febrero de 2026

José Luis Panero: “La crítica te vacuna contra el ego”

José Luis Panero es una de las figuras más singulares y completas del panorama cultural español contemporáneo, capaz de habitar con la misma naturalidad la cabina de radio, la redacción de un periódico, el set de rodaje y el escenario teatral. Su trayectoria se define por una vocación inquebrantable que él mismo resume como su “motor y refugio”: la Cultura. Como periodista y crítico, Panero es un referente del análisis cinematográfico y teatral. Con una mirada técnica pero profundamente humana, ha dejado su huella en medios como La Gaceta de los Negocios, la cadena COPE y, recientemente, colabora en Entreletras.

En su faceta de actor y creador, José Luis no se limita a observar la obra ajena, sino que se ensucia las manos en la “trinchera” desde hace tres décadas. Panero representa el equilibrio perfecto entre el académico que estudia el arte y el artista que lo disfruta. Es, en definitiva, un humanista del siglo XXI que entiende que la cultura no es solo entretenimiento, sino un testimonio necesario para comprender nuestra propia historia.

  • José Luis, durante el año que hemos cerrado has vivido el éxito profesional —incluyendo tu ingreso en la Academia de Cine—, pero también la pérdida de referentes como Manuel Zarzo y Verónica Echegui. Si tuvieras que ponerle un título de película a este año de tu vida, ¿cuál sería?

Luces largas, sombras necesarias me parece el más apropiado. Ha sido un año de contrastes muy cinematográficos, de esos que empiezan con plano general y terminan en primerísimo primer plano. Por un lado, la alegría de sentir que el trabajo encuentra eco en espacios como la Academia de Cine, que no deja de ser una casa simbólica para quienes amamos este oficio. Y por otro, la despedida de referentes que me han acompañado desde la butaca y desde la vida, como Manuel Zarzo y Verónica Echegui. Es un año que me enseñó que el éxito no es solo un punto de llegada, sino una pausa para mirar atrás, reconocer a quienes te abrieron camino y seguir avanzando con más respeto, más memoria y, si se puede, un poco más de calma.

  • A finales de año participaste en una celebración muy especial, donde se te impuso la Medalla de Nuestra Señora de la Novena, patrona de las artes escénicas. ¿Nos quieres contar por qué este encuentro ha sido tan emotivo para ti?
Milagros Morón y José Luis Panero durante una representación de ‘La tortuga de Darwin’ de Juan Mayorga

Fue emotivo porque no se vivió como un acto institucional, sino como una reunión de familia. La celebración del acto de imposición de medallas a los nuevos cofrades de Nuestra Señora de la Virgen de la Novena, celebrada en la iglesia de San Sebastián, se cargó de emoción compartida. Y es que convierte a actores, directores, técnicos y espectadores en una misma comunidad, sin jerarquías ni focos que deslumbren.

Para mí fue un momento de gratitud profunda, casi de balance personal, en el que sentí que cada proyecto, cada crítica, cada función y cada rodaje formaban parte de un mismo hilo. Hubo abrazos que decían más que muchos discursos y silencios que valían como aplausos. Salí de allí con la sensación de que, pase lo que pase en la cartelera, lo verdaderamente importante sigue siendo la gente con la que compartes el viaje. Muy especialmente agradezco que los actores Esperanza Lemos y David Zarzo, presidenta y vicepresidente de la cofradía, hayan sido mis padrinos y hayan depositado su confianza en mí para seguir iluminando las artes escénicas desde este maravilloso areópago.

  • Hablando de sets, este año has estado muy vinculado a Óscar Parra de Carrizosa. De los tres cortos estrenados y el largo ‘Por el camino de en medio’, destaca un título casi poético: ‘El evangelio de la servilleta’. ¿Qué se escribe en esas servilletas de la vida de José Luis Panero?

El evangelio de la servilleta tiene un título que parece una broma, pero encierra una verdad muy seria: las mejores ideas casi nunca nacen en despachos, sino en mesas compartidas. En esas servilletas se escribe la vida en borrador: frases a medias, dibujos torcidos, preguntas sin respuesta y sueños que todavía no saben que lo son.

Con Óscar Parra de Carrizosa hemos construido muchas historias así, entre cafés que se enfrían y conversaciones que se alargan más de lo previsto. En mis servilletas personales hay dudas sobre la fe, sobre la identidad, sobre el paso del tiempo y sobre la necesidad de seguir contando historias aunque no sepamos muy bien a dónde nos llevan. Son pequeñas cápsulas de vida que, con suerte, algún día se convierten en escenas que otros harán suyas.

  • El 6 de febrero se estrena la película ‘Gemma Galgani’. No solo actúas, sino que has coescrito el guion. ¿Cómo ha sido el proceso de “cocinar a fuego lento” la vida de una mística para el espectador del siglo XXI?

Trabajar en Gemma Galgani —producida por Dehon Cinema y distribuida por European Dreams Factory— ha sido como entrar en una cocina antigua, de esas donde todo se hace a fuego lento y con paciencia. La vida de una mística no se puede contar con prisas ni con fórmulas prefabricadas, así que el proceso fue casi de escucha: escuchar los textos, la historia, las sensaciones que queríamos provocar en el espectador de hoy.

Miguel Gila y José Luis Panero después de ser nombrado cofrade

Óscar y yo nos propusimos huir del retrato de estampita y buscar a la persona detrás del símbolo: una joven con dudas, con dolor, con humor incluso, que vive una experiencia espiritual radical en un mundo que muchas veces no sabe cómo mirarla y que interpreta con personalidad y talento Laura Lebó. Ha sido un ejercicio de equilibrio entre respeto y riesgo, entre tradición y lenguaje contemporáneo, con la esperanza de que quien se siente en la butaca sienta que no está viendo una reliquia, sino una historia viva en comunión con el presente. Hace un par de días se ha celebrado la premiere en Madrid y todo el equipo estamos muy emocionados por el feedback tan positivo y entusiasta que estamos recibiendo, incluso en forma de testimonios de conversiones.

  • Pasas del cine a las tablas con el grupo ‘Ateneo de Pozuelo’, donde estáis planificando un montaje para el Día Mundial del Teatro. ¿Qué te aporta subirte a los escenarios que no te ofrece la crítica cinematográfica?

El teatro me devuelve a la esencia del oficio. En el cine y en la crítica hay tiempo para pensar, para corregir, para pulir la frase o el plano. En el escenario no hay red de seguridad: lo que sucede, sucede, y se queda flotando en el aire entre tú y el público. Con el grupo Ateneo de Pozuelo, y ahora preparando un montaje para el Día Mundial del Teatro, he redescubierto esa sensación casi primitiva de contar historias en tiempo real. Me aporta una verdad inmediata, una escucha distinta, un pulso que me obliga a estar presente sí o sí. Es un recordatorio constante de que, antes de ser analistas o jurados, somos narradores que necesitan sentir la respiración del otro lado de la cuarta pared.

  • El año pasado ingresaste en la Academia de Cine y sigues como jurado en los Premios Talía y Godot. ¿Cómo se gestiona esa doble identidad de ser “juez” (crítico/jurado) y “parte” (actor/guionista)?

Gestionar esa doble identidad de jurado y creador es como mirarte en dos espejos al mismo tiempo. Cuando estoy en el papel de “juez”, intento ser riguroso, honesto y generoso con el trabajo ajeno, sabiendo lo que cuesta sacar adelante un proyecto.  Cuando estoy del otro lado, como actor o guionista, recuerdo cada valoración que he hecho y la convierto en una especie de autoexigencia saludable. Lo bonito es que ambas facetas se necesitan: la crítica te da perspectiva y te vacuna contra el ego; la creación te devuelve la vulnerabilidad y te recuerda que, detrás de cada obra, hay personas apostándolo todo. Al final, creo que se trata de no perder nunca la capacidad de admirar, ni desde la butaca ni desde el escenario.

  • Pronto verá la luz un libro que has escrito sobre el cine español. ¿Nos puedes adelantar de qué se trata?

Es un ensayo muy personal y, al mismo tiempo, muy cinéfilo, que se adentra en cómo el cine español de las últimas décadas ha retratado —y a veces borrado— la figura del padre. El libro se titula Pantallas huérfanas: El cine español y la crisis de la paternidad y parte de una idea sencilla pero poderosa: muchas de nuestras películas están llenas de hijos que buscan un origen, una referencia, una “palabra paterna” que les dé sentido a lo que son.

A lo largo de sus páginas recorro títulos clave, desde El espíritu de la colmena o El Sur de Víctor Erice hasta Solas, El bola, Martín (Hache) o el cine de Almodóvar y Gracia Querejeta, analizando cómo la ausencia, la expulsión o la idealización del padre se convierten en el verdadero eje dramático de sus historias. No es solo un repaso de películas, sino también un diálogo con la filosofía, la psicología y la sociología sobre qué significa hoy ser padre y crecer sin esa referencia.

Laly Gómez Sannicolás, Laura Lebó, José Luis Panero y Raúl Grillo en la premiere de ‘Gemma Galgani’

Incluye además entrevistas, informes sobre series y cine recientes, y un anexo que mira incluso al fenómeno popular de Padre no hay más que uno. En el fondo, es una invitación a volver a mirar nuestras pantallas y preguntarnos qué dicen de nosotros como sociedad, de nuestras familias y de esa necesidad tan humana de saber de dónde venimos para entender quiénes somos.

  • Para terminar, José Luis, sueles decir que la Cultura es tu motor y tu refugio. Si el 2026 fuera un folio en blanco, ¿cuál es la primera frase que escribirías en él?

Escribiría algo sencillo, pero cargado de intención: “Que este año me encuentre trabajando con curiosidad, dudando con valentía y celebrando con otros cada pequeña historia que merezca ser contada”. Para mí, la Cultura no es solo un refugio, es un lugar de encuentro. Así que me gustaría que ese folio en blanco del 2026 se llenara de nombres propios, de proyectos compartidos y de esas conversaciones que empiezan como una anécdota y terminan convirtiéndose en una película, una obra de teatro o un libro. Porque, al final, lo que queda no son solo las obras, sino las personas que las hicieron posibles.

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