septiembre 2020 - IV Año

TRIBUNA

Luchar por Europa

plenoeuEl último ha sido un año aterrador para la mayoría de los Estados miembros de la Unión Europea. La polarización vinculada a la radicalización, anticipada en Grecia, se ha extendido paulatinamente, con más o menos energía, por todo el continente. Observamos con estupor el auge de Orbán en Hungría; o la deriva polaca hacia una radicalidad que cristalizó con el vergonzoso asesinato público del alcalde de Gdansk, después de años de persecución y odio procedente de sectores ultras.

En la orgullosa Europa occidental y liberal crecieron discursos populistas centrados en la exaltación de las emociones primarias, la divinización de liderazgos, la demonización de quien no siga el camino indicado y la arrogación de representarse como la voz de la nación o del pueblo.

Subestimamos el nacimiento y el posterior desarrollo del UKIP con la falsa certeza que Gran Bretaña nunca se alejaría del proyecto europeo. Respiramos con alivio después de la segunda vuelta de las elecciones francesas que cortó el paso a Marie Lepen y su Rassemblement National. Pero en Alemania la Alternative fur Deustchland ha consolidado su espacio e Italia está en manos de Salvini mientras el Movimento 5 Estelle se derrite en un mar de antipatía.

Ante este panorama, en buena medida los gobiernos de izquierdas de la Península Ibérica simbolizaron la esperanza de robustecer en Europa un modelo socialdemócrata evolucionado para hacer frente a la debilidad europea y recuperar el vigor de la Unión. De ahí la importancia de lo acontecido el 12 y 13 de febrero en el pleno del Congreso de los Diputados en Madrid. Sin embargo, estos últimos días se ha impuesto la victoria de los nacionalismos opuestos del tripartido de derechas y del independentismo catalán contra una opción moderada y con voluntad de diálogo que representa el socialismo. El nacionalismo espera ganar adeptos por medio del exceso del contrario.

plenoeu2Ante la imposibilidad de aprobar los presupuestos del ejecutivo de Pedro Sánchez, los españoles han asistido a la evaporación de un futuro de oportunidades. Unos presupuestos que, por primera vez desde el estallido de la crisis, devolvían a la ciudadanía parte de los derechos que se perdieron o quedaron congelados en el marasmo conservador de los gobiernos populares. Se pretendía regresar a las apuestas decididas a favor de la dependencia, a la mejora del sistema de pensiones o del modelo de becas en educación, por citar sólo unos pocos ejemplos evidentes.

El contenido de los presupuestos conllevaba un componente de relato esperanzador para Europa. No era sólo una oportunidad para España. Significaba la renovación de un relato europeo que corregía los errores del relato sobre la austeridad que atenazó el avance de la Unión. Era, sin duda, un primer paso esencial con la vista puesta en un cambio que debe llegar a Europa el próximo 26 de mayo.

Aun así, a pesar de la triste actuación de los nacionalismos opuestos y atrancados en querer destrozarse mutuamente y llevarse lo que puedan por delante, los presupuestos socialistas han servido para establecer las referencias sobre los puntos fundamentales que rigen la recuperación de la socialdemocracia y la renovación de su vínculo de confianza con la sociedad.

España se encuentra en un campo donde lo que está en juego es Europa. La contienda por evitar la disgregación del modelo europeo pasará, contra todo pronóstico, por nuestro país. En las manos de los españoles estará afianzar la defensa de la Unión Europea o contribuir a cavar su tumba. A eso nos enfrentamos.

El modelo europeo siempre fue la libertad, la diversidad, la fraternidad y la igualdad. No hay otro posible. Eso es Europa.

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