaciones ya señalaba, hace siglos, que ‘el origen del sufrimiento es querer algo y que no suceda’. ¡Cuántas veces se han ido a pique o se han tirado por la borda los deseos de disfrutar de una democracia firmemente arraigada! y de un régimen político que defienda y posibilite la igualdad y la justicia social.

Mientras escribo estas líneas está teniendo lugar el Debate de Investidura. Es, desde luego, amargo y poco prometedor ver lo poco que ciertos sectores de este país han cambiado. Siguen siendo vocingleros, mal encarados y se comportan como si España fuera suya y los que piensan de otro modo, no les merecen otra consideración que advenedizos, enemigos de España y usurpadores ilegítimos del poder, cuando cometen el error de ganar democráticamente elecciones.

Nos hacen falta símbolos. Riego lo fue. Encarnó cabalmente las ideas liberales y progresistas de su momento histórico. Fue masón, al igual que lo fueron tantos prohombres ilustrados e intelectuales, abiertos a ideas innovadoras que venían de Europa.

Se opuso a la Restauración Absolutista de Fernando VII y puso fin a su ominoso Sexenio (1814-1820) al grito de ¡Viva la Constitución! Rafael de Riego aparece en muchos textos sólo mencionado de pasada, sin embargo, fue Mariscal de Campo, Capitán General de Aragón, Diputado por Asturias y Presidente de las Cortes Generales.

Para algunos, tendrá siempre el valor de un símbolo. El de la libertad y el del constitucionalismo.

Por eso, precisamente por eso, escribo y envío estas líneas a Entreletras, al cumplirse el Bicentenario de esta gesta histórica en el municipio sevillano de Cabezas de San Juan.

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