abril de 2026

En homenaje a Claudia Cardinale (1938-2025)

Claudia Giuseppina Rose Cardinale (La Goleta, Túnez, 15 de abril de 1938-Nemours, Francia, 23 de septiembre de 2025).

ROCCO Y SUS HERMANOS, LA TRAGEDIA Y LA BELLEZA

Película fundamental en la carrera de Luchino Visconti, Rocco y sus hermanos, es la primera cinta en la que expresa ya la tragedia vital. Todo ello viene explicado por la unión de las descripciones psicológicas de los personajes (relaciones entre hermanos, sentimientos de culpa, agresividad), y por la inclusión del melodrama.

Sigue la línea argumental de Ossesione en lo que se refiere a las pasiones, que también están presentes en Senso, la crónica documental, clave en La terra trema, y la esencia de la maternidad que se vio en Bellisima, con la interpretación de la inigualable Anna Magnani que quiere que su hija triunfe en el mundo del cine.

Otro de los ingredientes fundamentales es la relación con la literatura, ya que la película se inspira en la novela de Thomas Mann (será fecunda la relación Mann-Visconti) José y sus hermanos. Y, por otro lado, existió un Rocco Scotellaro, que luchó por los derechos de los campesinos y se convirtió en mito al morir en 1953 a los treinta años de edad.

Rocco, además, es Alain Delon, actor fundamental para Visconti, una de las mayores bellezas del cine, cuyo papel fue pensado estrictamente para él. Le acompañan Annie Girardot como Nadia y Renato Salvatori como Simone, un trío marcado por la tragedia, cuando ella se interesa por Rocco, teniendo una relación con Simone. Roger Hanin y Paolo Stoppa también intervienen en la película.

Continúa la película con el universo que planteó en La terra trema, la pobreza de los campesinos, en esa película los Valastro, aquí los Parondi. Milán se presenta como la ciudad donde viven ricos y pobres, en un universo donde los seres humanos luchan por la supervivencia. La salida a tanta pobreza será el boxeo para Simone, pero será luego Rocco el que se introduzca en el mundo del cuadrilátero, con su mafia y sus mentiras.          La idea de la foto familiar, como La terra trema, está presente en esta cinta.

También hay mundos antitéticos, la brutalidad de Simone y la serenidad y la bondad de Rocco, como si hubiera una lucha continua entre el bien y el mal. Rocco es un “santo”, pero su actuación para reconciliar a todos provoca la tragedia.

La idea de la película es el poder autodestructivo de la pasión que conduce a los personajes a un tema que ya había tratado Visconti en Ossesione, los personajes se enfrentan por el amor de Nadia. Ella se convierte entonces en el ser que desencadena el desorden y el caos en la película.

Todo acaba en tragedia, cuando Simone asesina a Nadia. Sin desvelar toda la trama, vemos la belleza de la fotografía, el rodaje en blanco y negro, el universo de la ciudad de Milán donde los ricos y los pobres se hallan alejados. Las fábricas, los suburbios, todo lo retrata Visconti que aún no se ha introducido en el tema famoso de la aristocracia en su obra. Aún quiere filmar el dolor de lo que no tienen nada.

La película recibió el premio especial del Jurado en el Festival de Venecia en 1960. Hubo muy buenas críticas a ese actor en alza que era Delon, con su notable magnetismo. La censura se cebó con la película, como fue el caso de Inglaterra donde s se suprimieron las cuchilladas de Simone (un estupendo Salvatori) a Nadia (pocas veces ha estado tan bien Annie Girardort, repleta de belleza y magnetismo).

Hoy día, Rocco y sus hermanos es una magnífica película, llena de emoción, con un halo de tristeza que envuelve las imágenes. La música de Nino Rota es maravillosa y la fotografía de Giuseppe Rotuno desoladora, por lo conmovedora que resulta, al poder centrarse en los planos de los rostros de Delon y Girardot cuando dialogan, de los más bellos de la historia del cine.

EL GATOPARDO: UN MUNDO QUE SE DERRUMBA

La novela El Gatopardo fue publicada en 1958, aunque la escribió Giuseppe Tomaso di Lampedusa antes de su muerte, en 1957. La historia cuenta la caída de la aristocracia, de la familia del escritor, cuando llegan el Risorgimento de Garibaldi y la unificación italiana.

El gatopardo ofrecía a Visconti la posibilidad de volver al lugar donde se centró La terra trema (Sicilia) y al Risorgimento (Senso). Hay una diferencia con esta última, ya que Senso se centra en Venecia y en el año 1866 y la historia de El Gatopardo en 1860, en Sicilia.

La novela de Lampedusa cuenta el proceso integrador de Sicilia a la unificación nacional italiana y la traición a Garibaldi por parte de la nobleza y de los terratenientes del sur como el propio rey Víctor Manuel II.

El título de la novela y, por ende, de la película, viene del escudo de armas de los Lampedusa donde figuraba Un “leopardo”. La película está llena de belleza, de un gusto por la sensibilidad que pocas veces se ha visto en el cine, de nuevo con un Alain Delon en la plenitud de su belleza y Claudia Cardinale, también muy hermosa, la historia de los amores entre ellos, para mantener la aristocracia, contrastan con el papel que interpreta Burt Lancaster, el gran aristócrata que ya ha sentido que su mundo se derrumba. La interpretación del actor es prodigiosa, como siempre fue.

Tancredi (Delon) quiere unirse a Angélica (Cardinale), porque representa la burguesía, que es el único procedimiento para no extinguir a la aristocracia de su papel en el mundo. Por ello, los intereses de Tancredi se filtran con el universo en decadencia del gran Lampedusa (Burt Lancaster es el alter ego del escritor).

Hay dos mundos que se contraponen: la melancolía y el pesimismo. Visconti logra mostrar el mundo de los objetos cotidianos con esmero y belleza: las cortinas mecidas por el viento, los viñedos que fueron emblema familiar. Todo encaja en esta hermosa película donde Giuseppe Rotunno mueve la cámara para filmar el baile, como si fuera un movimiento orquestal, a la vez que Mario Carbuglio logra que los decorados expresen la belleza de un mundo que se acaba. También tiene mucho mérito la labor de los decorados en manos de Piero Tosi.

Una de las escenas más hermosas es el baile, porque contrasta la entrada de las tropas de Garibaldi y la de los campesinos trabajando la tierra, con la de los aristócratas en su mundo de placer. La música de Nino Rota se abre con valses, polkas y mazurkas, con el afán de ofrecer al espectador un bello espectáculo, clara antítesis ante la pobreza de la gente humilde que trabaja para los señores.

Cuando Delon y Cardinales bailan solos, al compás de una pieza de Verdi, se llega al culmen de la belleza de una película exquisita como esta.

El gatopardo obtuvo varios premios, entre ellos la Palma de Oro del Festival de Cannes de 1963.  Es, indudablemente, una película de una gran sensibilidad y una de las mejores películas del director italiano, tanto por la belleza de las imágenes como por las interpretaciones en estado de gracia de Delon, Lancaster y Cardinale, además de un completo reparto, todos sensacionales.

SANDRA, RECUERDOS DEL AYER

Sandra, rodada en 1961, es un cambio brusco al ambiente fastuoso de El gatopardo, porque, como ocurrió con Noches blancas, la película tuvo un bajo presupuesto. La razón por la que hizo esta película es porque sintió atracción al personaje que interpreta la bella Claudia Cardinale. Ya había dirigido Visconti en teatro, en 1949, la versión que de la Orestiada escribiera Vittori Alfieri. El tema de esta obra se recrea en la película, porque Sandra es el alter ego de Electra. De nuevo, el pasado envuelve la película, como ocurrió en El gatopardo, cuando el príncipe de Salina recuerda su vida feliz antes de la llegada de Garibaldi.

De nuevo, el destino terrible, un tema muy de Visconti, ya que los personajes parecen abocados a acabar trágicamente. La presencia de Gianni, hermano de Sandra, es fundamental, representa al hermano que está enamorado de su hermana. Esta, casada con Andrews, es sin duda alguna, una mujer que representa al mito, que lleva en la mirada el sino trágico.

Sandra vuelve a Volterra, en la Toscana, al palacio donde creció y donde se esconden los secretos inconfesables. Recrea la infancia y la relación con su hermano, interpretado por Jean Sorel, guapo intérprete que representa uno de los guapos actores que Visconti eligió a lo largo de su carrera, porque, como el mismo director confesó, estaba enamorado de la belleza. Por ello, desfilan actores como Alain Delon, Jean Sorel, Helmut Berger, entre otros. Quizá Dirk Bogarde y Burt Lancaster se alejan de ese estereotipo, pero Visconti encontró en ellos también una ambigüedad latente.

Y la película vuelve a centrarse en el conflicto entre dos mundos, lo moderno, que representa Andrews y lo clásico, que toma forma en Gianni y su hermana, ya que la idea de la cultura etrusca y la venganza les persigue. El americano no entiende ese mundo, porque representa el progreso, frente al estatismo de ese paisaje que es la Toscana y la mirada clásica de Sandra.

Sustituye la crisis existencial de Burt Lancaster en El gatopardo o Delon en Rocco, por la figura de una mujer que vive en el pasado y no puede eludirlo ni acceder, por ninguna puerta, al presente.

Vuelve al tema pasional de Ossesione, aquí en el incesto latente en los dos hermanos que jugaban ya de niños a lo prohibido. Y Visconti ama la belleza, se detiene en el palacio, en el rostro de Sorel, en los ojos de la Cardinale, sabe que en cada una de sus películas vive y respira el mundo clásico, el amor por esa belleza que sublimará en Muerte en Venecia en la forma de un efebo, Tadzio. Y recuerda a los relatos de Poe, ese palacio teñido en sombras donde solo viven fantasmas y recuerdos.

La técnica es fundamental en la película, el claroscuro de los paisajes, las imágenes reflejadas en espejos y en el agua. Ya sabemos que Visconti ama los espejos, como aquel en que se mirará Aschenbach en la célebre La muerte en Venecia, de la que escribiré más adelante. Y los detalles que están presentes en la película, son matices que convierten a Visconti en un artesano de lo minucioso: la forma en que Sandra le pasa a Gianni la alianza de matrimonio, la trenza del pelo, que evoca la niñez en la que estaban juntos.

El suicidio final de Gianni lo justifica su desesperado amor a su hermana, ambos bellos, contemplados por Visconti como si fueran el final del mar o el comienzo de la eternidad. La figura del padre autoritario y de la madre de Sandra componen el cuadro que es este film emotivo y diferente, pero cuyo magnetismo se impregna en nosotros, en cada secuencia.

Sin duda alguna, mucho mérito de la película está en la mirada de Claudia Cardinale, una actriz estupenda, en el cénit de su belleza, que había cautivado a Visconti en El gatopardo y vuelve a ella en esta interesante y enigmática película.

Visconti se llevó por la película el León de San Marcos en el Festival de Venecia de 1965 y el premio Cinema Nuovo.

Visconti cada vez perfila más su estilo, crea mejor los ambientes, tensa mejor las relaciones, aunque sus anteriores películas, pese a la calidad de Sandra, superan a esta. Es difícil encontrar rival cinematográfico en el universo de Visconti a títulos tan emblemáticos como Rocco y sus hermanos, El gatopardo, La caída de los dioses y Muerte en Venecia, probablemente sus obras maestras.

 

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Archivo Entreletras

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