enero de 2026

Susannah York, la actriz que deslumbró en los setenta

Nacida el 9 de enero de 1939 y murió el 15 de enero de 2011, por un cáncer mieloma múltiple. No quiso tratarse del mismo, porque estaba de gira y no quería sufrir las consecuencias de la quimio, lo que pudo acelerar su final. Tenía setenta y dos años recién cumplidos.

Nacida en Londres, comenzó su carrera con Tunes of Glory (1960), junto a Alec Guinness y John Mills. Pero siempre la recordamos por papeles icónicos como Tom Jones, la película que encumbró a un amigo de la actriz, Albert Finney.

También prestó su belleza en otra película magnífica de la década de los sesenta, Un hombre para la eternidad, donde compartió elenco con actores como Paul Scofield y Robert Shaw, otro de esos actores polifacéticos (escritor, actor), que falleció pronto de un infarto con solo cincuenta y un años. Era Shaw un actor excelente, que demostró en su carrera papeles muy brillantes. Susannah estuvo de nuevo genial, en aquella historia donde Enrique VIII quiere casarse con Ana Bolena, pero no encuentra el permiso de Tomas Moro. Paul Scofield estuvo genial como el gran hombre de iglesia.

Pero Susannah iría más lejos, extraordinaria en El asesinato de la hermana George, La batalla de Inglaterra, confirmando que fue una de las mejores actrices del cine británico en los setenta, de la talla de Sarah Miles y Julie Christie.

Nominada a los Oscar como mejor actriz secundaria en Danzad, danzad, malditos, la extraordinaria película, cuyo agobiante tema era la lucha de un grupo de bailarines que han de danzar hasta la extenuación. La dirigió en 1969 Sidney Pollack, con magníficos actores como Jane Fonda, Michael Sarrazin y Bruce Dern.

La recordamos como la madre de Superman, de Richard Donner, en una breve aparición, interpretando a la esposa de un Marlon Brando que cobró mucho dinero por el papel.

Y no hay que olvidar que hizo pareja con el gran Peter O´Toole en No todo amor es hermoso, la difícil relación de dos hermanos, en esta cinta prodigiosa que dirigió J. Lee Thompson.

Y hasta John Huston la dirigió en Freud, con un avejentado Montgomery Clift, que moriría poco después, siendo una de las pacientes del famoso doctor. Ambos estuvieron geniales en esta película que logra acercarnos a un hombre fundamental del psicoanálisis en el siglo XX.

Pocas actrices de mirada tan azul como el mar, con su pelo rubio, con su belleza clásica, que nos dejó pronto. Siendo también una gran dama de la escena británica.

Cuando hubiera cumplido los ochenta y siete años, la recuerdo. Aunque decidió seguir actuando sin tratarse la enfermedad, siempre la recordaremos.

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Archivo Entreletras

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