julio de 2024 - VIII Año

El tercer centenario del Ateneo de Madrid y los 80 años de Azaña

En el Ateneo de Madrid es obligado recordar a Azaña este año por la coincidencia de dos aniversarios que terminan en cero. Los 200 años de la fundación del Ateneo de Madrid (14.05.1820) y el 80 aniversario del fallecimiento de Azaña en Montauban (Francia) (03.11.1940), cuna de la libertad y de la proclamación de la igualdad de los derechos humanos.  Allí, perdida la libertad en España, manu militari, se refugió ese gran español, patriota sin igual, tras el triunfo del fascismo internacional en lo que no se reconoce como inicio de la II Guerra Mundial. Porque en la guerra de 1936 lucharon conjuntamente los ejércitos de la Alemania nazi y de la Italia fascista, refugio desde donde Alfonso XIII financiaba al fascismo golpista y la parte del ejército que decidió no defender la democracia. Ése fue el real inicio de la II Guerra Mundial. El posterior atropello de la democrática Polonia produjo una reacción internacional, pero no fue mayor, en sus inicios, que el sufrido por España tres años antes

Es obligado recordar, las jóvenes generaciones lo ignoran, que Azaña murió triste por morir fuera de su España, de la que le impidieron que fuera la de todos los españoles. Murió en paz gracias a la protección del Gobierno de la República de México que convirtió en territorio diplomático las habitaciones donde se hospedaba. Eso impidió que los fascistas hispánicos consiguieran, inclementes, arruinarle hasta los últimos instantes de su vida.

En el Ateneo de Madrid rememoramos también el segundo centenario de su creación. Si vivo el presente conmemorando al pasado, es lo habitual, yo prefiero vivirlo inaugurando el futuro; por eso digo que este año inauguramos el tercer centenario del Ateneo, del que ya ha pasado medio año. Tempus fugit; antes de que darnos cuenta habrán pasado 300 años.

Recuerda Azaña su ingreso en el Ateneo siendo un recién licenciado en derecho. Sus criticas de hace un siglo son actuales porque la vida progresa describiendo una epicicloide. Ésta es la curva que describe el punto de la periferia de la rueda que avanza; aunque su eje va en línea recta siempre hacia delante, el punto de la epicicloide retrocede periódicamente. Hemos renovado parte de la Junta de Gobierno del Ateneo. Su tarea será acabar con la actitud de aquellos socios a los que criticaba Azaña; de  ”costumbres inveteradas, rutinas impuestas por los antiguos”. Es hora de sumarse al proyecto que tantos frutos ha producido en el último año y al principal empeño de su Presidente, el arquitecto Dr. Juan Armindo Hernández; es necesario que sea real el “derecho de todos los socios a ejercer su derecho al voto” por vía telemática.  Donde no hay votación, no hay democracia. Así de claro.

Azaña criticaba a los “socios envejecidos” que ayer como hoy alegan falacias para justificar el inmovilismo: que en el Reglamento se habla de papeles pero no de papeletas electrónicas. ¿Cómo iba a hacerlo si los electrones aún no se habían inventado? Con esa misma falacia hace más de un siglo muchos socios impidieron que las mujeres fueran socios de número; el Reglamento hablaba de socios y no de socias. Tristes argucias de quien sabe que no tiene  razón. Sólo si se recupera la democracia el Ateneo volverá a ser, como dijera Azaña, un lugar de “grata compañía, amena e instructiva conversación, novedad en las ideas, tolerancia para las opiniones ajenas“. Sería bueno regalárselo en el 80 aniversario de su fallecimiento.

Se dice de Galdós, cuyo bicentenario ha celebrado el Ateneo con diversos actos, entre ellos la publicación de dos hermosos volúmenes de cuentos y obras teatrales menos conocidas, que vivía en el Ateneo. Se podría decir también de Azaña porque se implicó en él desde su incorporación. Por su mérito fue Secretario primero con Martínez de Labra (1913-18); siguió luego con Figueroa, Conde de Romanones, (1918-19) y con Menéndez Pidal (1919-20, pero en ese período dimite. Con Marañón es Depositario en 1930. Presidirá el Ateneo en fechas críticas (1930-1932). En su discurso de inauguración del Curso  de 1931 destaca que «la tradición del Ateneo se resume en su tolerancia…. Su argumento es el progreso; su arma, las luces; su título, el mérito propio, su fin, la libertad”. Referida a novedosas propuestas tecnológica añade  ”me inclino a ser tolerante, no vaya a convertirse la extravagancia de hoy en la realidad del mañana”. De haber voto telemático lo hubiera incorporado sin duda.

Fue Azaña muy activo en la defensa de la causa de las naciones aliadas en la guerra más estúpida de todas, la I Guerra  Mundial. Se opuso a la equidistancia del Presidente Labra. Firmó un manifiesto que declaraba: “no estaría bien, en ese momento supremo de la historia del mundo que la historia de España se separase de curso de los tipos, permaneciendo a un lado como roca estéril incapaz de sentir inquietudes por el porvenir las que dictan la razón  la ética. Todo un ejemplo de lealtad a la humanidad.

España, ayer como hoy, es una sociedad muy dividida; pero de modo más visceral que reflexivo. Las «razones» del antagonismo aliadófilos vs. germanófilos, opinó Azaña, era por “nuestra carencia absoluta de medios militares capaces de medirse con los ejércitos europeos”; y la germanofilia era un deseo de “ver humilladas y destruidas, a las naciones de la coalición y más concretamente a Francia e Inglaterra”. Visceralidad, no reflexión.

Azaña, persona inteligente, sólo puede concebir el Ateneo del porvenir. En su discurso como Secretario primero habla sobre su honorable pasado: «La posibilidad de hablar libremente labró la reputación del Ateneo convertido en Lazareto del librepensamiento», sentenció de modo contundente «pero su época pasó. El progreso de fuera nos espolea y hemos de superar la forma antigua si no queremos que el ambiente nuevo nos ahogue», que eso es vivir y por eso son actuales sus palabras, iniciado ya el tercer centenario: «habéis de formarlo vosotros los hombres nuevos, al mismo tiempo que rehacéis la fisonomía cultural de España«. Ahí estamos. Acaba de ser renovada parte de su Junta; la anterior, superando una oposición irredenta, aprobó los Amigos del Ateneo para incorporar a los menores de 16 años, vivero de socios al llegar a la mayoría de edad, y a las empresas amigas que co-financien el Ateneo.

El título de este texto lo tomo también de mi informe anual como Secretario primero, cargo que me honra por la gran calidad de los socios que me precedieron en él, entre ellos Azaña. «El tercer centenario» es la «patada a seguir» del rugby lanzada por 92 socios hace 200 años; sigámosla hasta los 300 años; ¡ya falta menos! Cumplamos nuestra tarea, humilde, pero esencial: ser firme cimiento invisible bajo el nivel del suelo, pero firme; que los jovenes Amigos del Ateneo, es simbólica la tasa de 10 €/año, hagan crecer al Ateneo sobre él. Suya será esa tarea al llegar a la mayoría de edad; suya la gloria de celebrar los 300 años, iniciando así los 400, con un Ateneo referente de la cultura, de la solidaridad humana; de la ética social, esa flor delicada y hermosa fruto de la ética individual; la ética del respeto a la libertad de expresión, la que nace del respeto al interlocutor, con similar o distinta opinión. No rechacemos el ansia del joven socio que desborda con ánimo de hacer, de unirse, de sumar. No temamos su impulso; apoyémoslo; seámos de nuevo jóvenes al hacerlo nuestro.

Con certera visión, Azaña anticipó un mundo de ciudadanos nuevos; «ya no queremos hombres universales y aficionados, sino especialistas y técnicos … El rigor científico, la precisión en los métodos, el aprendizaje de la técnica, los procedimientos de investigación, es lo que deberá buscarse y aprenderse en nuestra casaSi no fuera así, el Ateneo se vería suplantado en sus funciones, perdería su espléndido rango director, se extenuaría por imprecisión de sus fines y en vez de marchar a la cabeza, quedaría al margen, desarbolado, vacío«. Es decir, el Ateno dejaría de ser.

Hoy se da el feliz binomio de dos científicos, el Presidente y el Secretario primero, inédito en la historia del Ateneo. A su tarea de «difusión de las ciencias» a través de las Secciones de  Arquitectura y Ciencia y Tecnología que presiden, se suma la de «las letras y las artes«, nuestro fin reglamentario, que llevan a cabo las demás Secciones y Agrupaciones especiales con igual ánimo y empuje. En este último año el Ateneo ha reeditado libros en el centenario de Galdós, también en el de Concepción Arenal, éste cofinanciado por la Xunta de Galicia. Estaba previsto conmemorar a nuestro Presidente Valle Inclán el primer centenario de la edición de «Luces de Bohemia» a propuesta de la Agrupación de Estudios Gallegos del Ateneo; aunque la nueva Junta de Gobierno lo ha impedido, de sabios será rectificar.

Al premio de Literatura, las críticas a su edición de novela que se otorgará el 14 de mayo del 2021 han sido excelentes, se suman los premios a la mejor carrera científica literaria y artística creados por la Junta de Gobierno anterior. Propondremos a la nueva Junta un premio específico de interpretación musical entre recién graduados. Teresa Berganza nos ha honrado toda su vida recordando que su primera actuación pública fue en el Ateneo de Madrid. Este premio, el primero, será un feliz augurio de una futura carrera musical de éxito.

Se dice que con Azaña, tras el secuestro del Ateneo por el fascismo, concluye la denominada Edad de Oro iniciada por Martínez de la Rosa. Su mandato estuvo impregnado de democracia. Según datos del Ministerio de la Gobernación, Azaña y otros ateneístas: De los Ríos, Alcalá Zamora, Maura, Domingo y Prieto y otros intelectuales habían preparado en los años 30 un manifiesto que declaraba “La revolución será siempre un crimen o una locura donde quiera que prevalezca la justicia y el derecho, pero es un derecho donde prevale la injusticia”. (Ágora de la Libertad Tomo I, Olmos). El complejo, que tenía el Gobierno de Alfonso XIII por no ser democrático, le impidió cerrarlo; lo hizo con motivo de los sucesos de Jaca. Pero el Ateneo siguió cerrado aunque el 24.01.1931 se levantó el Estado de guerra y el 09.02.1931 se restablecieron los derechos constitucionales. Denunciaba El Heraldo: “¡Lo mismo que Primo de Rivera!: lean, estudien, mediten; pero no hablen”. Por eso mismo lo cerrara Fernando VII en 1823. Ignoraban lo que dijera Cristo de sus discípulos “Si ellos callaran lo gritarían las `piedras”. Durante la guerra fría se decía que los alemanes del este, impedidos del voto democrático, en papeleta, que el telemático aún no se había inventado, votaban con los pies, hasta que lo impidió el muro de la intolerancia; los españoles la derribaron con sus votos el 14.04.1931.

Hoy vivimos en España una situación más pacífica. Esta cruel y mortal pandemia, no es el mayor daño que sufre el país; es la eterna falta de ánimo de concordia, de espíritu de colaboración, de lealtad lo que la sigue asolando. Es el dramático cuadro de Goya, «Lucha a garrotazos«; es el lamento de Machado «no fue por estas tierras el bíblico jardín«. Si todos sabemos que la unión hace la fuerza, ¿qué sentido tiene ignorar esa realidad? Marco Aurelio nos invitaba a «vivir según la naturaleza«; somos seres políticos, vivimos juntos en la polis, la ciudad; somos seres sociales que amamos la convivencia pacífica; apliquémonos, pues, a potenciarla y luego, ¡disfrutemos el fruto de nuestro afán!

Esa es la tarea del Ateneo de cara al tercer centenario y a España; de España de cara a la Unión Europea; de ésta de cara a un mundo donde todos somos peregrinos, no inmigrantes; menos aún ilegales. Hemos logrado, aún incompletas, altas dosis de Libertad y de Igualdad; de nosotros, sólo de nosotros, depende la magnitud de la dosis de Fraternidad, a la que hoy se llama Solidaridad. Hagamos que el mundo sea esa aldea de Mc Luhan en la que no haya ningún pobre, ¿por qué tiene que haberlos?; donde nadie pase hambre. Nos sobra riqueza. Nunca hubo tanta, ni tan desmesurada y escandalosamente mal repartida.

Dunc in altum. La tarea será fácil si el ánimo está dispuesto. Empecemos nosotros desde el Ateneo, con esta doble conmemoración del fallecimiento de Azaña y del nacimiento del tercer centenario. Contagiemos a todos, aunque hoy ésta es una palabra que produce temor, pero sí, contagiemos a todos con nuestro espíritu; con el de la lealtad; con el de la bonhomía que rigió toda la vida la de D. Manuel Azaña, nuestro Presidente; una persona que merece en Madrid una calle mejor, una calle que sea conforme a su mérito ejemplar.

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