Hoy, 14 de febrero de 2026, Marc Rubio, secretario de Estado de Trump, ha querido enamorar al mundo con la cantinela de que nada va a cambiar en el estilo de vida occidental, excepto que ahora, y gracias a ellos, vamos a recobrar la ilusión en nuestro proyecto en vez de sumirnos en la decadencia de la que también se habla entre estas páginas. Naturalmente, tal ilusión (“las ilusiones son al alma lo que la atmósfera a la tierra”; no recuerdo quién lo dijo) se llevará a efecto a cualquier precio, tanto con respecto a otras regiones del globo, que serán consideradas enemigas o como poco competidoras, como con respecto a los disidentes interiores, que serán considerados traidores o como poco derrotistas. Y es cierto que en eso no cambiaran mucho las cosas, que ya tenían ese cariz desde la Segunda Guerra Mundial bajo la pantalla más o menos irreal de la ONU y el Estado del Bienestar. Lo que sí es posible que se vaya a perder es la belleza de las Variaciones Goldberg de Johann Sebastian Bach. Me explico. Las Variaciones Goldberg suenan a civilidad, a esperanza, a urbanidad, a Europa, a hermandad y a confianza en el futuro de la humanidad, el “ser supremo” de los positivistas. Siguen sonando a eso, me parece a mí, pese a las enormes dificultades que ha atravesado Europa en guerra consigo misma y chupando la sangre de sus colonias durante siglos, y, sin embargo, lo que nos anuncia el señor Rubio es que el futuro va a ser más o menos lo mismo que la actualidad, pero en feo, convirtiendo las Variaciones Goldberg en cosa del pasado, brasas apagadas y trasto viejo…
Sólo hay una cosa peor que no tener nada, y es tenerlo todo. Donald Trump, al que aquí apodamos “la mirinda asesina” tomándolo del cortometraje de Alex de la Iglesia y en recuerdo de Hora ventipico, como ya lo tiene todo, o eso se piensa él, quiere todavía más. Desde luego, sería completamente ingenuo cargar sobre su solo nombre toda una conjura que probablemente proceda de Steve Bannon y que debe llevar dos décadas como poco cociéndose. A veces, la llamada Ilustración Oscura, que no es más que el asesinato alevoso de las Variaciones Goldberg, tiene algún buen argumento, pero es imposible creerles porque es claro como el día que quieren abolir que todo lo que dicen es en provecho propio, ad personam, y no en aras del mejoramiento universal, ad hominem. Lo mismo pasa con el séquito de Trump, nacional e internacional. Como defienden lo que les conviene de modo tan descarado, ya no se les puede aceptar ni una palabra más. En fin, vamos a darles un poco de caña antes de que todo se vuelva más feo todavía. Que no se entere el maestro, o se revolvería en su luterana tumba…











