septiembre 2020 - IV Año

ARTE

Alberto Sánchez y la Escuela de Vallecas

El vanguardismo escultórico y pictórico de una generación republicana

El culto a la tradición ha tenido, casi siempre, en nuestro país mejor prensa y más seguidores que la experimentación, la originalidad y la búsqueda de nuevas formas expresivas o, lo que es lo mismo, las vanguardias. Hay, sin embargo, una excepción notable. Desde los años veinte, hasta el final de la Guerra Civil, hubo un verdadero resurgir y una explosión creativa que buscaba nuevas formas expresivas que conectasen con los movimientos europeos de entreguerras y a los que se incorporaron, gozosos artistas imaginativos, de la denominada Generación de la República.

Uno de sus frutos más granados fue la ‘Escuela de Vallecas’ cofundada por Alberto Sánchez Pérez (1895-1962) y Benjamín Palencia. Quizás la característica más destacada de este grupo de jóvenes abiertos, vitalistas, desprejuiciados y con una vocación de ir más allá de lo trillado, es su origen humilde y una actitud plenamente valiente y rompedora, insertada en las corrientes más avanzadas del momento.

La libertad también se manifiesta en la búsqueda de nuevas formas. Se negaban a aceptar imposiciones despóticas. Nunca se insistirá lo bastante en la importancia de los aspectos formales. A través de ellos, se enfrentaron a las convenciones establecidas.

Hay que tener no sólo instinto sino también oficio para saltar la barrera de los pronósticos, incluyendo los ideales de belleza establecidos y los modelos heredados de la cultura clásica. Desprenderse del pasado sacralizado como un peso muerto lo entendían como un punto de partida para inventar, inventarse y adentrarse en vericuetos creativos inexplorados.

Este propósito era deliberado, pues según su propio testimonio, querían crear un nuevo arte capaz de competir con el de París, en aquellos años Capital de la Cultura y… de las Vanguardias.

La Escuela de Vallecas lógicamente no gozó de la menor simpatía por parte de los vencedores en la Guerra Civil, la ignoraron, le echaron tierra encima y permaneció siempre fuera de los estrechos y serviles círculos de la denominada España oficial.

Alberto Sánchez nació en Toledo, en una familia muy humilde. Desempeñó diversos oficios hasta que decidieron trasladarse a Madrid donde, dicho sea de paso, aprendió a leer y a escribir. En esos años el analfabetismo se cebaba en cientos de miles de hombres y mujeres que habían tenido la desgracia de nacer pobres en un país cerrado, atrasado y con grandes desigualdades sociales.

asanchez1Boceto para el decorado central de FuenteovejunaMuy pronto entró en contacto con las ideas de izquierdas e ingresó en las filas de las Juventudes socialistas. De hecho, era conocido, entre sus amigos, como ‘Alberto el socialista’.

Puede decirse que perteneció a la Generación del 27, que excedió en varias vertientes, lo exclusivamente literario. Precisamente en el año del III Centenario de la muerte de Góngora, creó o fundó o como quiera decirse, con Benjamín Palencia la Escuela de Vallecas.

En gran medida puede considerársele autodidacta, aunque se codeo con figuras artísticas renombradas y mostró siempre una predisposición hacia lo novedoso, así como una gran permeabilidad ante cualquier manifestación cultural emergente.

La escultura, para mí, es también ‘una cuestión de lenguaje’. Con el formón, la gubia, la espátula y el cincel se expresan sentimientos y los anhelos y sueños del mundo interior.

La realidad tiene asimismo, aunque oculta, una dimensión geométrica. Cuando se habla de la memoria, siempre o casi siempre, se alude a que sirve para recuperar o dar vida al pasado. Pocas veces se insiste en que la memoria inventa el futuro.

La piedra o los materiales elegidos son un reto. Son naturaleza y presentan una faz salvaje, arisca, esquiva. Sólo la imaginación, la constancia y ‘el genio’ son capaces de establecer los contrapesos y equilibrios… que contiene el germen de lo nuevo, la semilla de lo inaugural.

Esculpir es inseparable de un aliento de libertad que permite ver la realidad, el mundo, la materia de otra forma y, a través de la imaginación, intuir nuevas posibilidades y ensayar nuevas rutas.

La luz del pensamiento se enciende y se apaga. Hay momentos históricos de plenitud, otros intermitentes y otros, de una oscuridad que impide buscar salidas, que no sean la repetición indefinida de lo ya plasmado una y mil veces.

Quizás, la escultura no sea otra cosa que sombras de un sueño como intuyó el padre Homero en los albores de lo que se ha dado en llamar la Civilización Occidental.

Los ojos, a través de la imaginación, pueden atravesar el espejo y plasmar después, lo que han contemplado en esa otra dimensión.

Alberto Sánchez es, desde luego, uno de esos artistas rompedores, iconoclastas, intuitivos, originales y, además, dotado de un don poético. Quizás su pieza más conocida y valorada sea ‘El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella’. Es difícil plasmar mejor el aliento utópico.

Contribuye a incrementar el valor de esta escultura el estar envuelta en un halo de misterio, lo que le da, por otro lado, un aroma de leyenda.

En plena Guerra Civil, en 1937, el legítimo gobierno republicano cuidó mucho el Pabellón de la Exposición Internacional de Paris. Entendieron y entendieron bien, que era un escaparate para que las democracias occidentales vieran lo que se negaban a admitir. Fue un símbolo de la resistencia del pueblo español y de su heroica lucha contra un fascismo criminal.

Es de sobra conocido que Picasso pinto, ese grito angustioso que es el Guernica, para que hasta allí se escuchase. Se pensó en Alberto Sánchez y su obelisco como una especie de faro. Nadie sabe como el obelisco desapareció cuando la Exposición fue clausurada. Podemos hacernos una idea por la maqueta encontrada en el palacio de Montjuic, que hoy se halla en el Museo Reina Sofía.

El original, por las fotografías y comentarios de la época, debía ser grandioso. Medía 12,5 m. y estaba dotado de la tensión y verticalidad que el artista toledano sabía dar a sus obras.

Hablar de Alberto Sánchez es hablar de un artista comprometido, pero que como otros hombres y mujeres de su generación supo conjugar el compromiso político y social con las vanguardias, en lugar de seguir la senda de una escultura figurativa tan anclada en el pasado.

Es poco conocido que fue amigo de García Lorca y menos aún, que algunos decorados para las representaciones de La Barraca eran suyos. Cuando el Gobierno se trasladó a la ciudad del Turia, hizo los decorados para las representaciones de la obra ‘Las germanías de Valencia’, de José Bergamín y Manuel Altolaguirre.

En estossanchez2Autorretrato comentarios a salto de mata, no quiero dejar de mencionar unas palabras de Ilyá Ehrenburg, escritor ruso que pasó varios meses entre nosotros durante la Guerra Civil y, que en 1959 comentó, con penetración y agudeza, con motivo de una exposición de Alberto Sánchez, lo siguiente ‘Lo que más me impresiona aquí es que tras veinte años de forzoso exilio, Alberto sigue siendo español y artista por los cuatro costados. Tercamente español y tercamente artista’. Alberto Sánchez fue siempre fiel a sus ideas y tremendamente fiel a sí mismo. En sus obras se fusionan rasgos surrealistas y pertenecientes a otras vanguardias, como el cubismo, con elementos de inspiración popular.

Buscó primero y encontró después, la lógica y la secreta geometría que contiene el mármol. El arte no puede reducirse a mera lógica, más el creador sabe encontrar la dosis precisa que ha de contener toda composición geométrica que se atreva a desafiar la realidad.

La estilización, la verticalidad al reducir elementos superfluos capta lo esencial, lo que de verdad importa. Existe la verdad de los hechos. Los hechos hablan por sí mismos, con una fuerza telúrica que reproduce la piedra, los materiales…

La escultura es inspiración y disciplina. Es tiempo sorprendido, es captar en un instante todo lo que de fugaz tiene lo perecedero, es estar abierto a lo nuevo, a la fusión, respetar la lógica de los ritos paganos, es ofrecer un abanico de significaciones a las formas geométricas que tenemos ante los ojos y es, por encima de todo, haber aprendido esa sabiduría ancestral de interrogar a la materia, de domeñar a la naturaleza y de… abandonarse a los sueños que anidan en los ojos llenos de luz. Esculpir es, desde mi modesto criterio, sobre todo, una ceremonia, un ritual…

Otro rasgo destacable son las diversas figuras femeninas que en todas las etapas de su creación componen su producción no sólo escultórica sino pictórica. La mujer es una constante. La mujer es una fuente de inspiración. La mujer no convencional y entrevista en sus rasgos esenciales. La mujer como un elemento sustancial del arte, de la vida y de la historia.

Soñó mucho… y soñó con vivir sus propios sueños. Dio forma a una espléndida escultura, ‘Monumento a los pájaros’ qué fue concebida como un refugio fugaz, casi como una parada furtiva.

Hace unos años, hubo un proyecto para instalar una copia en el Cerro Almodóvar, en Vallecas, en lo que fueron los extrarradios, adonde en los lejanos años 30, acudía en compañía de Benjamín Palencia y otros artistas a pasear. Quisieron que al igual que el original, la escultura tuviese 15 m. de altura y que se utilizaran piezas que se hallaban depositadas en su taller de Moscú, lamentablemente no pasó de ser un proyecto truncado.

Es hermoso levantar un refugio para los pájaros y, en cierto modo, un acto de reparación y de memoria histórica. Entre las espinas que llevaba clavadas en sus años de exilio… recordaba una escultura llena de ímpetu y pasión juvenil que fue destruida –como tantas otras cosas- durante la Guerra Civil. Los componentes de la Escuela de Vallecas experimentaron y crearon con pasión… parece como si adivinaran que después vendría un largo periodo de silencio en el que todo lo que soñaran, sería imposible. No regresó nunca del exilio. Sus restos se encuentran en el cementerio moscovita de Vvedénskoye.

QuisierpanrigaLa dama del pan de Rigaa hacer una petición, sería una prueba de reconocimiento indudable que sus restos reposaran en Madrid, cerca de los escenarios en los que pasó los mejores años de su vida. En 2027, cuando se conmemore el Centenario de la Generación, habrá que recordar que pese a ser el II Siglo de Oro de la poesía española, no fue exclusivamente literario. El espíritu vanguardista que imprimieron García Lorca, Alberti, Altolaguirre… va indisociablemente unido a las imágenes cinematográficas de Buñuel o a la escultura y a la pintura de nombres que han de ser reivindicados y puestos en valor, Alberto Sánchez, Benjamín Palencia, Maruja Mallo y un largo etcétera.

En ese contexto sería oportuno y loable que Alberto Sánchez y otros hombres y mujeres que fallecieron en el exilio, pudieran regresar a su querida España… cumpliendo con esto los deseos de familiares y amigos.

En algunas de las exposiciones antológicas de su obra, se han recogido testimonios de amigos y compañeros que lo conocieron y que vivieron junto a él experiencias repletas de vida… y otras amargas. Me estoy refiriendo a Rafael Alberti, Pablo Neruda, Cesar María Arconada o Juan Rejano…

La Escuela de Vallecas no está valorada como se merece. Conviene recordar que se adhirieron a la misma, intelectuales y artistas de reconocido prestigio en los años 30, como Moreno Villa tan vinculado a la Institución Libre de Enseñanza y a la Residencia de Estudiantes, Francisco Mateos, Luis Castellanos…

La Escuela de Vallecas conserva su potencial intacto. Supieron indignarse y sublevarse contra los dictámenes y los cánones que determinaban lo que merecía ser considerado arte y lo que no. En cierto modo, son el poder de la imaginación contra los límites de lo impuesto.

Los integrantes de la Escuela de Vallecas eran vitalistas. Les interesaba todo y sentían deseos de experimentar con todo. A veces, se tomaban el arte como un juego… perfectamente serio, que servía además para recoger y sintetizar el espíritu de una época.

Antes de comentar las obras de Alberto Sánchez que más me han llamado la atención, quisiera señalar como prueba de este interés por experimentarlo todo, la realización de los decorados y figurines para la película Don Quijote de Grigori Kozintsev en 1957.

Quizás hoy Kozintsev no sea excesivamente conocido, más su cine es de gran interés y especialmente, la película dedicada al hidalgo manchego contiene imágenes y secuencias de culto. No es fácil dirigir con la maestría con que lo hacía, ni convertir Ucrania en las llanuras manchegas con sus molinos de viento y sus ventas.

Para confirmar cuanto hemos venido diciendo, comentaré que Alberto Sánchez es asimismo, autor de una ‘Cabeza de Góngora’ que data de 1927. Sería un acto de justicia y de reconocimiento que fuera la portada de alguna antología del 27 dedicada a escultores y pintores.

He comentado su vocación por la estilización, verticalidad y sus constantes homenajes a la mujer. Es inevitable dejar plasmada alguna impresión subjetiva. Me atrae especialmente ‘Maternidad’ (1930)

De su exilio ruso me parece bellísima ‘La dama del pan de Riga’ (1958). Por último, si visita Tenerife no deje de apreciar ‘La mujer de la Estrella’ (1957) que al igual que otras obras, forma parte del paisaje urbano y se encuentra ubicada al aire libre. Sin salir de la ciudad de Madrid pueden disfrutarse ‘los Toros ibéricos’ integrados en el Museo de Esculturas al aire libre en el Paseo de la Castellana.

El deseo de saber más es estimulante. Conocer la Escuela de Vallecas compensa, con creces, el esfuerzo de consultar libros, catálogos, colecciones… y visitar varios museos de arte contemporáneo.

 

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